jueves, 22 de mayo de 2008



La ciudad íntima

 

Para Mar,

con mi gratitud y mi reconocimiento

 

No es necesario esforzar demasiado la memoria para volver a una ciudad en la que se ha amado por primera vez en la vida. Y mucho menos aún para situarse en una calle concreta: la que dejaba en la rotonda de la universidad sus aceras anchas, sus árboles frondosos. Una calle que, para mí, además de estar ocupada por tu figura, será siempre la cuna de un amor que aún no había sido.

 

Dicho lo cual, y casi sin quererlo, vuelvo a oír el ruido de los coches sobre el asfalto y, a la vez que te persigo con la mirada, vuelvo a sentir las mismas cosas de entonces, lo que quiere decir que vuelvo a estar radicalmente enajenado por el amor y visceralmente celoso.

 

Celoso de los pájaros que, muy extrañamente y al contrario que a mí, te permitían acercamientos que resultaban inconcebibles. Celoso de las farolas en el instante justo en que la luz se hacía en ellas con el único propósito de acariciarte. Celoso de las hojas del otoño, que se volvían alfombras a tu paso y que a veces el viento alborotaba para acercarlas a los enfaldos de tu vestido. Y aun del viento mismo que, odiosamente incorpóreo y mucho más osado que los otros elementos del orbe, alentaba sus potros liberales y se perdía en parajes que la pureza de mi amor no se atrevía a pretender, tal vez ni siquiera a imaginar. Celoso de aquellos ojos innúmeros y anónimos, que luego se cruzaban contigo y te lanzaban mensajes descodificados, ingenuos y transparentes, pero que a mí se me hacían libidinosos e insoportables. Celoso de las formas en que te miraban los altaneros estudiantes de arquitectura, de las palabras obsecuentes que te dirigían los futuros lingüistas, filósofos, poetas y literatos.

 

Celoso de todos los compañeros cuyos labios, al hablarte, se llenaban de corazones encendidos y de sonrisas afables e insufribles. Celoso incluso de las manos que tomaban las tuyas para ofrecerte un inocente y, sin embargo, sospechoso e inacabable saludo. Celoso, en fin,  del mundo que, con tu consentimiento o sin él, te rodeaba y te envolvía  y del que yo era sólo una levísima parte, porque ni tú  habías intuido mi desaforada fiebre amorosa, ni yo  -anulado por la intensidad de tu belleza-, me había atrevido aún a declararte mi amor.

 

Finalmente lo hice, lo hice, porque mi corazón ya no podía con las esperas ni los ardores ni los latidos, porque ya no había linderos entre la luz y la sombra, porque en realidad estaba andando todo el santo día sobre un río íntimo de fuego.

 

Un abrazo

 

LA CIUDAD ÍNTIMA

 

Para Mar,

con mi gratitud y mi reconocimiento

 

Me gusta esta ciudad

de aceras anchas que se cubren

con hojas en otoño,

porque la ocupas tú, con tu soberbio

vaivén y tu agitado

tacón de primavera.

 

Me gusta esta ciudad

cuyas farolas -ojos

que miran desde arriba-,

se fijan mucho en ti

y su larga mirada las enciende.

 

Más humildes, las hojas

te miran desde abajo y

a veces se levantan y se enredan

en la grácil sinuosidad

de tu vestido.

 

Algo menos sutil,

y mucho más directo,

yo te clavo los ojos en los ojos

para verte desnudo el corazón.

 

Del libro “Amores colaterales” en una futura edición.

 

Mariano Estrada www.mestrada.net Paisajes Literarios

Blog http://paisajes.blogcindario.com

Poemas recreados: http://groups.google.com/group/paisajes-literarios


Tags: La ciudad íntima

Publicado por Mariano.Estrada @ 11:29
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Comentarios
Publicado por Invitado
jueves, 22 de mayo de 2008 | 21:34
Hola!! Gracias Mariano por el poema,es lindísimo!! y soy yo la que te estaré siempre agradecida por haberme brindado tu apoyo con los pps...mil gracias...la que mas te quiere de Argentina..Mar
Publicado por Invitado
viernes, 23 de mayo de 2008 | 0:33
La ciudad íntima es un título que promete.
Podría ser una buena novela o un bello poema.
Anuncia vivencias personales, diferentes, dentro
de un lugar común que a todos pertenece.
Esa ciudad íntima tuya, esos tacones de primavera
y esos ojos tuyos clavados en los suyos preludian
tiempos borrascosos pero hermosos, de los que es difícil olvidarse, aunque a veces sean dolorosos a la memoria.
Pero, al parecer, no es tu caso. Aquella pasión desatada en tu pecho no fue arruinada y cada sueño tuyo encontró su sitio. Y es que tú, amigo Mariano, naciste de pié.
Te saludo y te felicito por el poema.
Luis Teódulo
Publicado por Mariano.Estrada
viernes, 23 de mayo de 2008 | 2:05
Hola, Mar:

He llegado un poco antes de lo previsto, pero el programa se ha cumplido en su totalidad, tal como te dije.

Me alegro de que te haya gustado el poema. Mi padre te hubiera contestado que con esa intención iba.

