
Foto de Fernando Medrano
El árbol seco
Se me han secado las ramas,
mis hojas fueron al viento;
la savia ya no me corre,
pero hay dolor en mi cuerpo.
Me duele un hombre ¡fijaos!
que vino a mí sin aliento;
que ató una cuerda a mis ramas
y la pasó por su cuello.
Nos ha juntado el destino
para ponernos de ejemplo;
Yo me sequé por mandato
para esperarle, ya seco.
¡Me pesa tanto este hombre
cuya conciencia sostengo!
Yo no sabía siquiera
que la conciencia era un peso.
Las hojas ya se me han ido,
la vida ya no la siento.
Pero me duele este hombre
que vino a ahorcarse ya muerto.
Del libro “Tierra conmovida”
Mariano Estrada www.mestrada.net Paisajes Literarios
Blog: http://marianoestradavazquez.blogspot.com/
Poemas recreados: http://groups.google.com/group/paisajes-literarios
¡Ay, Marito! Tú dices que el poema es triste, ¡y a fe mía que lo es!
Triste, triste, pero tan triste como maravilloso. Difícil imaginar tristeza más sublime.
Me ha llegado tan adentro tu poema que yo misma soy ahora el árbol y el ahorcado, ese hombre tan triste que ya estaba muerto antes de matarse. Me has hecho llorar, querido Mariano, de pura emoción. ¡Y esa enorme solidaridad árborea! ¡Cómo escapar a su poderoso influjo, si ha echado raíces en mi pecho!
Marito, si tú no existieras, ¿quién me dejaría siempre pasmada y conmovida, como tu tierra?
Yo también te envío un abrazo alegre, para compensar la pena.
Y un beso, por supuesto.
Lidia
Es profundamente triste este poema, se hunde en el alma como las raices secas de los árboles, se hace pesado como las conciencias envenenadas... se convierte en una nube gris, como el dolor de la desesperación ciega.
Un trozo de tu alma, un mensaje desde el corazón. Gracias y un abrazo.
Por cierto, ya estoy mejor, pero aún falta.
Hola, Lidia:
Tu comentario me ha dejado "boquiabierto, desverbado, humildemente desnudo". Por lo tanto, no debería añadir ni una sola palabra más. Pero lo haré, aunque sólo sea para darte las gracias por esa enorme expresión de cariño que acabas de regalarme. Y por las lágrimas que han salido de esos ojos tuyos, azules, hermosos e inocentes.
Un beso tierno, como las hojas de roble en el principio de la primavera.
A veces no somos conscientes de los servicios y favores que nos prestan los árboles: sombra, leña, alimento, vista, protección, seguridad, arte, estética...En este caso, además, sirvió para que un hombre se encontrara con su destino. Un servicio que nadie quisiera tener que prestar.
Gracias por tus palabras, señor anónimo. Hoy el segundo de la serie.