Mi?rcoles, 25 de mayo de 2011

Imagen tomada de internet sin ?nimo de lucro

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LAS PATRIAS DE DULCINEA

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1.- EXPOSICI?N

Salvando a su devoto irreductible y sempiterno, que la puso en las alturas y la llam? continuamente sin par, aunque enemiga -y en tal concepto la tuvo hasta su muerte-,? la figura de Dulcinea no ha avivado fuegos significativos? ni desatado pasiones de relieve entre las huestes lectoras de El Quijote, por m?s que ahora tenga una casa-museo en El Toboso. Naturalmente, el responsable de esta evidencia rigorosa, como dir?a Ortega,? es don Miguel de Cervantes, maestro universal,? cautivo insigne, guerrero sin ventura y recaudador nada preclaro de la gloriosa Armada Invencible, que quiso que as? fuera para redondear sus prop?sitos

Y es que en este inc?modo personaje, tan poco incitador en lo que toca a emanaciones de calentura y, por ello, tan poco celebrado, como digo, por la comunidad de lectores de esta ingente obra, Cervantes marc? dos componentes completamente antag?nicos: la realidad y la idea.

Y efectivamente, la realidad era simple y rudimentaria, algo cutre y francamente hombruna, con fuerte olor a emplastos de un esti?rcol l?quido, cuando no a sobaquillo sin podar y trasudado. Ya el nombre era anticipo de una ausencia grave de feminidad: Aldonza Lorenzo. Y si el nombre es arquetipo de la cosa, como dice Plat?n en el Cratilo ?qu? m?s cabe a?adir en este asunto?

Por el contrario, la idea era sublime y femenina... Y aqu? s?, aqu?? era dulce de nombre, como las flores anteriores a Baudelaire, como la rosa inasequible que hubiera dibujado Plat?n y dese? Romeo y puso sobre el resto de las cosas el Caballero m?s triste de figura? que ha existido en el mundo, y acaso el m?s optimista y so?ador:

?"?Bardas de corral se te antojaron aqu?llas, Sancho...? "? "...????? Anda, hijo, y no te turbes cuando te vieres ante la luz del sol de hermosura que vas a buscar".

Ni que decir tiene que las gruesas ahechaduras de la realidad han tapado el sutil?simo grano de la idea, tal vez porque la idea se encerraba en un personaje no del todo cabal? y s? muy majadero y muy loco, a quien todo el mundo ha admirado alguna vez, seguramente,? de quien todo dios se ha re?do a borbotones, como r?en las fuentes de los parques, pero al que nadie ha tomado jam?s como modelo

Tengo que decir que no es ?sta la primera vez que me ha tentado el personaje de Dulcinea. Pero ha sido ahora, cuando he visto de cerca uno de los trasplantes territoriales ?o debo decir usurpaciones?, que de tiempo en tiempo se pretenden hacer de la obra m?s gloriosa de este Ilustre Manco en base a una partida de nacimiento insuficientemente documentada, cuando me he sentido seriamente atra?do por su suerte: una suerte que, arrinconada en la humildad, va del desamparo al olvido... Bien, me dije, Cervantes naci? en este lugar, que todo puede ser, y El Quijote se desarrolla en este otro, lo que ya es un punto dif?cil, pero ?qu? ocurre entonces con Dulcinea? Porque nadie se hace cargo de esta buena mujer; simplemente se obvia y...?santas pascuas!. As? que con la misma legitimidad con la que ciertos sedicentes estudiosos de El Quijote van haciendo manchas interesadas e inconcebibles para ubicar sus aventuras, si bien con muy distinto procedimiento, yo he seguido el rastro de aqu?lla ausente enemiga,? Dulcinea, como un tozudo perro de caza. Menos mal que tengo fino el olfato; y a?n teni?ndolo, ya ver?n ustedes las vueltas que he tenido que dar y los acasos y salvedades que en el camino han encontrado acomodos o certeza.

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Tomada de internet sin ?nimo de lucro

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2.- RASTREO Y DESENLACE

Tras el ingenioso descubrimiento -hecho por el Sr. Leandro Rodr?guez y editado por el Patronato de Turismo de la Diputaci?n de Zamora-, de que Cervantes era un jud?o sanabr?s y de que La Mancha, en puridad,? fue un recurso obligado en el desarrollo de El Quijote, es decir,? una ocultaci?n que se justificar?a en el pavor a las persecuciones, siendo las comarcas de? Sanabria-Carballeda los territorios tristemente encubiertos, se abren muchas dudas sobre? el origen territorial de la sin par Dulcinea, a quien tradicionalmente se ubica en el manchego lugar de? El Toboso.

