
Santuario Virgen del Camino, León. Fachada principal. Bronces de Josep Maria Subirachs. Fotografía de Javier del Vigo Palencia
Josep Maria Subirachs: la huella de los bronces
Una parte entrañable -tal vez incluso sustantiva-, de mi lejana adolescencia, transcurrió tras los bronces del escultor Josep Maria Subirachs que ocupan la fachada principal del Santuario de La Virgen del Camino, León, obra del arquitecto don Francisco Coello de Portugal y Acuña.
Unos bronces gigantes, sobre los cuales rebotaban -como gotas de lluvia- los cantos gregorianos de un puñado de frailes dominicos, la desgarrada música de un órgano convencional, tocado por un magnífico organista, y las voces de un coro de muchachos que entonaban -bajo una mano enérgica-, partituras de Haendel, de Vitoria, de Bach, de Palestrina…
Esos bronces esbeltos, monumentales en sí mismos y racionalmente pesados, -que representan a la Virgen elevada entre los Apóstoles-, pusieron en mis ojos una incomprensible sensación de ingravidez, con la que han convivido hasta el presente. (Un presente alejado de aquel tiempo en casi medio siglo).
De hecho, en mi mente de ahora -sin duda transformada por los años- los bronces aparecen todavía con aquella expresión de levedad, no sé si derivada del propósito del artista o inoculada en mi cerebro por la asombrosa solidez de la inocencia.
Esculturas metálicas,
bronces elementales,
materia sometida a gravedad.
¿Espejismos del arte?
¿Efectos de la fe?
¿Acasos de la mística?
No importa.
Su forma es la figuración.
Son esencia, no hay peso.
Fijaos bien, ¿los veis?
Parece que levitan.
No los hunde el tamaño
ni la crisis de la oración
ni la merma de cantos y de fieles.
Ahí siguen, excelsos,
no bajan la mirada.
Incluso se diría
que, de un momento a otro,
van a echarse a volar.
Mariano Estrada www.mestrada.net Paisajes Literarios
Blog: http://marianoestradavazquez.blogspot.com/
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Mariano Estrada. Fotocomposición de Javier del Vigo Palencia. Fotos tomadas en el Santuario Virgen del Camino el día 22 de agosto del 2010
Yo que he visto vada una de la esculturas tiradas por el suelo ,feas como ellas solas ,en conjunto tienen algo que impone,esa levedad en el espacio ,sin tocar ni el suelo ni la pared,ese levitar mirando hacia el Camino,deberían estar tras la critalera empapadas de los colores azul y rojo predominantes,y con el gran organo tocado por el espiritu de aquel frajle que lo hacia rezar,nuestro Padre Uria,.Sería un gozo indescribible.Enrique Frade.Un saludo querido amigo.
Hola, Enrique:
Supongo que causaría cierta impresión ver esas moles de bronce tumbadas en el suelo, ya que su tamaño es considerable y su peso aproximado ronda los 700 kilos por unidad. Y son 12 unidades sin contar a La Virgen. Fuisteis pocos los que tuvisteis el privilegio de verlos sin orden en el espacio y sin otro propósito que el que pudiera estar concebido en la mente de los artistas.
Como técnico en la materia, a mí me hubiera gustado verlos colocar sobre esa pequeña repisa en la que se apoyan. La sensación de ingravidez creo que la transmite la figura de La Virgen, que, al estar más elevada que las otras y no tener apoyo en la base, parece que levita.
(Sigue...)
(Viene de la anterior)
En otro sentido, también me hubiera gustado presenciar la realización de esa impresionante torre-campanario, tan alta, tan estrecha y con tan poco margen de maniobra para la colocación de encofrados, hierros y hormigones. Me consta que el arquitecto lo pasó especialmente mal en esa fase de la obra. No obstante, cuando estábamos en el colegio, yo sólo me preguntaba cómo se las habrían arreglado para subir las campanas, que no es precisamente lo más difícil.
Tu sugerencia de colocar a los apóstoles por la parte interior de las vidrieras, para que participaran de su luz transformada y fabulosa, no llegó a tiempo. Sin embargo, al estar al abrigo de la intemperie, tal vez los bronces no hubieran contraído su más característica enfermedad.
Un fuerte abrazo, compañero.