jueves, 28 de enero de 2010


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La noche y los tranvías de Madrid


La noche, que sin duda es hermosa no sólo para los poetas y los enamorados, sino también para el conjunto de la humanidad, puede ser un tormento para muchísimas personas. En estos días de fríos, de lluvias, de nieves y de hielos, que en algunos lugares dejan temperaturas extremadamente bajas, las noches al raso son insoportablemente horrorosas. Desde luego, poco lirismo percibirán, en los pálidos resplandores de la luna, los que duerman acurrucados entre cartones debajo de un puente o en el frío anteportal de un edificio o en los entornos apestosos de la basura.

El poema que dejo hoy aquí, trata sobre este gélido asunto. Debió de ser publicado en el libro “Mitad de amor, dos cuartos de querencias” (1984), pero quedó durmiendo sus días y sus noches en la oscuridad de un cajón, como tantos otros, y ahora su autor no sabría explicar el porqué. Es más, hoy suprimiría algunas partes de ese viejo libro y, sin embargo, incluiría este poema. No es que se salga de bueno, pero tiene su gracia. Hay que verlo con los ojos de hoy, por descontado, pero sabiendo las lógicas limitaciones de un recién iniciado en los altos secretos de la lira. Lo escribí en Villajoyosa, ciudad en la que vivo, pero el escenario de mis pensamientos era la Ciudad Lineal de Madrid, donde viví algunos meses y donde solía tomar el tranvía que paseaba su ruidosa lentitud por la entonces destartalada calle de Arturo Soria, hoy habitada por millonarios (1).

Un abrazo

 

La noche

 

Olvida la noche,

-la más aterida-

que el alba deshoja el misterio

que oculta su manto a la vida.

 

Abierto un boquete,

converge la luz en el día.

Destapa los sueños

-algunos-

Algunos reciben la aurora

subiendo al tranvía.

Rozando la brisa temprana

¡tan fría!

 

La noche no ciega ventanas

que abriguen los puentes

helados.

Ni sueña comidas

que llenen los vientres

cansados.

 

La noche engalana a la luna

-la suya-

con luz delicada.

La noche derrama el silencio

que guardan las casas.

Y bullen en él otras lunas

de luz apagada.

Lunas de cuerpos errantes,

sombras oscuras

sin cama.

 

Mariano Estrada 1975 www.mestrada.net Paisajes Literarios
En facebook: http://www.facebook.com/marianoev1?ref=profile
En Blogger: http://marianoestradavazquez.blogspot.com/ El futuro está en las rosas

(1).-

Mis recuerdos sobre los viejos tranvías de Madrid llevan aparejados otros muchos recuerdos, uno de ellos es el de “La novela en el tranvía”, de Benito Pérez Galdós.


Tags: noche, Madrid, tranvías, luna

Publicado por Mariano.Estrada @ 9:28
Comentarios (4)  | Enviar
Comentarios
Publicado por Invitado
jueves, 28 de enero de 2010 | 17:10
Los tranvías tienen un algo de nostálgico siempre...
Guadalupe
Publicado por Mariano.Estrada
jueves, 28 de enero de 2010 | 17:25
Ya lo creo, Guadalupe, sobre todo para quien ha subido tantas veces en ellos...
La primera vez que yo vi un tranvía fue en Garanada. Tenía diez años. Era una especie de final de recorrido, pero no había estación. Símplemente se acababan las vías. El tranvía estaba allí, parado, y yo no podía entender como aquel pequeño monstruo daba la vuelta...
Han pasado 52 años desde entonces, y el tranvía es ya una nostalgia.
Un abrazo
Publicado por Invitado
jueves, 28 de enero de 2010 | 20:20
Que recuerdos Mariano. El Madrid de mi infancia tenía tranvias y trolebuses. En sus railes, las chapas, se aplastaban facilmente y así, jugar con ellas era más fácil. Hoy en Madrid ya no hay tranvías, ni niños jugando a las chapas en la tranquilidad de unas calles apenas transitadas. Hay muchas otras cosas bellas y atrayentes, pero ya, no hay tranvías.

Me gusta tu artículo.
Un abrazo.
Mairena
Publicado por Mariano.Estrada
jueves, 28 de enero de 2010 | 21:14
Hola, Mairena:
Al poco de llegar yo a Madrid se estrenaba la película "Estambul 65", cuyo protagonista era Horst Buchholz ¿La recuerdas? La ví en el mejor cine de la Gran Vía, el Coliseum. Después vinieron otras, como el Graduado o el Coleccionista...Había tranvías, por supuesto, y había también trolebuses. Viví en Madrid hasta el principios de 1973, un poco antes de Semana Santa...
Fíjate tú por dónde podíamos haber coincidido en uno de aquellos cacharros. Por cierto, otra película famosa de aquellos tiempos fue precisamente la de "Aquellos chalados en sus locos cacharros"...Por el cine los conoceréis, por el cine sabréis la edad que tienen... Yo tengo 62, harto estoy de decirlo.Lo que indica una cierta proximidad con los 63...
Me ha extrañado un poco verte por aquí, pero me alegro. Un abrazo