viernes, 23 de enero de 2009


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http://album.miarroba.com/Mariano.Estrada/14/327/


Desde la flor del almendro

 

Cada vez que escribo un libro, cosa que no ocurre todos los días, tiendo a situarme mentalmente en un punto concreto del escenario que pretendo abarcar. Y es desde ese punto desde el que luego realizo las excursiones que requiera cada poema, si es que hablamos de un libro de poesía. Por ejemplo, en el libro “Hojas lentas de otoño”, ese punto era el cementerio de Muelas de los Caballeros. Cosa natural, si partimos de la base de que allí está enterrada mi madre y el libro es un canto de amor y de muerte.

 

El libro “Desde la flor del almendro”,  cuya inspiración procede de ese maravilloso valle que, pasando por Guadalest, va de Altea a Confrides, tiene su centro neurálgico en los alrededores del Trestellador, en el término municipal de Benimantell. Y, más concretamente, en una masía extraída directamente del libro Años y Leguas, que, para mí, es el mayor prodigio literario de Gabriel Miró.

 

Pues bien, mañana –ciertamente muy bien acompañado-, voy al lugar exacto del crimen, donde espero que, a pesar del frío de este invierno, ya habrán florecido algunos almendros. De momento, he cargado las pilas. Las de la cámara, digo. Porque, para ir a ese valle –hubo un tiempo en que iba muy a menudo-  las mías están siempre cargadas.

 

Ignoro lo que vamos a comer, porque no he sido yo quien se ha ocupado de la reserva, pero juraría sin temor a equivocarme que comeremos olleta de blat. Previamente, andaremos sin prisa los caminos de luz que bordean los  almendros. Y así, envueltos en calma y en belleza,  ganaremos la comida despacio.

 

Dejo aquí los dos  prólogos que  encabezan el libro de marras. Uno de ellos es mío. El otro es de Miguel Ángel Lozano Marco, Catedrático de Literatura Española de la Universidad de Alicante, especialista en Azorín y, seguramente,  el hombre que más sabe de Gabriel Miró.

 

Ah, y también os dejo un pequeño poema ¿Cómo iba a faltar? Sería un poco raro, dado que la poesía es mi revolución particular, perenne y voluntariosa.

 

Un abrazo


 

Prólogo de Miguel Ángel Lozano

 

      De entre los temas poéticos privilegiados por la tradición es posible que el del paisaje sea el que requiera, para su adecuada expresión, una lograda madurez en el poeta. El paisaje no es superficie, sino hondura y densidad, y sólo una prolongada convivencia con él -como sucede en los matrimonios bien avenidos- propicia las claves para su comprensión. Se conoce sólo a costa de entregas, porque no estaremos en el camino adecuado hasta que no comprendamos que el paisaje es el que nos va haciendo a su medida, a fuerza de costumbre.

     Mariano Estrada ha penetrado en el secreto del paisaje. Ha sabido ver que las formas detenidas en un momento no son más que un engaño; que en cada instante todo participa del flujo de la vida; que todo está conmovido por radical dinamismo en un ejercicio de “presunta eternidad”. El poeta como vidente que ha “aprendido a ver en las heridas / su más oculto fondo”, ha calado en ese fondo dionisíaco, eterno y dinámico: en la germinación vegetal, en el aliento del mar y en las tiernas violencias del amor, en la savia y la sangre que se acompasan con un eterno ritmo ignorante de días.

    Y al fin me reconozco en el paisaje, dice en uno de sus versos. La conciencia de sí mismo se resuelve en palabras, y éstas realizan el prodigio de diferenciar en medio de tanta confusión, de re-ordenar un caos primigenio sin traicionar la verdad de los enlaces. Para lograr el prodigio de la diferenciación es imprescindible, además de la conciencia, un lenguaje rico, variado y expresivo. El lenguaje intenta poner orden en esta fusión total del tiempo y la materia. El lenguaje es así vida destilada de los días, de los años vividos, y de las leguas recorridas con atenta mirada; vida destilada que preserva los instantes en que se ha palpitado, no para dar la medida del tiempo, sino para acompasar su ritmo con la eterna pulsación del mundo.

