viernes, 03 de abril de 2009

Poemas a las manos


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Poemas a las manos

 

Queridos amigos:

 

Hace algún tiempo colgué en este Blog un post titulado “Poesías a la luna”. El título se lo robé a una joven madrileña, llamada Jade, que es miembro del foro “Las nieblas de Avalon”, donde ella lo había colgado con un poema mío. Curiosamente, por aquellos días yo había creado un hilo en el foro “Ábrete libro” bajo el título “Poemas con la luna dentro”, que no es exactamente lo mismo, aunque lo pudiera parecer. En el primer caso, se trataría de juntar, uno tras otro, los poemas que, a lo largo del tiempo, se le han escrito directamente a la luna. En el segundo caso, bastaría con que en un determinado poema hubiera una alusión a la misma.

 

Idéntica distinción podíamos hacer con las manos, que, en cierto modo, son también lugares comunes para poetas, dibujantes, pintores, escultores, fotógrafos...

 

Es interesante comprobar la importancia que tienen las manos en la poesía. Yo no era muy consciente de ello hasta que la casualidad me hizo ver que he escrito no pocos poemas en los que las manos tienen una importancia relevante, e incluso esencial, bien como protagonistas indiscutibles, bien como elementos necesarios en el desarrollo de una historia determinada.

 

Y es que los mortales necesitamos las manos para tantas y tantas cosas…

 

Por ejemplo:

 

Para sembrar

 

Con mano pendular, sincronizada

al ojo, al corazón y a la rodilla,

el hombre desparrama la semilla

del trigo, del centeno o la cebada.

 

Para hacer tratos:

 

La mano fue el juramento

de la sangre

para sellar la palabra.

El corazón un testigo insobornable.

La garantía era el alma.

 

Para abrazar:

 

Mis manos son dos tenazas

para abrazarte,

pero tu cuerpo es figura

que en la aventura

se parte.

 

Para iniciarse en el amor:

 

“Poco a poco mi mano

cayó sobre la tuya y ¡zás!

Así llegó el instante

en que tembló la tierra”

 

Para acariciar:

 

“Yo te ofrezco las manos para

que sean servidumbres de tu piel

y logren con sus dedos la constante

recreación de la caricia”

 

Para ponerse al servicio de la pasión:

 

“Y te cubro de seda hasta que

el peso de mis manos

estimule los potros de tu piel

y de nuevo la bestia nos exalte”

 

Para aceptar proposiciones:

 

¿Te atreves a mirarme,

sentarte junto a mí, tomar mis manos

y darme tu silencio en esta noche infinita?

 

 

Poemas a las manos, propiamente:

 

Serían aquellos en los que las manos se yerguen como protagonistas ¿Las dos? Pues, mira, no, parece ser que las manos no salen siempre juntas. Y hasta puede que, en ocasiones, tenga más fuerza una sola. Pruébalo, si quieres, pegando un puñetazo sobre la mesa.

 

Dejo aquí un par de representantes. Con licencia para criticar. Y con un abrazo.

 

 

Tus manos

 

No tienen sitio tus manos

entre mis manos.

No tienen sitio.

 

Porque sus leves temblores

no son de amores,

sino de frío.

 

Las manos enamoradas

no están calladas.

Hablan a gritos.

 

Tus manos están vacías

y entre las mías

no tienen sitio.

 

Del libro “El cielo se hizo de amor”

 

 

La mano

 

Se me ha encogido esa mano

que tuve siempre tendida,

pues si la fe no me falta

me va faltando la vida.

 

Espero con los que esperan

una inminente partida,

sereno, sin hacer sombra

y con la mano encogida.

 

La mano que estuvo llena

de corazón y caricias,

la que regando las flores

se fue quedando marchita.

 

De la serie “Expresiones propias”

 

Mariano Estrada www.mestrada.net Paisajes Literarios

Blog http://paisajes.blogcindario.com

Poemas recreados: http://groups.google.com/group/paisajes-literarios

 


Tags: poemas, manos, caricias, sembrar

Añadir comentario


Mariano, me encantaron tus Poemas!


Hola, Romi:
Tu comentario me ha alegrado esta mañana de domingo que, por cierto, es un tanto agrisada.
Gracias. Un abrazo


DEJAME SUELTAS LAS MANOS
Pablo Neruda


DÉJAME sueltas las manos
y el corazón, déjame libre!
Deja que mis dedos corran
por los caminos de tu cuerpo.
La pasión —sangre, fuego, besos—
me incendia a llamaradas trémulas.
Ay, tú no sabes lo que es esto!

Es la tempestad de mis sentidos
doblegando la selva sensible de mis nervios.
Es la carne que grita con sus ardientes lenguas!
Es el incendio!
Y estás aquí, mujer, como un madero intacto
ahora que vuela toda mi vida hecha cenizas
hacia tu cuerpo lleno, como la noche, de astros!

Déjame libre las manos
y el corazón, déjame libre!
Yo sólo te deseo, yo sólo te deseo!
No es amor, es deseo que se agosta y se extingue,
es precipitación de furias,
acercamiento de lo imposible,
pero estás tú,
estás para dármelo todo,
y a darme lo que tienes a la tierra viniste—
como yo para contenerte,
y desearte,
y recibirte!

Pablo Neruda


Vaya, ha entrado Pablo Neruda... Lo que pasa es que lo ha hecho como anónimo... veneciano.
Como no sé a quién dirigirme, digo: conozco ese poema de Neruda. Es fuego puro.
Un abrazo