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Trozos de cazuela compartida es un poema al que le va bien el frío, la nieve, el fuego, la leña, el amor, el cariño, los gatos, los perros, los niños, la familia, la Navidad…
¡Feliz Navidad!
Trozos de cazuela compartida.
La estampa nocturna de la vieja cocina de la casa era un pote negro y barrigón, alrededor del cuál, depositadas en el suelo, se juntaban hasta nueve cazuelas de barro (algunas de Pereruela), a cuyos fondos se habían adherido las finas rebanadas de pan que las sopas de unto requieren.
En el llar, bajo la enorme campana, casi tocando la placa de la pared, ardía animadamente una lumbre sobre la que colgaba un caldero de latón ennegrecido que contenía el “escaldao” de los cerdos, personajes de peso imprescindible en la sobria economía de la familia.
En los laterales del hogar, perpendiculares a la pared sobre la que el fuego chisporroteaba, había dos escaños oscuros de madera que, a la hora de las sopas, nunca se encontraban deshabitados. En el hueco que quedaba tras ellos se actualizaba regularmente la leña, que, al margen de las cepas de urz, solía ser de troncos troceados de roble. A falta de ratones, algún que otro gato ronroneaba apaciblemente al arrimo meloso del calor.
El movimiento trascendente lo establecía acompasadamente mi madre, con el cuerpo, con el brazo, con el cazo. Luego, sin ser la nuestra una familia de devotos, se generaba un auténtico y silencioso rosario de peregrinación hacia la cazuela, cada uno hacia la suya. A partir de ahí, la cocina se convertía en un animado refectorio familiar, especialmente en la larga temporada del invierno, cuando las bajas temperaturas nos impedían salir al ancho comedor de la calle, donde las puertas estaban siempre abiertas a la inmensidad de un espacio apenas interrumpido por los árboles de la plaza de Matalera…M.E.
Trozos de cazuela compartida
A mi madre, que hizo posible la cazuela.
Quien haya estado al fuego de un madero
hilando corazón, ceniza y brasa,
¿adónde mirará sino a la casa
que vive en los vapores de un puchero?
¿Adónde mirará sino al caldero
que cuelga de la noche por un asa?
¿Y qué recordará si no traspasa
los muros, los balcones, el alero?
Yo vuelvo a la niñez por el sendero
del gato, del vasar, de la tenaza...,
testigos del amor y de la vida.
Y vuelvo a ser feliz junto al leñero,
hilando humanidad con pan de hogaza
y trozos de cazuela compartida.
Del libro “Trozos de cazuela compartida”
Mariano Estrada www.mestrada.net Paisajes Literarios
Blog: http://marianoestradavazquez.blogspot.com/
Poemas recreados: http://groups.google.com/group/paisajes-literarios
¡Hola, Mariano! Preciosos y sentidos versos y prosa. Mis recuerdos se mecen entre braseros y el runrún de la máquina de coser de mi madre, que no paraba quieta horas y horas. Más tarde apareció mi hermanita y el mundo se iluminó. Comenzaba una nueva vida de juegos y complicidades, cánticos y rabietas ¡Ya no estaba tan sola¡ ¡Felices recuerdos y feliz Navidad! Ascensión.
Hola, Ascensión: donde tu madre se ponía a coser a máquina, la mía cogía la rueca, o las agujas de hacer punto. Y no tuve que esperar a una hermanita, tenía dos por delante, además de un hermano. Luego vendría la pequeña, cuando yo tenía diez años, y fue el juguete de todos... Gracias por contar esas cosas tan entrañables y llenas de nostalgia. Aunque son diferentes, son esenciamente las mísmas que las mías. Felices fiestas y un abrazo.
Saludos apreciado Mariano,no he tenido mucho tiémpo debido al trabajo,para
ponerme en contacto con usted,pero he podido leer
los correos que me mandas.
Ya sabe que me gusta todo lo que escribe,pero los versos,eso es cosa aparte,
usted es todo un poeta.
Aprovecho la ocasión para darle de nuevo las gracias por seguir acordandose de mi,
y de desearle a usted y a los suyos una muy feliz navidad y un prospero año nuevo.
Aladino
Aquellas madres de zonas rurales en tiempos de privación o grave escasez de la posguerra, madres de familia numerosa las más de las veces, verdaderas heroínas silenciosas, que dedicaban todas las horas del día y de la noche al cuidado de los hijos, a los quehaceres de la casa y a las tareas del campo. Obligadas por la necesidad, tuvieron que hacerse expertas en todo lo concerniente a la satisfacción de las necesidades de vestido y alimentación de los suyos. A las tareas de lavado y limpieza de la ropa debía preceder la confección de la ropa misma y las tareas de guisar o cocinar alimentos solo eran posibles tras el largo y laborioso proceso de obtención de los mismos.
A esas heroínas que fueron nuestras madres
Dócil el bieldo en su mano
cuántas veces en la era
crecían la montonera
de sueños hechos ya grano.
Y aquel quehacer del verano
en mi recuerdo se abraza
con el horno y con la hogaza
del pan esponjado y tierno
que frente al hambre en invierno
nos daban como coraza
Un abrazo
Santos
Amigo Aladino: gracias por esas palabras generosas que tanto calor desprenden en estos días de frío. Me alegra saber que la poesía tiene unos seguidores tan incondicionales. Desde la luz del mediterráneo te mando mis mejores deseos para estas navidades. Que te sientas abrigado por el calor de los tuyos. Y por la lírica. Un fuerte abrazo
Hola, Santos: tu canto a las madres de la posguerra, nuestras madres, no tiene ni un ápice de hiperbólico. No sabes hasta qué punto estoy de acuerdo con él. Fuerom ellas, con su abnegración y su entrega, las que tiraron del carro hasta sacarlo del atolladero en que nos habíamos metido. Me sumo a ese homenaje con gusto, compañero. Gracias por ponerlo de comentario en este Blog. Es un perfecto complemento de la cazuela compartida. Un abrazo