 

 Miguel Ángel Lozano


 

Prólogo del autor

 

     En las breves líneas que ilustran la solapa de mi último libro publicado, Azumbres de la noche, manifiesto que fue escrito donde tiene su aposento la luz, entre las brisas salobres de este undoso Mar llamado Mediterráneo. Lo que entonces no sabía es que el mediterráneo lo llevaba yo dentro, al menos en alguna de sus formas o interpretaciones. Lo supe al esbozar otro libro: el que ahora está en tus manos, lector, pues aparte de la luz o el mar, tan tópicos como ineludibles (tan propicios, por tanto, para la impregnación, la subyugación e incluso la dulía), aparte de "esas cosas", digo, se deja ver el paisaje: ése que yo he aprendido a amar en los 21 últimos años de mi vida: pinos y palmeras, hortales y collados, regatones, trochas, cambroneras... Y especialmente el almendro, con su tronco de vieja soledad, con su flor de luna.

   Ni que decir tiene que el paisaje de mi niñez, tan otro, tan distinto, queda preservado amorosamente en los claros sin tacha de mi alma. Frente a él, y a pesar de tan honda caladura, el mediterráneo es un beso reciente. No se excluyen, no obstante; quizás se complementan; los dos habitan en mí de una forma civilizada y enriquecedora. Eso sí, me duelen ambos porque ambos corren peligro: uno por obligadas incurias, otro por excesivos hormigones.

   Y entre estos dos azúcares de amor, yo, amante pródigo, confieso que un paisaje de almendros -especialmente en un lugar adecuado, como lo son ciertos valles de la Marina (Alicante)-, es de tal belleza que a mí me arrastra a las fimbrias nebulosas de la realidad o íntima frontera del ensueño. Es decir, me deja boquiabierto, desverbado, humildemente desnudo.

   Lo penoso es pensar que sobre estos enclaves milenarios, cargados ya de lastres insufribles, pero bellos aún, pueda alzarse una sentencia última de mutilación o varias más sutiles de velada muerte. Por lo cuál, desde esa flor dulce de luna, cárdena o albina, con toda la belleza subsidiaria del paisaje, yo vindico el almendro no sólo como exaltación de un pasado, sino también y, sobre todo, como parte inexcusable de nuestro destino.

 Mariano Estrada

 

 

 Caía una lumbre mojada en las

copas de los almendros...

 

              Gabriel Miró (Años y Leguas)

 

 


DECURSO

 

Cuando me tiemble el corazón

en las cenizas de la tarde,

mi luz será un cayado

de mareas en

                  constante mar.

 

Sobre ellas andaré,

por cuérnagos de luna,

oliendo a intimidad y a epifanía,

gozando en el jazmín

los atributos de la sombra

o el espeso decurso de la noche

hacia un amanecer

                        claro de almendros.

 

 

Mariano Estrada www.mestrada.net Paisajes Literarios

Blog http://paisajes.blogcindario.com

Poemas recreados: http://groups.google.com/group/paisajes-literarios


 

 Día 24 de enero del 2009: Fuego en La Marina Baixa

 

 El proyectado día de almendros y olleta de blat, se convirtió en un temporal de viento a 120 km/hora y, por causa de éste, en un fuego horroroso que obligo a la evacuación de más de 14.000 personas en la Marina Baixa, concretamente de los municipios de Benidorm, Alfaz, Finestrat, Polop y La Nucía.

Parece ser que el aire derribó una torre de alta tensión y éste fue el origen del fuego. Las consecuencias son graves, por lo que se refiere a viviendas y arbolado. Por fortuna, parece que no hay que lamentar la muerte de ninguna persona.

Un abrazo


Tags: almendro, flor, luz, mar, miró

Publicado por Mariano.Estrada @ 22:06
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Comentarios
Publicado por Lidia
sábado, 24 de enero de 2009 | 1:04
Querido Mariano, a mí también me dejan boquiabierta los paisajes de almendros, con su belleza espumosa y dulciamarga (no sé si existe esa palabra). Asímismo me dejan con la boca abierta la hermosura de tus poemas, su sencillez y su hondura, y el perfume sutil y vehemente de tus versos. "Desde la flor del almendro" será un libro muy bello, y muy bello es también el prólogo que le ha escrito Miguel Ángel Lozano. Os felicito a ambos.

