Mi?rcoles, 16 de septiembre de 2009



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Pensamientos que surgen al andar

 

Dijo Borges que la lluvia es una cosa que sin duda sucede en el pasado, pero yo iba a salir a caminar en el más rabioso presente y me lo ha impedido la lluvia. Tate, me he dicho, esta lluvia no sucede ahora, luego no puede mojarme. Y entonces recordé a Berkeley que decía algo así como que las cosas no tenían existencia real o natural distinta de la de ser percibidas por el entendimiento. O sea que eran sólo ideas en nuestra mente.  ¿Ideas? –le replicó un viejo amigo- Pues cuídate de apartarte cuando pase una idea con forma de autobús, porque puedes salir arrollado, pisoteado y perceptiblemente muerto.

Entonces extendí el brazo hacia el espacio exterior y sentí en mi propia carne que la lluvia mojaba, de manera que recogí humildemente la extremidad y le di preferencia al autobús.

Hasta aquí, nada raro. Lo realmente raro es que llueva en Villajoyosa. Tan raro es que, si lloviera, la lluvia no sería lluvia, sino ilusión, espejismo o milagro. Y yo en los milagros no creo, francamente. O sea que opté por caminar.

Cosa que hice así: encendí el ordenador y me introduje en caminos ya explorados, secos y reconocibles, en los que el barro es una carne andariega y la lluvia es un cúmulo de pensamientos que, en efecto, sucedieron todos en el pasado. Con ellos os dejo.

 

Un abrazo

 

Pensamientos que surgen al andar

 

A veces, el camino es un silencio necesario sobre el que caen los pensamientos y las ausencias o, simplemente, la monotonía de los pasos. Así, el camino no sólo se hace al andar, sino que se marca y se remarca bajo las plantas de los pies, que en realidad son las gomas de unas botas camperas cuyas puntas se clavan en tus ojos al ritmo de una música pausada y recurrente y con principio de interrogación ¿Qué hago yo aquí? ¿Quién es yo, qué es aquí? ¿Por qué me gusta este yo y este aquí? ¿Por qué me atrae más la realidad natural que la transformada? ¿Por qué no me ilusionan los actuales derroteros de la sociedad ni tampoco los inmediatos, si son como todo está previsto? Si amo tanto la vida ¿por qué tengo que buscarme refugios? ¿Por qué hay siempre alguien que se aprovecha del dolor de los otros? ¿Cómo ser feliz sin un acuerdo íntimo con tu corazón y también con la realidad en la que vives? ¿Es suficiente lo posible? ¿Debo enfrentarme a lo que no me gusta, para cambiarlo, o hacerme un nido en la higuera? Y si hago un nido en la higuera ¿debo instalar en él un tirador de chinitas? Y si eso no vale de nada ¿adónde iré con los huevos que haya estado incubando, ya que son excesivos para el hígado de un ruiseñor y no sólo de pan vive el hombre?

 

Y las respuestas no pasan el tamiz de la superficialidad, sino que quedan atrapadas en un punto reflejo del subconsciente, donde están los parapetos de  la ignorancia, las almenas del miedo a la verdad, a las verdades, el vértigo que emerge de esa pretendida  profundidad en la que suele estar el vacío sobre el que flotan, incontestadas, las preguntas. Hasta que un día inescrutable e indeterminado, hoy, ayer, mañana, siempre, alguien acaba por decir: ¿quién era? Y le responde una máscara de gravedad: “Le llamaban Manuel, nació en España”. 

 

Y ahí queda el misterio, en el interior de una conciencia acorazada que no logró convertirse en granada rompedora, porque no horadó la tierra para dar contestación a las preguntas, limitándose a viajar como abarrote de la sociedad en un tren atestado de mercancías. Menos mal que también iban gallegos. “Coca-cola, hay coca-cola” ¿Dónde estamos, señor? En Medina del Campo ¿Y cuándo estaremos en Madrid? Antes de la Expo de Sevilla, a altas horas de la velocidad, del traqueteo, del alto jazmín en la alta noche ¿La alta velocidad implica una mayor confusión con el  tocino que la que ha tenido hasta ahora? Con el unto, más bien, con la manteca ¿Y usted cómo se llama? “Me llamo barro aunque Miguel me llame”  ¿Y quién es usted en realidad? Yo soy yo, pero también mi circunstancia, que es mi fe, que es mi padre y mi madre, que es el frío y la noche, que eres tú, que es mi mujer, que son mis amigos y mis hijos, mis discípulos y mis maestros, el barrio, los vecinos, la sociedad, los libros.

