Viernes, 15 de septiembre de 2006
Queridos amigos:

Me vais a tener que perdonar, pero como esta cr?nica -que es la primera que escrib?-, no pensaba colgarla, aunque ocupe en este Blog el lugar que le corresponde a la n?mero cuatro, en el prudente desorden de mis archivos llevar? el n?mero cero, que es el n?mero que arruina la codicia que sobre ?l ejercen las multiplicaciones. Supongo que no importa demasiado, ahora que los especuladores han descubierto que el orden de los sumandos no altera la suma.

De hecho, las visitas a los diversos lugares de la ciudad, bien las pod?amos haber hecho en un orden distinto. Dijo Borges que ?No basta ser el ?ltimo para ser alguna vez el primero? Y aunque esto no aclara las cosas, sino que las complica y las confunde, s?lo pienso a?adir que la raz?n por la que cuelgo finalmente esta cr?nica es porque he hecho con ella una operaci?n que reordena la realidad sin alterarla. Bien podr?n decirlo los que estuvieron conmigo, que no fueron ni dos, ni tres, ni cuatro? sino un n?mero definido que cada d?a era variable ?Definido y variable? ?Es que hay que estudiar matem?ticas para leer este art?culo? Hombre, cualquier disculpa es buena para estudiar matem?ticas. F?jese usted en Dal?, que las estudi? cuando le operaron de la pr?stata. Si as? lo quiere usted, op?rese de la pr?stata y luego lea este art?culo. Tanto da que lo mismo tiene. Un beso.


Kiev: cr?nicas espont?neas, 0

5.- Los primeros contactos y el Museo Nacional

Como era de prever, Kiev tiene en su centro la belleza antigua de sus edificios, pero tambi?n la de sus ?rboles, la de sus flores, la de sus p?jaros. Los p?jaros de Kiev son, casi, como las palomas de San Marcos, en Venecia. Y no me refiero al tama?o, sino a la domesticidad. No lo comprob?, desde luego, pero posiblemente se les pueda dar de comer en la mano. Tanto se dejaban acercar. Tambi?n me han llamado la atenci?n esas hileras de chopos que discurren por el centro de las avenidas con la esbeltez del bamb?, pero con mucha m?s altura, much?sima m?s altura?

El garito donde cambiamos el dinero, estaba situado en un s?tano, bajo una estrecha escalera de pelda?os muy altos. En ese peque?o agujero hab?a metidos, como al principio de los tiempos, un hombre y una mujer. Por lo que se ve, la manzana ya hab?a sido engullida, puesto que ambos estaban condenados a ganar las habichuelas con el sudor de su frente. Es de suponer que el due?o del garito gane un buen dinero. En cambio, los expulsados del Para?so y condenados a trabajar, lo hacen todo el santo d?a por cien euros al mes, quiz?s por menos?

A pesar de lo dicho, la realidad es compleja y tiene contradicciones muy gordas y llamativas, como ?sta que voy a exponer. Dice Antonia que aqu? la vida es muy dura, que se trabaja mucho, que se gana poco? ?C?mo se lo montan entonces las j?venes ucranianas para salir de casa tan puestas? Visten muy bien y se arreglan m?s que en Espa?a ?Remedios caseros? ?Colonias silvestres? ?Imposibles estiramientos del ahorro? ?Adulteraciones sucesivas de los cosm?ticos? No. Milagros de la Mare de Deu dels Desamparats, que, aunque tiene sede en Valencia, goza de una buena red de franquicias.

Bromas aparte, parece que la vida es efectivamente muy dura y que la gente trabaja m?s horas que los viejos hacedores de tiempo. Lo que pasa es que uno de los trabajos que se ven obligados a tener no tributa a Hacienda. Me refiero, claro, a la econom?a sumergida.