Deseo que tu almendrada excursión sea muy feliz. Ya nos contarás si los almendros estaban o no en flor. ¡Qué enorme belleza!

Besos blancos (y cárdenos :)
Publicado por Mariano.Estrada
sábado, 24 de enero de 2009 | 3:01
Querida Lidia:

No sé dónde hay más lirismo, en mi post o en tu comentario, que, por cierto, es muy generoso. La palabra dulciamarga no sólo existe, sino que tiene unos hondos aromas hernandianos. O sea que te vas a poner contenta. Localiza el soneto “Pena-bienhallada” y allí encontrarás la respuesta:

Ojinegra la oliva en tu mirada,
boquitierna la tórtola en su risa,
en tu amor pechiabierta la granada,
barbioscura en tu frente nieve y brisa.

...

Sigue a ese taxi, que nos vamos de película.

Sí, Miguel Ángel Lozano escribió un prólogo breve, pero enjundioso.

Espero que mi cámara regrese de Benimantell llena de gozos. O lo que es igual: preñada de almendros.

Dos besos, el cárdeno y el blanco. Porque he aceptado los tuyos.
Publicado por Mariano.Estrada
domingo, 25 de enero de 2009 | 13:25
Todo mi gozo en un pozo

El proyectado día de almendros y "olleta de blat", se convirtió en un temporal de viento a 120 km/hora y, por causa de éste, en un fuego horroroso que obligo a la evacuación de más de 14.000 personas en la Marina Baixa, concretamente de los municipios de Benidorm, Finestrat, Polop y La Nucía.
Parece ser que el aire derribó una torre de alta tensión y éste fue el origen del fuego. Las consecuencias son graves, por lo que se refiere a viviendas y arbolado. Por fortuna, parece que no hay que lamentar la muerte de ninguna persona.

Un abrazo
Publicado por Invitado
domingo, 25 de enero de 2009 | 20:34
Leo tu poema, Mariano, con reconocida delectación. Me parece muy bello eso que anuncias en tan pocas palabras. Y creo que ya sabes que tengo predilección por la brevedad en estas cuestiones.Muy bello ese inicio: "Cuando me tiemble el corazón
en las cenizas de la tarde...

Lo recitaré repetidamente para poder apreciar toda su hermosura, a mí así me lo parece, de verdad. Es lo último que has escrito?

Ya tienes otro compañero de camino a quien le puede temblar el corazón.

Un fuerte abrazo.
Luis T.
Publicado por Invitado
domingo, 25 de enero de 2009 | 20:49
Terrible esa foto!!! lamento mucho lo ocurrido...un beso...Mar
Publicado por Mariano.Estrada
domingo, 25 de enero de 2009 | 23:11
Hola, Mar:

Esos parajes que se han quemado, sembrados de urbanizaciones, los conociste tú, si bien de una forma fugaz, el día que subimos a comer al Trestellador, donde Joan Piera nos hizo la gallina y tú te tomaste un arroz delicioso. José Miguel llegó desde Valencia, con su mujer. También estaban Fernando y Consuelo. Y Natalia. Y Rosa.

Un beso
Publicado por Mariano.Estrada
lunes, 26 de enero de 2009 | 1:34
Hola, Luís:

Te noto conciso y serio. Un poco adusto, tal vez. Vaya, como si fueras un zamorano corriente y moliente, como yo.
Me alegro de que te guste el poema, pero debo decirte que ya tiene unos cuantos años. El libro lo publiqué en el 95, pero el poema es un poco anterior, quizás del 92 ó del 93.

Querido Luís: a nuestra edad, el corazón puede ponerse a temblar en cualquier momento. Pero yo aún tiemblo de amores.

¿Qué vientos corren por Cariñena?

Un abrazo
Publicado por Mariano.Estrada
lunes, 26 de enero de 2009 | 12:32
Me despierta el aire,
me despierta el viento,
todas las mañanas
y a cada momento...

Y sigue en el Norte. Y sigue en Cataluña...
Publicado por Invitado
lunes, 26 de enero de 2009 | 17:37
Por Cariñena, Mariano, amda un cierzo furioso y parlanchín. Seguro que tú también has oido muchas veces hablar al viento.

Dije brevedad, pero quizás debí decir sustancialidad, peremnidad o esencialidad. Ese tipo de palabras tan agrestes y difíciles de cazar,con olor a campo y a monte nevado.

