jueves, 27 de mayo de 2010


Fotografía de Fernando Medrano


El camino


Cuando releo algún poema de “Mitad de amor, dos cuartos de querencias”, que fue el libro de mi desfloración lírica, siento entre nostalgia y ternura. Nostalgia, en razón de aquellos años ochenta, tan benditos. Y ternura, en razón de la elocuente ingenuidad expresiva. El poema que dejo hoy aquí podía ser mejor, qué duda cabe, pero difícilmente podría ser más puro y candoroso, más transparente y más tierno. En cierto modo, me parece el poema de un niño. Un abrazo


El camino

 

Yo fui una vez un camino

que a algún lugar conducía.

Yo sabía algunas cosas

sin saber que las sabía.

 

Y camino llegué al monte

donde está la libertad,

pero allí miré más alto,

monté el aire, fui a volar.

 

Y crucé por una nube

de una vasta soledad,

hasta llegar a ese olvido

donde los dioses están.

 

Ahora busco en el recuerdo

de mis pasos el pasar,

más no sé donde empezaron,

no recuerdo adónde van.

 

Tan sólo a veces recuerdo

que fui camino una vez,

que sabía algunas cosas

y que ahora no las sé.

 

Del libro “Mitad de amor, dos cuartos de querencias” (1984)


Mariano Estrada www.mestrada.net Paisajes Literarios
Blog http://paisajes.blogcindario.com
Poemas
recreados: http://groups.google.com/group/paisajes-literarios

 


Tags: camino, monte, libertad, cosas

Publicado por Mariano.Estrada @ 19:56
Comentarios (6)  | Enviar
Comentarios
Publicado por Invitado
jueves, 27 de mayo de 2010 | 20:52
¿Y es que alguna vez dejaste de ser niño?, ¿perdiste esa chispa en la mirada de la infancia?, ¿te olvidaste del cascabeleo de tu risa?, ¿dejaste en algún lugar la ingenuidad de tus juegos?. No, Mariano, aunque no lo creas tienes mucho de ese tiempo. El día que no lo tengas, ya no serás tú.

Un abrazo
Publicado por Mariano.Estrada
jueves, 27 de mayo de 2010 | 21:31
Querido invitado anónimo: tengo que declarar que no sé quién eres, pero también que me siento reconfortado ¡Pero qué cosas tan bonitas me dices! Creo que tienes razón, al menos en parte. Hay algo de mí que se resiste a dejar de ser niño.Y no me pesa nada, te lo puedo asegurar. Gracias por la fotografía que me has hecho. Un abrazo
Publicado por Leo Salvador
viernes, 28 de mayo de 2010 | 7:58
¡Que bien te expresas,Mariano! Creo que seguimos siendo camino hasta que se nos presenta esa señora tan desagradable al final de nuestros días. Tú ya me entiendes. Los poetas tenéis la suerte por medio de la poesía de sentir mucho más todo lo que os rodea y enriquece muchísimo vuestras percepciones. Por eso me gusta leerte. A veces no entiendo todo lo que expresas, pero casi siempre me emociona.
Y de una vez por todas a ver cuando encuentras EL CAMINO de Madrid y nos podamos dar un abrazo.
Publicado por Mariano.Estrada
viernes, 28 de mayo de 2010 | 11:32
Hola, Leo: encantado de leerte. Gracias.
A esa señora a la que te refieres yo la he llamado en un poema “La inexorable”. Y es verdad, hasta caer en sus brazos no se acaba el camino. El problema es que a veces no sabemos por qué camino vamos, a veces lo perdemos, a veces llegamos a encrucijadas y erramos en el camino a seguir… Y a veces lo hacemos al andar, como les dijo Machado a los caminantes.
El camino a Madrid no me es precisamente desconocido, pero últimamente lo tengo un poco relegado. Mis hermanas me lo dicen también, así como algunos compañeros de un Camino pasado, a los que tú conoces. Todo ello, y las ganas que tengo yo, me sacará de la cueva. A ver si pudiera ser este verano…
Un abrazo
Publicado por Invitado
viernes, 28 de mayo de 2010 | 19:36
Todo es mejorable, Mariano, pero el poema de hoy, tú mismo lo has definido: el poema de un niño. ¿Habrá algo más difícil que expresar que la ternura e ingenuidad de un niño, después de haber hecho tantos Kms por esos caminos de la vida que nos curten y roban poco a poco el que todos debiéramos llevar siempre dentro? Pues tú lo has conseguido, me ha gustado mucho, maestro, y como aquí tienes un alumno surrealista y parlanchín, te va a hacer un poemín.

Yo también fui un día un camino
Pero cuando me dí cuenta
la cantidad de vacas que pasaban por allí
cambié la tranquilidad por el bullicio.


Vine a la ciudad en busca de la aventura
Y encontré una adox y dos burrus
¡¡¡ que cambio Dios mío, papeles y números
por vacas y mulos!!!

Pero aquí hay más comunicación,
A pesar de no conocer ni al vecino,
aunque luego en el bus el coloquio está servido,

¡¡¡qué hermosa es la ciudad, con sus
Frenazos y pitos, otra vez que nazca
no dejaré nunca de ser camino.

JMP
Publicado por Mariano.Estrada
lunes, 31 de mayo de 2010 | 17:36
Hola, José Miguel:
No sé si el humor es exactamente un camino (supongo que lo es para los que lo tienen como profesión). De lo que sí estoy seguro es de que es un buen compañero de viaje. Y más en estos tiempos que corren, que están llenos de angustia y de preocupación.
El poema no es demasiado surrealista, pero tiene un toque. En todo caso, se entiende muy bien lo que dices...En la actualidad hay mucha gente que quisiera volver a esos caminos de vacas, de los que salimos hace algunos años con excesiva precipitación. A mí me siguen gustando más los caminos de herradura que las autopistas de velocidad, sean o no de pago.
Gracias por el comentario.
Un abrazo