
Ian Gibson: semblanza aventurada de un hispanista de pro
Queridos amigos:
Con motivo los actos celebrados en el VII aniversario de la muerte de Paco Llorca, en los que yo, como representante de sus amigos, oficié de presentador, tuve el privilegio de presentar al hispanista Ian Gibson, de quien hice la aventurada semblanza que os dejo hoy aquí. Os dejo, además, un pequeño texto que escribí para anunciar el acto general, que incluía algunas otras actuaciones, todas relacionadas con la poesía.
Contextualizo
El Ayuntamiento de Benidorm había retirado su apoyo a las conmemoraciones que dedicábamos al actor porque la tránsfuga Maruja Sánchez, que hizo alcalde a Zaplana y era concejala de cultura, se sintió despechada cuando trajimos a recitar a la actriz Charo Soriano. Por otra parte, su sucesor en la concejalía, el Sr José Amor, realizó una propaganda furiosa contra Paco Llorca, con la disculpa de que, él y otros, habían representado en un local de Benidorm una misa negra. Sí, señor, muy negra. Para atraer el turismo. Recordad que Paco Llorca era actor y que en el Castillo de Alfaz hacía el papel de Conde. En fin, ramalazos de una España determinada. Los de los concejales, digo.
Un abrazo
CONMEMORACIÓN POÉTICA
Homenajear a Paco LLorca año tras año, tal como venimos haciendo sus amigos con el apoyo de la Caja de Ahorros del Mediterráneo, pueder ser ingenuo y candoroso. Contar con la colaboración de un Hispanista de la categoría de Ian Gibson puede resultar estimulante y provocador. Lo que no puede admitirse de ninguna manera es que el homenaje verse sobre la figura de Federico García Lorca, porque eso es sencillamente un acto de rebeldía. ¿Habrá que darle la razón a Celaya que depositó en la poesía una finalidad metafóricamente militarista?
De cualquier modo, no está nada mal que la poesía pueda mostrarse por un día beligerante y ejercer su condición de pilón de las conciencias o martillo lírico; que nos haga recapacitar unos instantes, cuestionar ciertos aspectos del incuestionable progreso, volver sobre caminos mal andados y recuperar esencias indebidamente perdidas. No está nada mal que la poesía ponga flores en las tumbas de aquellos que la amaron por encima de toda recompensa, que hicieron de ella un símbolo de vida y hasta puede que una forma de morir... ¿Qué fue la vida de Federico García Lorca sino un poema perenne, cargado de lirismo y primavera, rompedor, profundo e inmensamente trágico? Y en planos diferentes, ¿qué fue la vida de Paco Llorca sino una tragedia en tres partes: un entrega desatendida, un altruismo desperdiciado, una rapsodia continua y maravillosa y finalmente truncada?
Tengo ante mis ojos los ingredientes necesarios para confeccionar un parterre de conmemoración, con un punto de sal y de inocencia lírica. Lo compone un matojo de gitanillas feraces, una buganvilla de brácteas luminosas y un profuso mar de margaritas blancas. Lo demás lo dejo al albur de la imaginación de cada uno, que es donde se encienden los fuegos más cálidos, las albas más esperanzadoras y los horizontes más profundamente revolucionarios. La Poesía, que puede ser belleza, es ante todo revolución, especialmente en un tiempo como éste, tan sometido a la superficialidad y al utilitarismo y tan abiertamente entregado a la decapitación nefasta de las Horas: esas diosas pacientes de las que nace la intimidad y la calma.
En la calma podemos caer durante una larga hora que, siendo un tiempo breve, acaso es suficiente para intuir la verdadera dimensión de la Poesía que, carente de intereses espurios y de "consejos publicitarios", tiene contingencias con la eternidad. De hecho, la de Lorca es eterna.
Mariano Estrada, 11-04-99
SEMBLANZA AVENTURADA DE UN HISPANISTA DE PRO
Tenemos ante nosotros a un hombre condenado a ser Hispanista porque dice sabiamente que nadie elige su amor o, como ya dijera Borges, el que elige es siempre el camino. Un hombre subyugado por el mediterráneo, hasta el punto de aguantar por éste los decibelios insoportables del ruido que, como sabemos, es parte esencial de esta España de charanga y pandereta, tal como la bautizara Machado. Apasionado por cosas tan dispares como las marismas convalecientes de Doñana y el Sr. Claude Debussy, músico que anula por sí solo la fobia que los españoles, acaso con razón, pudiéramos sentir hacia los franceses, como supo entender Pepe Botella, el rey intruso: Majestad: no existe un español en favor mío. Vuestras glorias acabarán en España. (Por cierto, su hermano Napoleón, que no supo intuir a Debussy, incluía entre los ruidos a la música, aunque ciertamente como el menos desagradable de todos).
Un Hispanista, prosigo, que se ha hecho acreedor de la cultura internacional, especialmente -aunque no sólo-, por la luz que ha conseguido arrojar sobre la oscura tumba de Lorca, poeta matado por la intolerancia y el odio, pero muerto realmente por la Libertad, con el que por esta razón se identifica.
Un hombre poseído por la humildad, que es el Sur admirable, que es la nobleza de espíritu, que es la antítesis de la pompa y de los fuegos fatuos, que es la honestidad y el respeto, que es también la pobreza en la que ha sobrevivido mucho tiempo con dignidad y con elegancia.
Un hombre que no se mataría por amor -dice-, pero que se fía instintivamente del prójimo, del que ciertamente no aguanta la sinrazón y los anacolutos.
Un hombre que todavía no ha llegado a la plenitud de su ser, pero que sabe que todo se andará, como se ha andado hasta aquí, y que forzosamente ha de identificarse con el texto de esta canción de Joan Bautista Humet, que dice: "Y una lucecita que apenas se ve, cuando estoy a solas va diciéndome: que no soy yo, que aún no soy yo".
Un hombre que ha conseguido brillar con el esfuerzo y que sabe celebrar sus trabajados éxitos ante la sencillez de la mesa, la calidad del manjar y las áticas exquisiteces del vino.
Sin duda hay otros biógrafos de Federico García Lorca, pero acaso no sea un disparate aventurar que están todos en éste que tenemos ahora delante y cuyo nombre es Ian Gibson, irlandés como el monte Carrantual y el escocés San Patricio, dublinés como James Joyce, español como el poeta de Fuentevaqueros y realmente internacional como por méritos le corresponde.
Para nosotros, que celebramos la humildad de Paco Llorca, pero también ese don de modelar la palabra con que fue dotado su espíritu, es realmente un privilegio poder contar esta noche con el humilde depositario de los méritos referidos, tan altos y tan ganados a pulso. El Sr. Ian Gibson.
Mariano Estrada www.mestrada.net Paisajes Literarios
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