Por la ma?ana, como ya he dado a entender, fuimos al centro de la ciudad para proveernos de grivnias, y, por la tarde, fuimos al Museo Nacional, un edificio cuya arquitectura, a pesar de ser de finales del siglo XIX, se acopla mejor a los patrones cl?sicos de Roma que a ning?n otro modelo existente en la ciudad de las c?pulas doradas, de los monasterios ortodoxos y del ancho y caudaloso Dni?per. Gracias al buen hacer de mi hermana, nos acompa?? en la visita la Directora del mismo, la Se?ora Lila, que es, por lo visto, la persona que lo ha ido montando desde la fecha de la declaraci?n de la independencia de Ucrania, que es coincidente en el tiempo, pero s?lo en eso, con Barcelona 92, mes arriba o abajo. Lo curioso fue que nos dejaron hacer fotograf?as a discreci?n. Afortunadamente, yo llevaba una sony extraplana con cinco mega p?xeles de resoluci?n y bien cargada de pilas. ?Aleluya!

El Museo me ha parecido realmente interesante, ya que, entre otras muchas cosas, est? muy bien reflejada una parte esencial de da historia de Ucrania, que es la que relata su hambruna del treinta y tantos, la que enumera sus muertes, su sangre, sus miserias, sus horrores. Hay que tener en cuenta que hubo, en total, siete millones de muertos?

Tras la visita al Museo Nacional, recalamos en la Plaza de la Independencia (Maidan), que tantas veces vimos en las televisiones espa?olas con motivo de la llamada revoluci?n naranja (oto?o del 2004) Lugar, por otra parte, muy c?ntrico, muy de tr?nsito hacia otros lugares y, a determinadas horas del d?a, extraordinariamente concurrido. Pues bien, en una esquina de esta plaza, en una especie de subterr?neo al que se accede por una escalera mec?nica, han hecho un centro comercial que, en lo tocante a la hosteler?a, est? perfectamente surtido? de basura. Pero eso no es ucraniano, eso es la porquer?a que ha llegado aqu? del lugar de donde ahora vienen los ni?os ?De Par?s? No: de Estar-dos-Unidos ?De d?nde, si no, son los McDonald?s?

Y hablando de comida, all? empezamos la b?squeda de un restaurante adecuado para cenar, y para ello tendr?amos que correr muchos ?rboles, muchas calles, muchas cuadras, como dir?an los paisanos de Mar, que suelen ser todos argentinos y, muchos de ellos, gauchos.

Finalmente, cenamos muy bien?Aparte de Antonia, de Rosa y de quien esto les narra, la mesa estaba compuesta por los siguientes comensales: un pastor de almas mejicano, un fot?grafo vasco que viaja en bicicleta, una estudiante arequipe?a muy dulce y una fil?loga argentino-ucraniana que, de hecho, tenemos asignada como gu?a, lo que es realmente impagable ?Sab?is lo que puede ser una ciudad para alguien que no sabe descifrar ni siquiera las letras del abecedario? La erre es pe, la ene es i, la hache es ene? ?C?mo puede uno aclararse en esas aguas desconocidas, aunque elementales, y salir medianamente airoso de esos laberintos idiom?ticos?

Germ?n y Jes?s (el cura mejicano y el fot?grafo vasco), hablan de ir a Chernobil, pero acaso no puedan ir juntos, porque el vasco quiere ir en bicicleta y el mejicano bicicleta no tiene. Ni tampoco da la impresi?n de estar para esos trotes. Ya veremos si acabamos yendo nosotros. A Chernobil, digo. Pero tampoco tenemos bicicleta. El cura Germ?n tiene un aspecto bonach?n y r?e bien los chistes, incluso los que se meten a saco con el Clero.

Ya en casa, cada mochuelo se dirige a su olivo y yo me acomodo ante el ordenador para escribir estas notas que, por supuesto, no pretendo que abarquen toda la ciudad, que es grande y hermosa, sino que sean un reflejo tenue de lo que de ella hemos visto. La temperatura es excelente y el lugar es apacible, pero, al cabo de un rato, el cansancio empieza a hacer mella en el cuerpo, que pide horizontalidad y cama. Ya es alta la noche. Puede que haya lobos en el jard?n. Por la parte m?s alta de mis gafas est? asomando la luna. Yo me miro las manos y los brazos y, qu? quer?is, todo este pelo... Dormir? pensando en Paul Naschy. Hasta que me despierten los primeros rayos del sol? Si es que antes no me despiertan las pesadillas. Dasvida?a

Mariano Estrada www.mestrada.net Paisajes Literarios
Publicado por Mariano.Estrada @ 1:12
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