 

¿Carne, espiritualidad, historia? ¿Carne de grasientas  hamburgueserías, espiritualidad de los estímulos etílicos, historia de los derrumbamientos humanos? Adiós, señor, yo me llamo insistencia. No creo en el descrédito, ni en la maldad intrínseca y absoluta, ni en la absoluta corrupción, ni siquiera en los ánimos caídos ¿Y en los caídos por Dios y por España? ¿Qué caídos son ésos, señor? España no tuvo caídos, sino tumbados. Caer no es tumbar. Yo me caigo de bruces, involuntariamente, tú te tumbas a la bartola con todas las premisas de la voluntad. O matas al del quinto o jodes al del sexto. Los unos a los otros. Los otros a los unos. Todos fueron tumbados, metidos en la tumba ¿Por qué? Por el raro sentido de las guerras,  por la ausencia palmaria de generosidad, por el  orgullo desmedido y la oprobiosa intolerancia, por la absoluta falta de miras, por la codicia, por la incomprensión patética de los hombres, no de todos los hombres, claro, sólo de unos pocos, los que mandan, los que disponen, los que se obsesionan con el honor y con la patria, los que dominan, los que obran de mala fe y  los que tienen el pensamiento retorcido. A los muertos los cambiaron de valle. Del vivo de las lágrimas al yerto de los tumbados. No una tumba, muchas tumbas. No un valle, muchos valles. Pero yo me llamo insistencia, como dije. Y de todos los valles, Valle-Inclán. Y de todas las guerras, el perdón.

 

Por eso estoy aquí, invocando la niñez, donde persisten las ninfas de los arroyos y de los bosques y de la libertad. Llamando a las puertas del pasado para ser presente y futuro, para ser alma y paisaje, para ser roble y camino. “Como tú, piedra pequeña”, que antes fuiste una roca en un monte que se resquebrajó y ahora eres un grano diminuto y puñetero que se ha colado en mi bota de correcaminos ¡Pi-Pi! Pipí, no: caca. Me siento mal, muy mal, pero me siento a fin de cuentas y me descalzo y me percato de que, durante unos leves segundos, se incrementará el paro en España. O al menos el acervo de las paridas. La intimidad nos permite ser banales sin que sea necesaria una disculpa. Aunque es peor ser frívolos o poderosos o soberbios o aniquiladores. La intimidad tiene los límites diluidos, depende de la conciencia de cada uno, es decir, del soporte. La intimidad es el soporte de las personas.  Vaya, ahora me incorporo y carraspeo, tal vez para ocultar esta vergüenza de sacar a la luz mis naderías y banalidades. Aunque, no sé, en momentos de relajación y de abandono, acaso vengan bien para evitar que se nos cuelen las venganzas y los odios y,  en general,  los pensamientos que encierren prepotencias o injusticias o amarguras.

 

Ya de pie, levanto la cabeza, tomo un soplo de aire, miro hacia el punto de destino y pienso, desde el metódico descarte de la duda, que la distancia entre la dicha y el dolor es una recta muy corta, tan corta como la que existe entre el odio y el amor,  tan corta como la que media entre la seriedad y la risa. Más corta aún que la existente entre ciudades unidas por el Ave, Iglesias unidas por el Ave, ejércitos unidos por el Ave. Ave, Fénix, ¿acaso te refieres a César? ¿Qué César, Vallejo? Al César, Bruto. No, Gounod, me estoy refiriendo a María, soy Schubert...