Cualquier día, por una playa solitaria, algún desconocido se te acercará y te recitará al oído lo de "cuando me tiemble el corazón...
Ese desconocido te abrazará, pero ya sabrás de quién se trata, aunque no te diga su nombre. Irá también con su viejo corazón en la mano.

Por cierto, esa palabra "ceniza" es muy querida y usada por vosotros, los poetas. Un buen vino de Cariñena por tí, aunque se encele el del prieto picudo.
abrazos mil. luis
Publicado por Mariano.Estrada
lunes, 26 de enero de 2009 | 18:07
Pues sí, Luís, me suenan los silbidos del viento. Alguna vez los recogí en algún poema, como éste del que te dejo un fragmento:

AMAR

Amar
fue la rosa
y el mar.

El tallo verde,
la hoja,
oír al viento silbar.

La playa,
las caracolas,
contar las olas
que van
y van
y van...

Del libro "El cielo se hizo de amor"

Gracias por el brindis.
Un abrazo
Publicado por Lidia
martes, 27 de enero de 2009 | 1:58
¡Vaya susto, Marito!
Siento mucho que se estropeara la excursión y más por una causa tan grave como es siempre un incendio. Mala forma de empezar el año... por suerte, como apuntas, no hubo que lamentar ninguna muerte.
Me alegra también saber que tú estás bien.
Un beso y hasta pronto.
Publicado por Mariano.Estrada
martes, 27 de enero de 2009 | 11:16
Hola, Lidia:
Un fuego originado por el viento y que el propio viento no permitía apagar, pues impedía que volaran los helicópteros. Realmente dramático..
En lo personal, el día no fue mucho mejor. Rosa con dolor de cabeza. Y yo con mareos y nauseas. Como cualquier embarazada que se precie.
Aún colea, pero... Pero ya estoy mejor.

Un beso de fuego apaciguado
Publicado por Invitado
martes, 27 de enero de 2009 | 16:53
Querido Mariano,no soy capaz de mandarte unas letras sobre tu obra nueva.He estado escribiéndote varias veces y no he conseguido mandarlo.Por esto te digo,a las bravas,que todo lo que te dedicaba con esmero,empleando bastante tiempo,se puede resumir en la misma palabra de siempre.¡Fantástico!

Si de esta lo consigo,me verás otro día respondiéndote
como merece todo lo que me has enviado,desde el magnífico prólogo hasta tu sugerente libro.Sigo impresionado por tu obra y tus dotes literarias.Cada cosita que me envías,la mirada se queda ensimismada en tu torrente de prosa fresca y delicada poesía.

Me quedo impresionado de tus cualidades,de lo que encierra tu alma ante una flor,una hoja en vaiven caída o de una estantería con polvo en una casa dormida.Naturalezas de olores o muertas a las que desde la fuerza interior,que en ti se abriga,haces una gran cascada de prosa y verso hacia la luz exterior extendida,para saborear y amarla,una vez parida.

Con admiración,querido Mariano.
Publicado por Mariano.Estrada
martes, 27 de enero de 2009 | 18:46
¡Guauuuuuuu…!

¿Quién es esta persona que en tal concepto me tiene? ¿Y qué hado cibernético es el que le impide mandarme semejantes elogios?
Pues… querida persona (querida ya antes de conocerte ¿o te conozco? Desde luego, entiendo que estás en mi lista): no te quedes ahí, a la puerta, entra en mi casa, tómate un café, charla conmigo…
Pero te advierto: tal vez no encuentres a ése que supones que soy. Porque, la verdad, soy un hombre corriente, bajito en lo físico, peludo y con unos cuantos kilos de más ¿Kilos o años? Años tengo sesenta y uno. En cuanto al espíritu…
Corriente también, pero utilizo un truco: y es que me atrevo a expresar en el papel eso que todos sentimos en el corazón y a menudo dejamos ahogar. Dicho de otro modo: yo hablo de la “rosa” y no me avergüenzo.
Hay muchas personas así. Todos conocemos a algunas… Tú debes ser una de ellas.

Por cierto, ¿Crees que con la crisis se nos va a abrir el futuro, ése que Celaya ponía en el cargador frío de un arma?

Abrazos