Mi?rcoles, 19 de septiembre de 2012

Gotas de hielo en Kindle


Libro de poemas del autor Mariano Estrada Vázquez.

Fragmento de la Presentación del libro “Gotas de hielo” hecha por José Carlos Gil (*)
…Una poesía que nos llega desde la raíz, una poesía mineral en muchos sentidos, sería una buena definición, por tanto, para explicar el sustrato que da forma a la materia poética del autor vilero-zamorano. Poesía de la intensidad, frente a otras que se pierden entre gran aparato de juegos de artificio y dejan una agradable sensación de vacío en el lector, sirviendo para el consumo indiscriminado de los numerosos gustadores de la nada. Cuando decides acercarte a la poesía de Mariano Estrada, lo haces sabiendo que no saldrás indemne del encuentro.

El título del libro, rotundo, Gotas de hielo. ¿Qué más sólido, más firme, que el agua detenida, el agua suspendida en el tiempo? Y que difícil resulta apresar el movimiento, fijarlo, aunque ese movimiento sea fruto del dolor y la desesperación. Con este sugestivo título, su autor nos da lo mejor de sí mismo, su tersa poesía derramada en estas exquisitas gotas de hielo con las que trata de alcanzar la eternidad por la palabra y cito algunos versos del poema homónimo:

Soy un agua apresada en el dolor,
un hombre con el llanto suspendido.


Si aludo a la importancia de los títulos es porque es algo que siempre me ha llamado la atención. Ahí están Azumbres de la noche, Trozos de cazuela compartida, Hojas lentas de otoño o Amores colaterales. Cada uno de ellos lo suficientemente original como para incitar al lector a hojear el libro, aunque solo sea por la curiosidad de ver que se esconde ahí detrás. Conozco de gente que compra libros por colores o por tamaños, por lo que no debe extrañarnos que otros lo hagan por los títulos.
Si he de ser sincero, no puedo ocultar que cuando llegó a mis manos Trozos de cazuela compartida, lo primero que me vino a la memoria fue la imagen de un nuevo Gabriel y Galán, y me sorprendió que un poeta actual pudiera haber optado por llamar así a un libro de versos. Sin embargo, cuando me decidí a leerlo, aquellos recelos iniciales se quedaron en nada ante la fuerza de los poemas allí contenidos y me enseñaron una vez más que un título puede ser importante, pero no deja de ser más que eso, un hito puesto en el camino a recorrer.

Si me detengo aquí, es porque hay un poema en Gotas de hielo que tiene un título enormemente sugerente, Los amantes amados, un título que me ha hecho pensar en otro libro de Mariano, Amores colaterales, porque en ambos se recoge la idea de pluralidad, de multiplicidad de la poesía, de ese juego de espejos en que puede transformarse el poema, y es que al leerlos no debemos incurrir en el error de creer que el autor está dándonos su biografía en esos versos, allí se nos exige entrever más bien las máscaras sucesivas con las que el poeta convive y por las que se desvive para dar forma a su propia geografía lírica. El poeta es indistintamente sujeto y objeto, amante y amado, en una sucesión de seres e imágenes fingidos que toman de la vida sólo aquello que les interesa, pero que alcanzan una realidad plena en el poema, que se convierte así en nexo entre literatura y realidad. Porque al recordar, el poeta reescribe lo vivido, pero esa reescritura de la vida es también fingimiento e impostura. Decía al respecto Caballero Bonald: “Ningún escritor es capaz de evocar lo que ha vivido sin incurrir en alguna desviación engañosa o consecuentemente equívoca”. Y no puede haber título más apropiado que este, para dar forma a esa idea de pluralidad que venimos comentando, pues esa voz del amante satisfecho, del que ama y a su vez es amado también, da paso en otros tantos poemas a la del poeta herido, dejando en esos versos un poso de tristeza que es el resultado del desgarro afectivo y la desesperación que padece el poeta, que va construyendo así un sinnúmero de personajes poéticos:

LOS AMANTES AMADOS

Leves rayos de luna
traspasan la barrera
elemental de los cristales
Poniendo claroscuros en tu cuerpo.


Hay quietud en la casa
y en el mágico mundo
de las cosas que nos rodean.
Tan solo yo, por los caminos
inciertos de la noche,
me acerco a ti, que duermes
el sueño complacido
de quien tiene la fuerza del amor.
Desde la calma del amante
recientemente amado,
te miro sin codicia,
pero con mucha devoción,
con infinito gozo.
Estás desnuda,
con la expresión hermosa
de una mujer amada,
una mujer que entrega
el corazón desde una
intensidad correspondida.
Me acomodo a tu lado
y arropando tu cuerpo con el mío,
escucho tu respiración
acompasada, casi musical,
hasta que el alba me bendice
con un sueño de miel, el prodigioso
sueño de quien se siente amante,
amado y satisfecho.

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(*) José Carlos Gil es licenciado en Literatura por la Universidad de Alicante

Publicado por Mariano.Estrada @ 21:02
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