martes, 03 de mayo de 2011

Zapatero dice ¡Eh! y Rajoy dice ¡Oh!. Foto tomada de internet sin ánimo de lucro

 

Seguimos con Zapatero y Rajoy

 

Hubo un tiempo en que una simple reunión entre Zapatero y Rajoy se convertía en un acto de expectación y de muy altisonante noticia. Como la economía iba bien –aún le quedaba tiempo para entrar en barrena-, había que llenar el espacio político con una especie de fuegos artificiales que, como ha quedado patente, tenían por objeto distraer a la militancia y a los ciudadanos. Entonces, a Zapatero se le había subido el ego a la parra y estaba en esa especie de limbo en el que cuelgan el nido las oropéndolas. Con una fe tan absurda como ciega, creía que estaba por encima del bien y del mal, entendiendo que el bien era La Alianza de Civilizaciones y el mal eran las barras y estrellas de la bandera de los EEUU, a cuyo paso no quiso incorporarse. Se jactó ante el mundo, sin pararse a descontar la especulación, que habíamos superado económicamente a la Italia de Berlusconi  y añadió que la Francia de Sarkozy  y la Alemania de Merkel podían ponerse a temblar…

¿Qué aprecio iba a hacer por Rajoy -exponente de lo antiguo, de lo carca, de lo católico, de lo inculto, de lo malo-,  si él creía ser cabeza de un león todopoderoso que tenía el mundo a sus pies? Un día manifestó de forma rimbombante que tenía un ansia infinita de paz, pero luego se sabría, delatado por sus propias incontinencias,  que el odio habitaba en su corazón  porque los malos habían matado a su abuelo…Sí, lo que sentía y siente Zapatero por Rajoy y por todo lo que Rajoy representa es una repulsión visceral que llevará con él a la tumba. Y hasta puede que no solo a la tumba política, que esa ya le está esperando en el cementerio del olvido. Por cierto, han sido sus propios compañeros los que le han dejado finalmente sin trabajo. Y no han necesitado hacerle ningún ERE,  de los que tan expertos son en la Comunidad andaluza. Sólo le han dicho que él era el coco y que con el coco de amenaza no se podían ganar las elecciones.

Por su parte, Rajoy, que en la primera legislatura de Zapatero estaba sometido a la exaltación de las fieras, es decir, a la vieja guardia de Aznar,  había entrado a saco en  la batalla por el poder y contestaba a las ofensas, aislamientos, ninguneos y provocaciones con exabruptos, gritos, advertencias y acusaciones que no gustaban a todos los componentes de su partido ni, por supuesto, a todos sus votantes. Y lo que es mucho peor, no les gustaba nada a los que eran susceptibles de poder entregarles un día su voto, me refiero a cierta masa incontrolable de ciudadanos que suele nadar en esas aguas intermedias situadas a la derecha de Zapatero, lugar que ocupaba el buen ladrón en el Calvario de Jesucristo, y a la izquierda de Rajoy, lugar ocupado por el ladrón increpador, que supuestamente era el malo. Luego se ha visto que los ladrones no entienden de simbolismos ni de ideologías ni de reglas de urbanidad  y se sitúan a la  izquierda y a la derecha de ambos dirigentes y sus partidos y están por todas partes a la vez sin que se libren los integrantes de las agrupaciones nacionalistas, que roban como todos y chantajean a los demás cuando se plantan en el gobierno de la Nación.

Para liberarse de las garras mencionadas anteriormente, urdió Rajoy lo del Congreso de Valencia, donde se despojó de las vestiduras aznaristas y se liberó de sus incómodas y  gravosas hipotecas. Y hasta ahí fue bien la cosa, pero no contaba él con los disfraces y vestiduras de los cacos que le saldrían poco después, algunos con bigote y brillantina, y que en el caso de Camps tienen forma de trajes de elegancia y de tronío. Porque, eso sí, a Camps le sientan los trajes de maravilla.

Pero Rajoy calla y otorga, porque alguien le ha advertido, o él se ha dado cuenta, de que callando y otorgando y poniendo parapetos alrededor, los ciudadanos cabreados por el hundimiento de la economía y la reconversión o cambio de chaqueta que, forzosamente o no,  ha hecho el Presidente Zapatero, las voluntades de los encuestados se van inclinando hacia los fundos del PP, que vuelven a ser anchos como Castilla, aunque la valoración personal de su líder siga muy a tono con su perfil pusilánime y bajo. Le cuesta tanto subir a Rajoy en las encuestas como a Zapatero desencaramarse de las mismas, pero es que, la verdad,  con Zapatero hemos sido condescendientes, facilones y generosos.

¿Qué queda de aquellas reuniones entre los líderes de la izquierda y la derecha,  que los ciudadanos esperaban como agua de mayo y que llenaban las cabeceras de los periódicos y los informativos de la televisión? ¿Qué queda de aquellos cacareos insustanciales, salvo los sucesivos cabreos de Rajoy  por los constantes engaños de Zapatero o las sucesivas complacencias de Zapatero por los constantes engaños a Rajoy, que el pobre entraba siempre con nobleza a aquel capote rojo? Nada. Sólo los melifluos recuerdos de un tiempo totalmente perdido. Per-di-do. Si entonces no se hubieran ido a matar entre sí, que fue una forma de matar la convivencia, el progreso y el futuro, y en lugar de ello se hubieran puesto de acuerdo en los temas que a todos nos afectaban y concernían, como se está viendo ahora con dolor, otro gallo nos hubiera cantado a nosotros. Y otro gallo les hubiera cantado a ellos mismos, porque el que ahora les canta al despertarse cada mañana dice bien claro que ellos, los políticos, son vistos por los ciudadanos como preocupación. ¿Quién va a arreglar ahora el desaguisado, que es exactamente monumental, si ellos son una parte del problema?

