Viernes, 22 de septiembre de 2006
Queridos amigos:

Ahora que, en esta sociedad sin educaci?n, la ense?anza est? en estado de ruina, quiero ofreceros un di?logo entre dos amigos que, despu?s de haber sido j?venes y revolucionarios all? por los 70, se separan, viven independientemente sus vidas y, pasados unos a?os, vuelven a encontrarse a solas con motivo de una larga excursi?n. Estas son algunas de las cosas que se dicen:



Sue?os de ayer, realidad del presente.

....
-Pero yo me refer?a a nosotros ?sigui? diciendo Isidro- los que pon?amos la sangre en el empe?o y la fidelidad en los ideales; los que le?amos a Rilke y a Neruda, los que invert?amos en el amor y en el aprendizaje porque am?bamos a un plazo muy largo...
-Eso es lo que acaso nos perdi?, Isidro ?replic? Antonio- El plazo era tan largo que am?bamos siempre en el futuro. Y el futuro no llega jam?s, porque, si llega, ya es vulgar presente. Amemos, pues, en presente, y amemos de una forma directa, con precisi?n, con garant?a, sin circunloquios est?pidos.
-?Por ejemplo?- inquiri? Isidro.
-Por ejemplo ?contest? Antonio- hay que bajar de las nubes, hay que desmitificar los ideales y las revoluciones, todas las revoluciones, incluidas las buenas, si es que existen. Hay que buscar donde es seguro que haya. Hay que apear de la mirada los candores y los romanticismos. Y en la vertiente puramente amorosa ?qu? quieres?: amemos con el poeta de Sevilla ?lo que ellas tienen de hospitalario?...
-D?jalo, Antonio, d?jalo, porque ?Tanta claridad es ya dolor? ?respondi? Isidro,?tergiversando un hermoso verso?del poeta Claudio Rodr?guez
-?Ah, s?? Pues ?No le toques ya m?s, que as? es la rosa? ?sentenci? Antonio, por su parte, desde la reconocida autoridad de Juan Ram?n Jim?nez.
-?Qu? rosa, Antonio? ?la del jardinero, que la cultiva? ?la del revolucionario, que la persigue? ?la del poeta, que la canta? ?la del m?stico, que la espiritualiza? ?la del transido por una espada de amor, que la convierte en una baba constante y objetivamente indigesta? Es cierto, las cosas son como son y ahora pintan bastos para nosotros, los que cre?mos en el amor y en las revoluciones, pero ?debemos someternos a esta tiran?a que ahora nos oprime, llenando los bolsillos de comodidad y la conciencia de vanos subterfugios? ?Debemos ser mansos hasta el punto de aceptar una derrota sin condiciones? ?Por qu? hay que ser manso para heredar la tierra? ?Y qu? tierra es ?sa, que no est? ya heredada por los ricos? ?Ser? acaso la tumba, sobre la que, de todos modos, hay que pagar aranceles y peajes? ?Ser? quiz?s el huerto que siempre hemos llenado de conquistas, aun cuando fueran imaginarias? "?Imaginaria, el b?caro!" ?Ser? la indignidad, ser? el salvoconducto de un silencio comprado?
-Los sue?os de este tiempo tienen una parcela com?n ?sentenci? Antonio-, se llaman adosados y colman con holgura las aspiraciones de las mayor?as. Pero yo creo que eso es realmente una conquista.
-S?, la conquista que sigue a la claudicaci?n.
-?La claudicaci?n? No, Isidro, la praxis. Qu? palabra ?eh? ?Antonio gir? el cuello para mirar a los ojos a su compa?ero- ?Te acuerdas? Ahora resulta repelente: la praxis... Pero la gente no es tonta, sabe hasta donde puede llegar y, a partir de ah?, no quiere meterse en honduras ni en berenjenales. Y acaso tenga raz?n, porque, mira, Isidro ?de qu? nos vale so?ar toda la vida si en los apuntes del alba siempre se nos rompen los c?ntaros con los que, emulando a la lechera, reescribimos tercamente su famoso cuento?
-?Y si no so?amos, qu? hacemos, Antonio? ?Nos cortamos la coleta, nos hacemos eunucos, bufones de la corte? ?Entablamos una larga amistad con los nen?fares? ?Nos entregamos al vicio? ?Nos damos vaselina para allanarles el camino a los verdugos? A m? me clavaron otras lanzas que me hicieron otras heridas. Y algunas a?n me sangran y me duelen, Antonio, ?qu? le vamos a hacer! Me duelen los oprobios y la esclavitud, me duele la miseria y el hambre, me duele la chavacaner?a de las televisiones, que se traslada irremisiblemente a la sociedad, me duelen los j?venes sin lengua, sin lenguaje, me duelen las zancadillas, el beneficio que ofende a la raz?n y se acomoda impunemente en la usura, las corrupciones, el mamoneo, la deshumanizaci?n, la tiran?a en el trabajo, el acoso, el abuso, la sumisi?n de los pol?ticos a las multinacionales, el poder de las mafias y de las drogas...

Mariano Estrada
Del libro ?Aguablanca: caminos de ida y vuelta?
Publicado por Mariano.Estrada @ 23:19
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