
Queridos amigos:
Este poema fue escrito cuando la crisis no había entrado en big bang, aunque éste se acercaba a pasos más bien agigantados. Tengo viva memoria de que, al hablar de ella en conversaciones corrientes y molientes, pero en términos muy crudos, la gente me miraba todavía con ojos de incomprensión, ya que no de incredulidad, especialmente si eran empleados de la banca. Pero, ¿cómo no iban a hacerlo si el Gobierno negaba la mayor y la palabra crisis no sólo era innombrable, sino que había sido borrada del diccionario mental del Presidente?
Está claro que las cosas han ido peor de lo que los más pesimistas auguraban, pero conviene recordar que había elementos suficientes como para haberse puesto a temblar, cosa que sólo se hizo con la quiebra de Lehman Brothers.
Sarkozy, entonces flamante Presidente de la Unión Europea, no había empezado la frenética actividad que luego tendría en este asunto, entre otras cosas porque la crisis no había hecho eclosión, como digo, y porque, además, andaba un tanto embotado bajo los efectos de un amor nuevo.
Por cierto, las hipotecas basura de los EE.UU –aquellas que, bajo el nombre de Ninja, no iban a tener en España ninguna incidencia perniciosa- se habían distribuido ya por el mundo, envueltas en cómodos paquetes y avaladas por las agencias de rating, como sabe muy bien Leopoldo Abadía y, a estas alturas de la crisis, también su vecino de San Quirico.
Un abrazo
La crisis
Hay crisis. Sangran
las antiguas heridas, pero
¡que le vamos a hacer!
se han abierto otras nuevas.
Ya no sólo es el alma,
insatisfecha y melancólica,
de los espíritus inadaptados,
insertada con pinzas en los
fangos impuros de la sociedad,
sino el bolsillo terrenal,
fiscalizado y compungido,
de los contribuyentes.
Digamos que la crisis
-tan bien acomodada en el lirismo
confeso de los tristes-,
se ha instalado en la prosa
elemental de cada día,
para tomarnos de la mano y
racionarnos el pan.
¿Cuántos años hacía
que eran gordas las vacas
y los miedos inexistentes?
¿Fueron hinchados los ladrillos
a base de clembuterol?
¿Fue engordado el sistema financiero
con una persistente
ingesta de anabolizantes?
¿Son cíclicas, las crisis?
¿Se ajustan a las viejas
ideas filosóficas
del eterno retorno,
o alientan, por catarsis,
un crecimiento en espiral?
No sé, las crisis son los sueños
del faraón, las siete
vacas flacas del Génesis.
Pero el ladrillo es el ladrillo
y ha empujado bastante por su cuenta.
Y en esto del ladrillo y las finanzas
¿no hay margen de seguridad,
algo así como un cuanto
del bienestar, multiplicado
por el número pi?
¿Habla usted de conejos
en la chistera? Éstas
son burbujas de la especulación
querido amigo,
globos que nos explotan en las manos
y estampan nuestros sueños
contra la realidad
insoportable de las hipotecas.
¿Nos salvaremos, pese a todo?
Alguien dijo que sí, por los afectos.
Y tal vez el ahorro necesario
-que va a ser franciscano y compulsivo-
obligue a regresar a las cigüeñas
que, en el viejo París de Sarkozy,
hoy se han puesto a la sombra
no ya de las muchachas
en flor, sino de Carla Bruni.
Mariano Estrada www.mestrada.net Paisajes Literarios
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Tags: crisis, burbuja, sistema, financiero