martes, 01 de marzo de 2011

Foto tomada de internet sin ánimo de lucro

 

La matanza

 

El corazón le salía

por la garganta.

Y por el pecho la sangre,

y por los ojos el ansia.

 

En el ritual carnicero

de la matanza,

el banco, los matadores,

la vida misma cercada:

a soga y a mano firme,

como tenaza.

 

Por el cuchillo de sangre

se extiende la puñalada.

Las manos son como un surco

por donde un vino resbala.

Un vino denso, de lava.

 

Ya no es un cerdo el que gruñe,

es el gruñido de un alma.

Un alma que no tenía.

Un alma.

 

La sangre, que llena el cuenco,

se enfría y cuaja.

 

Y tras el último aliento,

de tiemblos, de bocanadas,

se queda inmóvil la bestia,

con una muerte estirada.

 

La carne del sacrificio,

inerte, sacrificada.

Al rabo un hombre y un chuzo.

Asepsia y paja.

 

Alrededor muchos ojos

que miran, pero sin lágrimas.

Y un fuego para las cerdas

que van a ser chamuscadas.

 

Del libro “Tierra conmovida”

 

Mariano Estrada www.mestrada.net Paisajes Literarios

Blog: http://marianoestradavazquez.blogspot.com/

Poemas recreados: http://groups.google.com/group/paisajes-literarios


Publicado por Mariano.Estrada @ 19:02
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Comentarios
Publicado por Mariano.Estrada
martes, 01 de marzo de 2011 | 19:41

La matanza relatada en este poema es la que se hacía en los pueblos de La Carballeda zamorana: Muelas de los Caballeros, Justel, Quintanilla, Vega, Espadañedo, Donado, Donadillo, Mombuey, Rionegro... Muy parecida, por otra parte, a la que se hacía en otros lugares más o menos lejanos. Un abrazo

Publicado por Mariano.Estrada
martes, 01 de marzo de 2011 | 21:24

Hoy en día la matanza se hace muy dura, prácticamente insoportable. Por eso, en los lugares en los que ésta se conmemora, se suele ocultar lo fundamental, que es el hecho mismo de la muerte del cerdo. La gente se entrega a la fiesta, que es a lo que acude, y termina el día con la andorga bien llena. Un abrazo

Publicado por Invitado
martes, 01 de marzo de 2011 | 23:23

Bella y detallada manera de describir ese ritual desagradable con el que, ya desde niños, se nos ponía a prueba nuestra sensibilidad. Luego, con el tiempo, hasta partícipábamos activamente en el mismo como una muestra de afirmación  varonil. De todos modos hoy día pondría mis reparos para asistir de nuevo a un acontecimiento como este, por más que en aquellos tiempos tuviese un cierto aire festivo. Hasta recuerdo que el día de la matanza era un día  de celebración familiar  e incluso la excusa para no asistir a la escuela, sobre todo si el animal -cuyo peso de medía en arrobas- era un buen ejemplar.

Gracias, Mariano, por haberme traido, otra vez, un montón de recuerdos de aquel tiempo lejano- Un abrazo. Santos

Publicado por Mariano.Estrada
miércoles, 02 de marzo de 2011 | 11:54

Hola, Santos: por el número de coincidencias en los recuerdos, se diría que tú y yo hubiéramos pasado la niñez no ya en el mismo colegio, como así fue, sino en la misma escuela del mismo pueblo. De la matanza podríamos estar hablando durante un buen rato, ya que hay detalles muy curiosos. Por ejemplo, en algunos lugares, el rabo se comía ese mismo día, en otros se guardaba para un día concreto del año. Lo mismo podíamos decir del morro o de las orejas. Por cierto, se dice, y es verdad, que del cerdo se aprovecha todo, pero nosotros, los niños de entonces, aprovechábamos hasta la vejiga. La inflábamos con una paja, la atábamos con un hilo y jugábamos al fútbol hasta que se rompía, que solía ser pronto. Lo que pasa es que en una matanza podía haber dos, tres o cuatro cerdos y nosotros disponíamos de dos, tres o cuatro vejigas. Un abrazo

Publicado por Invitado
miércoles, 02 de marzo de 2011 | 15:39

Uno de los peores recuerdos de mi infancia se relaciona con la matanza del cerdo en casa de mis abuelos. Fué casual que un año estuviera con mis padres en Salamanca, que era época de estudio no de jolgorio. Los berridos del pobre animal me desconcertaron tanto, que desde entonces sufro alergia a los embutidos. Una pena.

Saludos. Ascensión.

Publicado por Mariano.Estrada
miércoles, 02 de marzo de 2011 | 18:04

Pues es una lástima, Ascensión, porque hay embutidos que están muy muy buenos... Pero es que encontrarte así, de pronto, con los gruñidos de un cerdo en el banco de la muerte, tuvo que ser aterrador. Lo era hasta para quienes estábamos preparados por la costumbre. Madre mía, si parecía que al cerdo se le escapaba el alma por la garganta... Y dime, ¿no puedes comer unos taquitos de jamón ibérico con un vasito de vino? Es para saber a lo que puedo o no puedo invitarte... Un fuerte abrazo

Publicado por Mariano.Estrada
miércoles, 02 de marzo de 2011 | 23:02

"Todos los días se matan en New York
cuatro millones de patos,
cinco millones de cerdos,
dos mil palomas para el gusto de los agonizantes,
un millón de vacas, un millón de corderos
y dos millones de gallos
que dejan los cielos hechos añicos"

Éste es un fragmento del poema "Nueva York: oficina y denuncia", del libro "Poeta en Nueva York", de Lorca.
Lo que pasa es que una cosa es comer la carne y otra cosa es saber cómo mueren los animales que la producen. O las gallinas que ponen los huevos. Todos sbemos la tortura a la que se las someten.
Un abrazo

Publicado por Invitado
jueves, 03 de marzo de 2011 | 12:16

Por descontado, Mariano, que no me privo del jamón ibérico de buena casta ¡más faltaría!, ni de un buen vaso de vino, que es bebida de dioses, pero sin abusar. Acepto la invitación, que es recíproca, a zambullirme en la degustación de tan castizos alimentos. Te advierto: si me cargo, me da la risa y no hay quien me pare. Tú verás...

Un abrazo. Ascensión

Publicado por Mariano.Estrada
jueves, 03 de marzo de 2011 | 12:41

Hola, Ascensión: no tengo nada que pensar, me encantaría tomar contigo unos taquitos de jamón y unos vinitos. Sería realmente un placer hablar contigo de todo lo divino y lo humano ante semejantes manjares. Y si te cargas un poco, pues mejor, estarás más graciosa y tus palabras y tu risa serán auténdica música. Sólo hace falta una cosa: tener la ocasión de vernos. Gracias y un abrazo