martes, 09 de junio de 2009
La música del mar

El Charco, Villajoyosa. Foto Mariano Estrada
La música del mar
Verano de calor, levante,
alta noche de agosto.
Es la hora del cierre para
las últimas bombillas,
los pensamientos, el ordenador
las puertas de la casa.
Al cerrar la más íntima,
se me pone en los ojos el jardín
con el deseo irrefrenable
-tal vez inoportuno-,
de contemplar la noche.
Salgo, pues, al jardín,
donde me dejo penetrar
por el silencio hondo
de la naturaleza,
que apenas contradicen
-como lejanas melodías-
los monótonos cantos de los grillos.
Conteniendo el aliento,
intento oír las bramas musicales
de esa masa sinfónica,
ese espejo sonoro
que veo desde aquí
bajo una luna pálida y mojada.
Naturalmente,
tengo clara conciencia de que
es la hora del sueño.
Pero el sueño se ha ido de mis ojos,
de pronto estimulados
por un canto hechicero y atrayente
que me anula y me arrastra y me libera.
Y es en ese momento cuando
-con mucha precipitación
y escaso disimulo-,
me encamino hacia el mar
con el explícito deseo
de dejarme mecer por sus ronquidos
Y bien que lo he logrado, tengo
todo el mar para mí. Soy suyo.
Ligero de equipaje,
y sin otra liturgia que una
completa desnudez,
vacío el pensamiento y
me dejo acariciar
por un agua apacible
que, al arrastrarse por la orilla,
me pone en los oídos esta música,
rasgada y venenosa
que, ya al salir el sol,
he traído a la cama.
Riiiiis, raaaaas….., riiiis, raaaaas….
Oyéndola me acuesto y, por primera
vez en los últimos insomnios,
he sentido la vida como celebración
y no como derrota.
Del libro “Las orillas del mar”
Mariano Estrada www.mestrada.net Paisajes Literarios
Blog http://paisajes.blogcindario.com
Poemas recreados: http://groups.google.com/group/paisajes-literarios
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Un abrazo
La música del mar, dices, cuando la noche llega y el mar es un fondo infinito y negro. Y sólo llega la música de las olas blancas, una y otra vez, con una monotonía adormecedora.
Y las gaviotas tocando su violín al amanecer sobre el fondo grave de la música del mar. No sé tú, Mariano, pero cuando paseo por la orilla de la playa y oigo el fondo persistente de la música del mar, siempre imagino una melodía de violines subiendo, jugando con las aguas. Pienso en Andrés, paseando con sus cascos por la playa, y veo a Vivaldi y sus violines levitando sobre el fondo grave de las aguas.
Qué suerte la tuya, Mariano, durmiéndote con la música del mar. Por aquí habla el viento y las hojas de las cepas en cánticos de vinos nuevos.
Algún día me tendrás que enseñar la música del mar. Un abrazo. luis
Ya sabes que la naturaleza y el paisaje me tienen absolutamente rendido. Amé, y amo, el paisaje de mi tierra de nacimiento. Y aprendí a amar, y amo, el paisaje de mi tierra de adopción, en el que el mar y la luz tienen una importancia superlativa. Y sí, es una suerte vivir al lado del mar, como tú bien dices. Gracias por tu precioso comentario. Un abrazo
EL MAR, COMO REMANSO DE LA TIERRA
Cansado de la tierra vine al agua
del mar, como a una Tierra Prometida.
Aquí mi corazón volvió a la vida,
al beso de la luz mediterránea.
Se alzó sobre las olas, viento y ala
de un barco sin timón, a la deriva.
Y fue potera y pez, arpón, herida,
rumor de tempestad y mar en calma.
Y ya sobre el azul, gaviota blanca,
sintió la sed del mar en tal medida
que quiso hacerse sol y se hizo alga.
Al filo de una roca puse el alma,
que fue, como la arena, sacudida
por cantos de sirena hacia la playa.
Mariano Estrada, del libro “Tierra conmovida” (1987)
No veas cómo me asalta la envidia de ese inmenso mar entero para ti. Alguna vez al año tengo la suerte de quedarme dormido mientras las olas del mar, como una niñera que nunca falla, llenan el silencio de la noche y se vuelven canciones de cuna que te invitan al sueño. Pero cuando el sueño es esquivo las olas del mar te invitan a otra cosa, como a ti; a asomarte al inmenso balcón de la noche. Lo importante es que la mar inspire celebración, la celebración de estar vivo, y no la derrota de saber que las olas seguirán batiendo una y otra vez, una y otra vez sin descanso, mucho después de que hayamos partido de este mundo extraño.
Un abrazo.
M. Aranda.
Hacía mucho tiempo que no asomabas la patita por este Blog, en el que siempre serás bien recibido, manque seas del Betis. Comprendo el trago que estáis pasando en estos momentos, no ya por bajar a segunda, sino por tener que aguantar las chanzas de los sevillistas…
El mar como celebración. Por supuesto. Tengo un amigo que se puede pasar horas enteras sin hacer otra cosa que mirar al mar. Imagínate si un día tiene que ir a vivir a Madrid, por ejemplo ¿Cómo iba a perdonarle a la carretera un solo fin de semana?
Gracias por tu comentario. Y no te preocupes mucho, el año que viene el Betis volverá a estar en el sitio que por categoría y por buen fútbol se merece…
Un abrazo

