
Mariano Rajoy y Esperanza Aguirre
La credibilidad del PP pasa por ser responsable.
Lo mejor que ha hecho Mariano Rajoy desde que tiene las riendas del PP, además de dejar en evidencia a Losantos y a Pedrojota, es librarse del padre, o sea de las ataduras de Aznar y de su vieja guardia, Acebes, Zaplana y Mayor Oreja. Ellos son los que, ahora, cuando han sido vencidos en buena lid sin que se hayan atrevido a presentar una candidatura alternativa en el reciente Congreso ¿Por qué será?, lideran el incordio, la deslealtad y el sabotaje.
El caso de María San Gil, que es una prolongación de Mayor Oreja y pasaba hasta ahora por ser una persona razonable, está resultando realmente desafortunado. Parece ser que se ha creído eso del referente moral de Euskadi y se ha puesto por encima del bien y del mal y, por lo tanto, por encima de la democracia misma y de los resultados del Congreso de su propio partido. Tanto Mayor Oreja como ella, deberían recordar que el PP, durante la primera legislatura de Aznar, pactó con un PNV que era tan secesionista como lo pueda ser ahora, aunque no hubiera sufrido aún los delirios extremos de Juan José Ibarretxe, el Empecinado de Llodio, ni la simpleza inaudita de Iñigo Urkullu. Ahí está Arzalluz, con su saco de nueces, para restregárselo por las narices. Y, digan lo que digan, Aznar negoció también con ETA, aunque en esto no fuera tan crédulo ni imprudente como Zapatero y recogiera las velas a la primera de cambio. Por cierto, si Zapatero hizo numerosas concesiones verbales a los terroristas, no pareció que Aznar tragara mucha bilis al pronunciar aquello del “Movimiento Vasco de Liberación Nacional”, que hubiera sido motivo de rasgamiento de vestiduras si hubiera salido de la perversa boca del PSOE.
Y si el caso de María San Gil es desafortunado, el de Esperanza Aguirre es completamente esperpéntico y calamitoso. En poco tiempo, ha pasado de ser un activo de los más destacados del PP a ser un atrincheramiento en la retaguardia. Desde el día en que se puso celosa de Gallardón, lanzando aquel órdago estúpido de niña mimada y consentida, no ha vuelto a dar una a derechas, y eso que las derechas son realmente las suyas. Es cierto que ha sido un incordio permanente, pero también es verdad que no se ha atrevido a presentar una candidatura alternativa ¿Por la falta de apoyos? Evidentemente. Entonces, ¿por qué no se apea de la burra y, en un ejercicio de realismo, apoya al caballo que ha resultado ganador, con el ochenta y tantos por ciento de los votos? Hay quien cree que Pedrojotaramírez la ha metido en un verdadero callejón sin salida. Yo no lo sé. Ella ha dicho que se siente el verso suelto dentro del partido, pero, si sigue por ahí, un día va a ser el verso prescindible y aun el verso olvidado. Ella, a quien se le ha hecho pequeña la Comunidad de Madrid.
Las referencias resultan obligadas. Bono perdió por los pelos frente a Zapatero. Y, a pesar de sus desacuerdos puntuales y ruidosos (terrorismo y estatuto de Cataluña, fundamentalmente), ahí está, como Presidente del Congreso, al servicio de Zapatero y del PSOE. ¿Por qué los pretorianos de Aznar, con Aznar a la cabeza, no admiten que han sido vencidos por otros compañeros, cuyas tesis apuestan, simplemente, por una mejora en la convivencia? ¿Qué otra forma hay de restañar las heridas de la pasada legislatura si no hay un poco de generosidad en todas las partes?
A mi modo de ver, ahora es el momento de arrimar el hombro para salir de las dificultades socioeconómicas (léase crisis) por las que atraviesa el país, demostrando de ese modo tener el patriotismo que tanto les llena la boca y tanto reclaman a los demás. Ahora es el momento de hacer un ejercicio de humildad (Aznar se volvió soberbio en su segunda legislatura y no ha bajado aún de ese caballo, que ahora tiene crines) y de responsabilidad (Aznar se ha limitado a darle a Rajoy un apoyo que tildó de responsable y que en realidad es el abrazo del oso). Ahora es el momento de abandonar los endiosamientos personales que arrastran a falsas dicotomías de este tipo: “O yo o el diluvio” (Aznar debería darse cuenta de que ya no tiene mando en plaza, de que ha pasado su hora y de que, si sigue nadando contracorriente, va a ser arrastrado por las aguas de su propia amargura).
Ahora es el momento de que los perdedores acepten la derrota y se pongan al servicio del ganador, que es Rajoy con todo su equipo, para que unos y otros, pero juntos, puedan ofrecerse a los ciudadanos como una oposición firme, leal, unida, serena y responsable. Una oposición que sea capaz de llegar con otros partidos a grandes acuerdos de Estado. ¿De qué otra forma, si no, puede ser percibido el PP como alternativa al Gobierno, aun en el caso de que el Gobierno sea inútil total y siga profundamente dormido?
Mariano Estrada www.mestrada.net Paisajes Literarios
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