Dudas de esta ?ndole: ?a qu? pueblo iba Sancho por mandato de su se?or, y al que acaso lleg? por encantamiento, para dejar en las manos de una ingrata ?ntima lo que al fin era carta memoriosa? ?A qu? bardas se asom? para tomar en merecida recompensa un mendrugo de pan con queso bienoliente, que no fueran recuerdos de castillo con manteo a discreci?n? para su alt?sima deshonra? ?Qu? lugar visit? con don Quijote la noche oscura del alma en que, por ser de boca de lobo, qued? prefigurada sin remedio la loter?a de los ciegos? ?Con qu? iglesia top? tan desnortada pareja dicha noche m?stica, es decir, la v?spera de la visitaci?n del Caballero a su? exteriorizada pesadumbre, que finalmente ocurri? ante los ojos de un borrico com?n en un camino de grijas y herradura? Estas cosas simples, y otras de una enjundia m?s alta y provechosa, son dudas razonables que, desubicado el Quijote de los anchos territorios de La Mancha por los que sol?a llevar sus? correr?as, acaecimientos y desventuras, se me ofrecen a m?, lector empedernido de esta inmensa obra y nada desquiciado en las cuestiones de raz?n que a mi raz?n se hacen. ?Qu? pueblo de qu? lugar perdido del perdido Imperio de Espa?a que no se llame El Toboso ha ocultado Cervantes a la posteridad en el glorioso alumbramiento de tan ilustre personaje de su novela?

Mis particulares conocimientos sobre el asunto, derivados de la concatenaci?n de muy diversos azares -que van del tropez?n a la fenomenolog?a-, y, especialmente, de un fogonazo de luz sobrenatural en la que suelen envolverse las revelaciones, me permiten afirmar que la tal Aldonza Lorenzo (hoy lo s?,? tortura hermosa, pues hasta ayer te cre?a coet?nea, y, desde luego, mucho m?s joven que yo), fue realmente una humilde ciudadana de El Toboso que, tras su paso por Sanabria-Carballeda, del cual tienen noticia los lobos que encumbraron a Caperucita, y de su posterior brinco a Mallorca (en un bajel pirata ganado a los despojos de la Armada Invencible), recal? en el pueblo de T?rbena, Alicante (afamado por su repoblaci?n insular), reubic?ndose despu?s en una urbanizaci?n de Alfaz del P?, llamada El Cautivador, donde actualmente reside tras numerosas y siempre bienhadadas reencarnaciones.? Contrariamente a su fama, es persona de acendrada sensibilidad, modales refinados, gr?ciles maneras y alt?simo bagaje cultural,? que responde al nombre de Dulce, como Lamiel.? De hecho, yo la conoc? por Sthendal, autor a quien le?a aquella ma?ana venturosa, al socaire de un almendro de luminosidad esplendente y abrasiva.? La v? una vez, tan s?lo. Fue un momento de j?bilo que, asentado en los aromas de una incipiente primavera, deriv? en tres meses largos de conversaciones? a? distancia porque, como puedo asegurar, tiene el don inefable de la palabra, un m?vil continuamente abierto y un marido bronco que imposibilita con sus celos las comunicaciones de cercan?as. Tambi?n atiende por Rama, por ?nice, por Caparrosa, por Moh?n, por Orop?ndola...

Y pregunto yo, tocado por la luz de esta alborada, ?c?mo una chica corriente, por muy esplendorosa que fuera, iba a provocar en m? un arrobamiento tan m?stico, al tiempo que tan largo y tan profundo, a no ser por argucia de prestidigitador, encantamiento de bruja o artima?a del tipo Dorian Gray?

Con precauciones que alcanzan la minucia, y que luego se mostraron innecesarias,? he vuelto a la urbanizaci?n El Cautivador. La casa est? en venta. Los vecinos afirman que en el veh?culo donde transportaron los muebles figuraba el nombre de Clavile?o. ?Habr? volado a los pagos de Villajoyosa, donde una mora excelsa y un encantador chocolatero envuelven la ciudad con musicales redes? Tal vez, valor le sobra y, a falta de mayores alegr?as, probado est? que el chocolate es dulce, como Irma, como Chac?n, como Mar?a Loinaz...

Por otra parte, de fuentes no del todo informales me han llegado noticias de la posibilidad de que, buscando las ra?ces, haya regresado finalmente a El Toboso. Se alojar?a, seg?n ?stas, en las inmediaciones de la que fuera en tiempos su casa - ahora destinada a la exhibici?n de reliquias-, en otra de manteles relucientes y olla no de vaca, sino de apretado y primoroso carnero, hu?sped de post?n, teatro los domingos, calefacci?n a mansalva y due?a asaz tempestuosa, huracanada,? revestida de fuego y aventura... All? se dan la mano, para su? bien, los h?bitos adquiridos en lugares de variopinta residencia? -fundamentalmente tur?stica-, en los que hubo forzosamente de residir, y su antigua adhesi?n a lo rural, arrancada de repente por la urgencia de la emigraci?n y amagada en sus adentros a la espera de una jubilaci?n venturosa.

De aquel fugaz encuentro, que para m? sigue siendo luminoso e inmarcesible,? as? como de nuestra relaci?n telef?nica, da raz?n una carta de clasificaci?n disponible que, am?n de ser real, es c?ndida y honesta. Claro que fue escrita mucho antes del ingenioso descubrimiento del Sr. Leandro Rodr?guez, antes del azar y de la revelaci?n... Antes, por consiguiente, del ?ntimo convencimiento de que yo no era polvo enamorado, iluso e inservible, sino el alma atribulada e imperecedera de un lector de libros de caballer?as.

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Casa Museo Dulcinea, en El Toboso. Tomada de internet sin ?nimo de lucro

Mariano Estrada 2001 www.mestrada.net Paisajes Literarios

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Publicado por Mariano.Estrada @ 18:54
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