 

Fragmento del libro “Aguablanca, caminos de ida y vuelta”

 

Mariano Estrada www.mestrada.net Paisajes Literarios

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Tags: Camino, pensamientos, lluvia

Publicado por Mariano.Estrada @ 20:34
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Comentarios
Publicado por justino
Jueves, 17 de septiembre de 2009 | 10:42
Es sorprendente la cantidad y calidad de pensamientos que te surgen al andar, Mariano. No pierdas esa sana costumbre de pasear por lugares que solo t? conoces tan bien. Eres capaz de encontrar lo que nadie encuentra.
Un abrazo
Publicado por Mariano.Estrada
Jueves, 17 de septiembre de 2009 | 17:21
A m? tambi?n me sorprende, Justino. Es incre?ble, casi te dir?a que infinita, la cantidad de pensamientos que surgen al andar cuando uno va solo. Supongo que es un mecanismo de la mente para entretener la soledad de los pasos. Ten en cuenta que andar durante hora y media puede resultar un poco mon?tono, especialmente si vas por caminos explorados, ante los que tus ojos ya no se sorprenden. Salvo si hay fuertes tormentas sobre el mar, como estos d?as ?ltimos, o si son distra?dos por una caterva de conejos.
Un abrazo,txaval
Publicado por Lidia
Domingo, 20 de septiembre de 2009 | 21:31
Hay que ver lo productivos que son tus paseos, querido Mariano, tanto los reales como los virtuales. Admirada estoy. A m? las caminatas no me inspiran tanto ni me traen tantos pensamientos a la mente. Mis caminatas me provocan como mucho, como mucho... ?agujetas!
Aunque tengo que admitir que tambi?n me he planteado muchas de las preguntas que t? te haces. Y la mayor?a de ellas, por no decir todas, siguen sin respuesta. Si en alguno de esos paseos te viene la inspiraci?n y logras resolver los enigmas, te rogar?a compartieras la iluminaci?n conmigo, te estar?a eternamente agradecida :)
Espero que las lluvias no te sigan impidiendo salir a dar esos paseos tan constructivos.
Un beso caminante!
Publicado por Invitado
Domingo, 20 de septiembre de 2009 | 22:15
Mariano, ha ce tiempo que no alabo tus escritos, cosa no necesaria, porque el calificativo se cae solo.

Ya el principio me ha encantado, y continuar ha sido casi innecesario, pero es un gozo y un placer terminarlo todo.

Yo cre?a que las preguntas se acababan despu?s de los sesenta, pero parece ser que hasta que no llega la parca, uno sigue con preguntas, sin muchas respuestas, con varias sorpresas y con alg?n palo en medio de la cabeza, que no te hace una brecha, pero si te hiere la v?scera que m?s se mueve y el ritmo lo marca las emociones.

Un abrazo

JMP.
Publicado por Mariano.Estrada
Lunes, 21 de septiembre de 2009 | 12:26
Hola, Lidia:

?Recuerdas las rutas del az?car, que estuvieron a punto de darle el t?tulo a un libro? Pues debo decirte que han sido ampliadas recientemente. Y no s?lo me refiero al espacio, sino tambi?n al tiempo ?C?mo entretener la mente durante hora y media, si no es con un torrente de pensamientos? Lo que pasa es que a veces se me atranca el mecanismo y parezco un tartamudo mental o una especie de rifle de repetici?n. A menudo cuento los pasos, simplemente.
Por otra parte, tambi?n quiero decirte que las preguntas son mucho m?s interesantes que las respuestas. F?jate que, en realidad, nos pasamos la vida respondiendo de infinitas maneras a los interrogantes de siempre.
Ha llovido un poco en Villajoyosa, pero las lluvias han parado y apenas han mojado la tierra. En cambio, hay muchos lugares en los que han causado grandes destrozos, incluso algunas desgracias.

Un beso inclemente
Publicado por Mariano.Estrada
Lunes, 21 de septiembre de 2009 | 12:37
Hola, Jos? Miguel:

Tampoco es necesario que alabes siempre mis escritos, hombre, puedes hacerlo solamente noventa y nueve veces de cada cien, incluso noventa y ocho y media?
En cuanto a las preguntas, te digo lo que ya le he dicho a Lidia: son lo m?s interesante del pensamiento. Tanto es as? que a menudo la respuesta va impl?cita. O sea que una buena pregunta puede contener ya la respuesta.
Hac?a alg?n tiempo que no pasabas por aqu?, pero yo, que me alegro de verte nuevamente, comprendo que hay que descansar un poco de todo en esta vida. Incluso de uno mismo, si ello fuera posible.
Un abrazo