Lunes, 21 de junio de 2010

Foto tomada de internet sin ?nimo de lucro

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Saramago: el hombre ?ntegro

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Confieso que Jos? Saramago, con quien he compartido y comparto muchas ideas y sentimientos, no ha sido para m? una referencia literaria, como en su d?a fue Fernando Pessoa. Es verdad que es autor de un libro generalmente aplaudido (y a pesar de ello excelente), llamado ?La balsa de piedra?, por el que ya tendr?a derecho a un peque?o rinc?n en el Parnaso. En dicho libro relata un hipot?tico desgajamiento de la Pen?nsula Ib?rica del continente europeo y su consiguiente deslizamiento hacia el rojo de nuestra Am?rica del Sur, con el anecd?tico peligro de llevarse por delante a las Azores. A partir de esa idea brillante, expone y desarrolla una met?fora sencilla, pero m?gica y luminosa.

Luego vino una sucesi?n amplia de t?tulos, de los que yo s?lo podr?a hablar de unos pocos, naturalmente. Por ejemplo: de ?Todos los nombres? (1997), libro que le? con mucho gusto, o de ?El Hombre Duplicado? (2003), que me pareci? una especie de fraude. Tanto es as? que ya no recuerdo nada de las peripecias de aquel profesor. Desde entonces, estuve mucho tiempo sin prestar atenci?n a los libros de este portugu?s universal que, como consecuencia de la prohibici?n en su tierra de ?El Evangelio seg?n Jesucristo? (1991), -que le llev? en volandas a la fama-, hab?a venido a residir en Lanzarote, donde ha estado hasta el fin de sus d?as acompa?ado por su mujer y donde ha tenido una prol?fica vida literaria.

En 1998 recibi? el espaldarazo del N?bel de Literatura por su libro ?Ensayo sobre la ceguera? (1995) y, a partir de ese momento, se desat? en el mundo una gran parafernalia de admiraciones, adulaciones, manifestaciones p?blicas, apoyos ideol?gicos, rechazos viscerales, cr?ticas acerbas y viperinas, as? como toda suerte de?? entrevistas, conferencias, ensayos,? art?culos?(Un aspecto negativo del mayor premio literario del mundo es que, a ra?z de obtenerlo, el autor -y no me refiero a Saramago, sino a cualquiera- desplaza un tanto a su obra para convertirse en personaje de sus lectores y, en general,? del mundo de la comunicaci?n).

Pero m?s all? del ?mbito estrictamente literario, del que, no obstante,? ?l no se quer?a diferenciar, Saramago me ha parecido siempre un gran hombre, aunque este concepto suene mucho a t?pico. ?Por qu?? Fundamentalmente, por la concordancia entre sus dichos y sus hechos. Es decir, por su integridad como persona. Y ello aunque estuviera equivocado en sus creencias, como algunos aventuran. Por cierto, los que eso dicen, ?tienen la patente sobre la verdad? ?Por qu? saben que estaba equivocado? ?Qui?n se atreve a asegurar que un hombre ha vivido o vive equivocado cuando no ha hecho otra cosa en la vida que ser fiel a s? mismo y a sus ideas? ?No hacen otros igual, aunque sea en sentido contrario o divergente? Yo tiendo a creer que todos nos equivocamos a menudo y todos acertamos a veces, dependiendo de los casos y de las cosas y de las circunstancias. Nada m?s inhumano que la infalibilidad que le atribuyen al Obispo de Roma, cuando habla ?ex c?tedra?.

Desde estas breves l?neas, y con motivo de su muerte, yo le quiero desear un buen viaje hacia lo inescrutable, donde sin duda se ver? liberado del peso de ser alguien en este mundo nuestro, lleno de aciertos y de errores, de injusticias, de miserias y de belleza, que es donde realmente tiene asegurada la memoria por much?simos a?os ?Por toda la eternidad?? Especialmente en Espa?a y Portugal, los pa?ses para los que ?l so?? una convergencia tel?rica con el Sur, los pa?ses que tal vez un d?a debieran ser uno s?lo.

Requiescat in pace.

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La inexorable

Viene con lentitud,
casi con parsimonia,
pero, como ave de rapi?a
que no suelta la presa,
va minando el impulso
de nuestra sangre, socavando
la firmeza del coraz?n
y rest?ndole br?os
al ind?mito potro del esp?ritu.

Nadie la invita, ella sola
se mete por las grietas insondables
de la fontaner?a corporal
y, lentamente, va quemando astillas
del poblado almac?n de las neuronas.

