sábado, 14 de mayo de 2011

Paisaje de otoño, en Muelas de los Caballeros. Foto JMP

 

Cabo de año

 

1

 

He vuelto a penetrar

los mesenterios otoñales

donde tienen las hojas del dolor

su atemperada alfombra.

 

Allí,

tras la espesura del boscaje,

en esa extensa paz

que perpetúa el roble,

he visto el rodrigón

de la palabra antigua, el angosto

carril de la inocencia,

los raigones del sueño.

 

Y he sentido la noche

como acequia de sangre.

Y he palpado la sombra

en su verdad oscura.

Y he mirado el reverso de la luz

-tal vez su pertinaz fotografía-,

en mi conciencia íntima de tierra.

 

Pues tierra es

-y tierra sazonada-

el lento mar de otoño

que se abre a esta colina,

este monte de carne vegetal

y de algodones verdes, este

valle de lágrimas y omero.

 

 

2

 

Laderas del amor, paisajes

de brezo y de pizarra,

ramas líricas, altos contraluces

de castaño y de muerte.

                          

Robledales maduros, postraciones

gozosas de la vida, castros,

cortezas de la miel, hogares

                  en ciernes de la abeja....

 

Y la lluvia...

Esta lluvia final

sobre el tejado del molino

cuyos musgos estancos, como

calzos heroicos de la ruina,

prometen tarabillas de calor

en la granuja de la muela,

tolvas de roble intemporal, quejumbres

de trigo y de rodezno,

harinas cenitales, posos

de pan en que el dolor se ahoga...

 

¡Oh!, sangre, vid desparramada,

memoria mineral

              en su sazón de muerte.

En su sazón de muerte, nunca

                                  en el olvido.

 

Mariano Estrada www.mestrada.net Paisajes Literarios

Blog: http://marianoestradavazquez.blogspot.com/

Poemas recreados: http://groups.google.com/group/paisajes-literarios

Muelas de los Caballeros. Foto JMP


Publicado por Mariano.Estrada @ 2:30
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Publicado por Mariano.Estrada
domingo, 22 de mayo de 2011 | 19:42

Dos poemas inéditos: Cabo de año y Lluvia

Un año después de la muerte de mi madre, de la que nació el libro Hojas Lentas de Otoño, volví a visitar la  tierra de la niñez y la felicidad que, durante espacios cortos de tiempo, fue también la tierra del dolor y del quebranto.

Pero había pasado un año, como digo, y ya los sentimientos recientes se habían acomodado entre los otros y, como ellos, se habían extendido por el paisaje: un paisaje que amo con delectación y sobre el que, al despedirme en aquella emocionada visita, caída una lluvia apacible y minuciosa: la misma lluvia que, pocos días después, se acabó depositando en estos dos poemas.

Un abrazo