

A las cuatro estaciones por la nieve
He recibido un montón de fotos nevadas, que son al mismo tiempo arcangélidas y bellofrígidas, adversativas e intravenosas. Todas ellas son impresionantes y transmisoras del virus friopático y cárnicogallínico de la soledad, ya que los encuadres asépticos en los que están inmortalizadas por sus imperturbables retratadores, carecen de personajes semovientes, bien sean homínidos, herbívoros, gallináceos o papillónicos, que son los que podían ofrecer algún aporte calórico-emocional al panorama genérico de las fotografrías. Ni siquiera aparece en ellas el abominable muñeco de las nieves sobre el que descargar la insoportable levedad de la Ser, de la Cope y de la genética general.
Pues bien, tanto me han titiritado las mandíbulas, los tridentes y los plumones que me he puesto a escribir esta profiláctica anotación para tranquilizar a los mercados finanfieros. Porque debajo de la nieve sigue habiendo batatas, moniatos y sanahorias. Y, lo que es más importante, en los huertos de Getsemaní sigue habiendo pépinos en los que descargar la adrenalina, la testosterona y la agresividad corriente y maloliente. Porque el frío y la nieve pacharán y el invierno dará paso a una crisis de primavera, de verano y de hojas lentas de otoño, que tendrá temperaturas más pálidas y bonancieras aunque mantengan congelada la pasta y el dinero, dos elementos necesarios para emprender nuevamente los caminos de la especulación amorosa y la filantropía financiera. No sé si me explico, pero estoy bastante inseguro de que vosotros haréis un esfuerzo para que no se desvanezca nuestra relajación amistosa.
Leído hasta aquí, podéis dejar de leer porque lo que viene a continuación está fuera del contiesto. Y os lo digo yo, que soy un inadaptado de tendencias centrífugas y vivo en las afueras del universo mundo, o sea: en la perifrástica más impertérrita, donde el cartero siempre llama dos veces. Al mes.
Un abrazo mixt
LAS CUATRO ESTACIONES
La primavera la sangre altera
La grupa de las potrancas
huele a caballo.
A la mujer quinceañera
la piel y el sayo.
¿Qué tiene la primavera
de abril a mayo?
La miel, la abeja, las flores
y los colores del campo.
Los machos van a las hembras
por el olfato.
Por un influjo de luna
las hembras van a los machos.
Y reverdecen los bosques
y brotan juncos del barro.
¿Qué tiene la primavera
que todo viene a alterarlo?
Principio
Te me ofreces abierta
de corazón, desnuda
de oropeles y de disfraces.
Con palabras explícitas,
que trascienden la mera
formalidad hospitalaria,
me propones la orilla
del mar, como principio
de un pausado conocimiento.
Principio que deriva
hacia una noche espléndida,
con un murmullo de olas
que nos envuelve y acaricia,
unas cuantas estrellas
que derraman su luz en nuestros rostros,
unas manos nerviosas
que se conmueven con el roce
liviano de la piel y del deseo,
y un temblor contenido
que anuncia interminables terremotos
para el tiempo de la celebración
gozosa de la carne.
La cual ocurrirá en la madrugada
del día destinado
a la contemplación
mientras la luz se deposita
sobre un amanecer de acantilados.
Hojas lentas de otoño
Emanan de la tarde
vastos murciélagos de sombra
que, al pairo del crepúsculo,
anticipan el cerco de la noche.
La calle se concibe como
claro de luz artificial
y procelosa vida.
Sobre un clamor ferviente
de variada naturaleza,
los árboles modulan en sus copas
placideces de viento.
Pero tú, ojo mustio, banco
entristecido de la casa,
desoyes el clarín de este concilio
y escuchas en las hojas
no un fervor verde de músicas,
sino un llanto de ceras, un esputo
agrio de lenguas amarillas.
Después, al dorso de la sombra,
bajo el trino desnudo de los pájaros,
el alba irrumpe en mí con
lentas hojas de otoño.
Invierno
Ha dejado el otoño
desnudas arboledas, témpanos
de nieve, viento frío...
Las calles amontonan soledad
y los intensos chaparrones
han tejido en mi alma
tremedales de barro.
Me refugio en las íntimas
estancias del amor
-donde persiste la memoria-
y opongo a esta humedad
las llamaradas de la leña.
Pero...
¿Quién templará mi corazón
si la tristeza ocupa el norte
oscurecido del invierno?
Mariano Estrada www.mestrada.net Paisajes Literarios
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