Un beso del que más de quiere de España.
Publicado por Mariano.Estrada
viernes, 23 de mayo de 2008 | 2:07
Muy bien argumentado tu comentario, Luís.

Estoy de acuerdo contigo en que es un titulo sugerente, que daría para escribir una larga novela. De hecho, yo la escribí hace mucho tiempo y fue a parar a un cajón, de donde jamás fue rescatada ¿Sabes porqué? Porque al acabar de escribirla me di cuenta de que el protagonista era un ser muy extraño: no estudiaba, no trabajaba, no hacía nada útil a la sociedad. ¿Qué iba a hacer yo con un individuo que vivía para el amor las 24 horas del día? Decidí esperar a que madurara, pero no sé si lo hizo, porque yo me olvidé de él para siempre. Creo que para siempre.

Gracias por los elogios

Un abrazo
Publicado por Lidia
viernes, 23 de mayo de 2008 | 2:50
Tenías razón, querido Mariano, me ha gustado mucho esta tu ciudad íntima habitada por alfombras crujientes y rojas, pasos inquietantes, miradas que acechan y celos apasionados de furia verde que perturban no sólo el corazón y la mente, sino la paz de esa ciudad.

Coincido con Luis en que podría dar pie a una magnífica novela. Pero si ya la escribiste y quedó olvidada en un cajón...¡hemos llegado tarde! ¿Aunque sabes...? Creo que un individuo que se empeña en no madurar y en vivir solamente para el amor podría ser un inútil pero también muy interesante personaje.

El poema es una belleza, y la dedicatoria es, además de bella, totalmente merecida.

Besos, desde mi íntima ciudad a la tuya.
Publicado por Mariano.Estrada
viernes, 23 de mayo de 2008 | 8:22
Querida Lidia:

Veo que has entrado de lleno en esa ciudad íntima y novelable que ha removido con fuerza de ciclón un pasado que, sin embargo, está almacenado en mi memoria con una gran quietud. No sé si los pasados de Manrique fueron siempre mejores, pero éste fue bueno. Distinto, por supuesto, porque la vitalidad era grande y los años pocos.

Curiosamente, y a pesar de la intensidad de los recuerdos, no siento nostalgias. Siento, eso sí, que los recuerdos caen sobre mí como una lluvia fina.

Son las ocho y veinte de la mañana. Hoy he estado madrugador, me voy a Calpe.

Un beso
Publicado por Invitado
sábado, 24 de mayo de 2008 | 11:47
Mariano, el poema es precioso, y la dedicatoria (como dice Lidia), merecedora, porque Mar siempre a puesto mucho cariño en todo lo que ha hecho, rozando la perfección.

Podrías haber escrito una novela, pero no importa mucho, de tu pluma siempre salen palabras hermosas que pueden formar sin proponertelo mucho sinfonías orquestales de palabras bien sonantes, lo mismo que salen: redondas, blancas, negras,corcheas, semicorcheas, fusas , semifusas y algún silencio, del instrumento de un músico, formando bellas melodías para el deleite de nuestros oídos. Lo tuyo, reconforta nuestro espíritu.

No importa la ciudad, ni el sitio, cuando se escribe con amor, el entorno de un estercolero se puede convertir en un paraíso. Para mi, lo importante son las personas que pueden hacerte cambiar el entorno, para bien o para mal, por eso escribe, no ceses, porque tú naciste para dejar en el mundo cosas interesantes.

Un abrazo

JMP
Publicado por Mariano.Estrada
sábado, 24 de mayo de 2008 | 14:11
Hombre, José Miguel: ¿vas a sacarme los colores a estas alturas de la película? Por cierto, a esta edad nuestra, los colores son mayormente otoñales, es decir, el ocre, el amarillo y el rojo. Preciosos todos ellos. Pero tengo que decirte a mí me encanta también la primavera…

Sé que determinados directores generales reclaman tus servicios como especialista en paellas ¿Para cuándo la que a nosotros nos tienes prometida? ¿O es que voy a tener que hacerla yo, con sonetos?

Érase un hombre a un mal arroz pegado,
era un grano picón superlativo,
era un puto divieso, grande y vivo
un forúnculo amargo y colorado.

Que no se te pase. El arroz, digo. Y gracias por los eulogios.
Publicado por Invitado
lunes, 26 de mayo de 2008 | 23:35
Mariano, Eulogio Martinez (barcelonista) ya faltó, yo siempre he sido realista y suelo decir lo que en un momento me sale del cuore.

Bueno ya ves que domino el italiano, también la música, pues en el anterior comentario me he pegado una fanfarria, que también creo que es una modalidad o género de la música. ¡Menos mal que no estamos en la página de antiguos alumnos, porque allí estoy seguro que hay buenos músicos, y pueden rectificarme, que no estaría mal.

Bueno, todo esto para decir que también sé hacer paellas, pero como el dicho o refrán: "el que mucho aprieta poco abarca", así que lo de la paella posiblemente salga buena, pero no es seguro.

Ahora lo que hace falta es poner el día y la hora y, si es posible, que asistan Manolo y Ramón que mi médico quiere conocerlos, y te puedo decir que es un tío simpático, amable, humilde y todos los califitacivos que le queramos añadir. ¡Así pues la piedra la dejo en el tejado!

Un abrazo

JMP