Y de la piel, que se resiente,
y de la carne, que se humilla,
y de todas aquellas ilusiones
de la ardorosa juventud
que, resignadas, buscan junto al fuego
un tranquilo rinc?n para dormir.

Del libro ?Gotas de hielo?

Mariano Estrada www.mestrada.net Paisajes Literarios

Blog http://paisajes.blogcindario.com

Poemas recreados: http://groups.google.com/group/paisajes-literarios

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Publicado por Mariano.Estrada @ 18:54
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Comentarios
Publicado por Invitado
Lunes, 21 de junio de 2010 | 19:41

Un poema acorde con el personaje, porque Saramago ya era eso, como bien has descrito, había superado a su obra, de forma consciente o no, pero inexorable, como también lo ha sido la evolución de sus creaciones hacia un estilo propio que podía cautivar u horripilar. Inició el camino a lo inescrutable, me ha gustado, fantástica descripción, y me preguntaba, tendrá entrada en ese paraíso que describió en su último libro, Caín? debería ser, porque en él, al menos, gobernaba el sentido común y la mortalidad (no he dicho moralidad).Saramago en una de esas entrevistas que ya anticipaban lo inexorable decía que cuando muriese que su último libro fuera de los lectores, no sé si lo entiendo muy bien, pero todos sus libros son de los lectores, y eso os pasa a todos los que escribís para dejar algo de vuestro interior al mundo, que deja de perteneceros, y pasa a ser de otros y aquí queda prevaleciendo al tiempo y al adiós, como, inexorablemente también te ocurre a tí, Mariano. Un abrazo

Publicado por Invitado
Lunes, 21 de junio de 2010 | 21:24

Querido Mariano:

Me alegra leer un homenaje tan cálido a uno de los grandes grandes, como tú dices. Echo en falta alguna referencia a "Las intermitencias de la muerte". Ésta fue mi lectura de acercamiento a Saramago. Me fascinó cómo es capaz de combinar el pensamiento con la novela. Siempre he sido de los que creen que muchas novelas no aportan nada a la humanidad, salvo entretenimiento (que ya es). Para mí, el verdadero escritor debe tener un lado de compromiso, de crítica, de desmontar prejuicios... Y "Las intermitencias de la muerte" es la mejor novela en donde se reflexiona y medita sobre un fenómeno inevitable: el acto de morir. Y de repente, en un pueblo nadie muere... ¿Llegaremos a desear la muerte?

Recibe un cálido abrazo de un filósofo de periferias.

Agustín Zaragozá

Publicado por Mariano.Estrada
Martes, 22 de junio de 2010 | 11:03

Querido Invitado Anónimo:

Me ha gustado mucho tu comentario, pero da un poco de rabia no saber quién eres, sobre todo porque no sé a quién dirigirme al contestar. Y aunque es verdad que las formas me resultan familiares y el trato cercano, no puedo arriesgarme a ponerte nombre ni cara, porque a lo mejor me equivoco.

Quiero decirte, sin embargo, que estoy muy de acuerdo con lo que dices, especialmente en lo referido a los libros, ya que una vez publicados pasan a ser de los lectores.

Un abrazo

Publicado por Mariano.Estrada
Martes, 22 de junio de 2010 | 11:23

Hombre, Agustín:

Ya tenía ganas yo de cruzar una parrafada contigo, tal como hicimos pródigamente en  tiempos no muy  lejanos. En realidad tengo ganas de saber algo de ti, de tu filosofía, de tu trabajo, de tu vida. Lo poco que sé es a través de JMP y últimamente no se prodiga demasiado en este sitio.

Ya veo que Saramago te resulta cercano y que sientes por él mucho respeto. Me alegra que con tu comentario hayas añadido a mi modesto homenaje una parte esencial de su obra, la del pensamiento que tiene vida propia dentro del intríngulis de la novela,  la del compromiso personal, más allá de las normas y los convencionalismos y, por supuesto, las reflexiones en torno a la muerte.

Recibo tu abrazo con gusto, como espero que tú recibas el mío.

Publicado por Invitado
Martes, 29 de junio de 2010 | 16:22

Hola, Mariano, saludos y recuerdos desde Kiev....

Gracias por tu articulo del escritor que destaque para mi por dos cosas: porque sus personajes hablan y actuan como personas en la vida de verdad y en cualquier libro suyo a cada pagina uno encuentra frases o cosas que exacmanete asi ha dicho o ha hecho. y porque al leer su HISTORIA DEL ASEDIO DE LISBOA me enamore de esta ciudad.