Y como dicen que para muestra basta un botón, os dejo este artículo sobre una de aquellas reuniones que, quién lo diría ahora, pasaban por ser verdaderos acontecimientos ¿Acontecimientos?  Menuda chufla. Fueron simplemente la obscena exhibición de un vacío.

Un abrazo

 

La reunión de Zapatero y Rajoy

(enero 2007) 

 

Amanece en España. Amanece en Alicante y en Murcia y en Ruidera (Albacete). Canta el gallo en Zaragoza. Los efluvios del amanecer rebotan en los montes de León, que ahora son zapateros, y en  las montañas nevadas del alto solar patrio, que antes fueron de Franco por la gracia de Dios  y ahora se las reparten como pueden los unos y los otros, es decir, los que nos gobiernan y los que nos quieren gobernar, como lo quiso en su época María Cristina. Antiguamente, cuando los amaneceres eran bucólicos y líricos, los rayos del sol se multiplicaban infinitamente en las salinas de Santa Pola y en el pico más alto del Pirineo, donde la nieve ardía.

Los amaneceres de España, distintos por las distintas elevaciones del territorio, pillaron a Rajoy en Madrid, donde las montañas tienen cuartel, y no en el Macizo Galaico, como muy bien podía haber sido. Al fin y al cabo, ¿en qué se diferencia un macizo de un coto? Zapatero le sacó de la cama:

- Oye, Mariano, la naturaleza mutante de esta España nuestra, que para ti es cara (al sol) y para mí cruz (reconvertible en Alianza de Civilizaciones), exige una tregua imperiosa de nuestras mutuas repelencias, que son irreconciliables y conocidas. De manera que te convoco a una esperanzadora reunión en la Moncloa. Me lo exige un ansia infinita de paz.

- Querido y prodigioso Zapatero: ya te dije yo que arrieros somos y en el camino nos encontraremos. O no, quien sabe. Yo estoy donde estoy, pero también puedo estar donde tú estés, y a la hora que estés, siempre que no me muevas del sitio. Desde esta posición y desde este punto de vista, acepto esta convocatoria de insoslayables urgencias. Todo sea  por el bien de los españoles, de las españolas y de todos aquellos que se nos cuelan diariamente por las fronteras, andando, volando o en cayuco, que de todo se cuece en la Caldera del Señor.

- Hombre, don Mariano, que seas gallego, pase, porque la tierra mamada en la niñez es algo de lo que uno no se puede librar fácilmente. Que seas conservador e inmovilista, tira que va, porque diriges un partido al que, en función de sus numerosas pertenencias, le cuesta mucho moverse. Digamos que tiene mucho lastre detrás. Pero no eches leña al fuego, porque corres el peligro de quemarte no en la Caldera Ministerial, sino en la mismísima de Pedro Botero. Vamos a ser serios y cautos, porque hoy nos reúne el bien común y la común necesidad.

- Con esa mira concurro. Con esa idea me siento para escucharte. Donde estaba, estoy, nada me he movido hasta ahora. Si me buscas me encontrarás. Si me llamas, ya sabes para qué. Ahí me tienes, dando lo que puedo dar y ofreciendo lo que puedo ofrecer. Mi postura es firme, como la roca. Mi oposición es honrada y es leal. Mi interés es el bien de los españoles. Mi patria es España. Mi bandera, la libertad. Con esa base, todo. Sin esa base, nada. Soy claro y preciso, a nadie engaño ni miento.

Posdata:

La reunión ya se ha celebrado. Por lo que al contenido se refiere, digamos que no hay  nada que no estuviera escrito antes en las conciencias. Pero dicen que nada es lo que es, sino lo que parece. Ha quedado una foto.

Mariano Estrada www.mestrada.net Paisajes Literarios

Blog: http://paisajes.blogcindario.com


Publicado por Mariano.Estrada @ 13:50
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Comentarios
Publicado por Invitado
martes, 03 de mayo de 2011 | 15:11

Hola, Mariano. Lo cierto es que la política ha degenerado de tal forma que sólo ofrece hombres de moralidad pobre, sólo pendientes de lograr lujos y posesiones personales. Mi ideología es firme, pero no idolatro ni espero nada de ninguno. Descargo mi hiel en soledad o con los más intimos y procuro ser fiel a mis principios en el trato con los demás. Eso es todo.

Un abrazo. Ascensión.

Publicado por Mariano.Estrada
miércoles, 04 de mayo de 2011 | 10:43

Hola, Ascensión: es que no podemos hacer mucho más que aguantar el chaparrón con dignidad y estoicismo. Sin embargo, creo que está muy bien que sigamos manteniendo y aireando nuestros principios por encima de toda esta hueste de valores empobrecidos y/o degenerados. Espero y deseo que los que vienen detrás de nosotros nos rectifiquen y, de todo el legado que reciban, sepan distinguir el grano de la paja. Tal vez nos ayude la crisis, pero, de momento, los que dirigen el cotarro y los que creen dirigirlo pero solamente son perritos fieles, siguen anclados en la corrupción y en el pillaje. Habría que buscar fórmulas para hacerles bajar de la burra y empujar el carro con el trabajo y el beneficio y no con la especulación, que ahoga siempre a los débiles. Y con valores que se sacudan de este egoismo salvaje e inhumano.

Gracias y un fuerte abrazo