sábado, 17 de mayo de 2008
Octubre del 67

Huerta Muelas. Foto familiar. Antonia detrás del objetivo. Tere no estaba
Octubre del 67
“No se dispute esa liebre,
que tiene amo”
-¡Qué disparate! ¿Se puede saber a quién le disparaba ese hombre?
-Cuidado, chaval, que ese hombre no es Franco, sino mi padre
-Entonces rectifico la pregunta: ¿Se puede saber a quién le disparaba tu padre con esa magnífica planta de cazador y esa sarasqueta del 12 que él te quiso dejar en herencia?
-¿De veras quieres saberlo? Pues mira, muchacho: deduce, juzga, pon el magín a trabajar y conclusiona:
“En un zarzal, dos palomas
alegremente zurean.
Ignoran que les apuntan
los caños de una escopeta”
-¿Insinúas que tu padre disparaba a las palomas? ¡Qué horror! ¿Y qué palomas eran, si puede saberse? ¿Tórtolas, torcaces, mensajeras? ¿La de la Paz establecida, con su ramita de olivo? ¿La de Picasso, que algunos convirtieron en tanque? ¿La de Alberti, que viajaba con nuestras iniciales en el pico? ¿La de Antonio Molina, que era tan blanca como la nieve? ¿La de Antonio el de tu pueblo que, además de llamarse Paloma, era vaca marela? ¿La del Obispo de Roma, que era una paloma en espíritu, trinitaria e hipostática? Pero, vamos a ver: ¿disparaba tu padre en realidad, o solamente apuntaba?
“Y el cazador, ¡va, que viene!
ya no contiene
la espera.
Tris, tris, apunta.
Pum, pum, aprieta.
El fuego sale a montones
de los cañones
de la escopeta".
-No sé. Lo que está claro es que, en los concurrentes, concitaba más interés el indiscreto objetivo de la cámara -que manejaba diestramente una Monja-, que los presuntos disparos de mi padre, hecho que queda demostrado tanto en la actitud de mi madre, con su brazada de berzas desmochadas, como en la de mis hermanos y la mía, que ni siquiera requiere explicación. Además, en el lugar hacia el que apuntaba mi padre no había zarzales ni palomas ni mucho menos zureos, puesto que en tal dirección sólo estaba el pozo, aquel que tenía un hermoso brocal de granito y que unos años más tarde me iba a dar mucha pena, tanta como las mieles que fueron y han dejado de ser, tanta como los sueños estrellados contra ciertos amaneceres tenebrosamente inhóspitos y oscuros.
Sí, sí…
¡QUÉ PENA!
Qué pena tengo en los campos
rendidos a la maleza.
Qué pena tengo en las hoces,
qué pena tengo en la siembra.
Y en los caminos truncados
¡qué pena!
Qué pena tengo en los surcos
borrosos de las roderas;
y en las sonatas del carro
y en el jaez de las yeguas.
Y en las veredas del río
¡qué pena!
Qué pena tengo en los ojos
de remirar tanta ausencia:
manales, zachos, traíllas,
bigornias, entalladeras...
Y en los olores del heno
¡qué pena!
Qué pena tengo más honda
en el hondón de la huerta:
tomates, habas, cebollas,
patatas, ajos, cerezas...
Qué pena y pena más grande.
¡Ay, ay, qué pena!
Del pozo que daba el agua,
del agua que era tan buena.
Y del caldero herrumbroso
que aún pende de la polea.
Del libro “Trozos de cazuela compartida”
Mariano Estrada www.mestrada.net Paisajes Literarios
Blog http://paisajes.blogcindario.com
Poemas recreados: http://groups.google.com/group/paisajes-literarios
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Veinte años son hermosos y llenos de futuro. Tú los tenías y un futuro repleto de promesas. Y un pelo negro como la noche y unos ojos que miraban con descaro a la vida.
Detrás de la cámara alguien os mira y os ampara con su cariño.
Recuerdos familiares muy hermosos; algunos ya se fueron, no del todo, que aún siguen viviendo en vuestra memoria, seguro.
Un abrazo.
Luis Teódulo
Papá fue a buscar la escopeta para la foto. Quiso hacérsela así, para hacer alarde de su destreza, que era grande. Además, de las correspondientes licencias, tenía una ética exquisita en su conducta de cazador.
Fui testigo de esta anécdota. Una vez, estando yo de vacaciones, sería por septiembre, abrieron el coto de caza y se dieron cita para ir a cazar él y Don Etelvino, el cura del pueblo. Cazar, no cazaron nada. Papá llegó con un soberano enfado.
-Bueno, hombre -le dice mamá-, qué le vamos ha hacer, otro día será!
(Sigue...)
He disfrutado mucho con este recuerdo. Pero ahora, después de un agotador día de trabajo, me pesan mucho los ojos y me voy a dormir. Dasvidaña. Antonia
Acabo de ver el partido entre el Mallorca y el Zaragoza. Yo empujé lo que pude, pero se ve que no empujé suficiente. Al final, tanto la afición como los jugadores estaban completamente desolados. Por el contrario, en otros campos reían, se abrazaban, saltaban y reían. Y es que, aunque hoy haya llovido incluso en Villajoyosa, lo cierto es que nunca llueve al gusto de todos ¿Ley de vida?
Finalmente, a pesar del enorme presupuesto y del formidable equipo, el proyecto del Zaragoza se ha quedado en agua de borrajas: ésas que tú echas a faltar en la huerta de Muelas.
Es cierto, querido amigo, que mis padres y mi hermano (que son los ausentes) vivirán en nuestro recuerdo hasta el final de nuestros días.
Un fuerte abrazo
Suerte al Zaragoza del futuro
Parece ser que el cura confundía la escopeta con el hisopo, y el hombre iba repartiendo bendiciones a diestro y siniestro, sobre todo a siniestro. Sería la costumbre de repartir.
Qué mala suerte tuvo aquel cura con nuestro padre. Para cazar no lo quiso a su lado y él a misa no iba.
-Vas a condenarte, Daniel
-Más temo yo que usted me mate de un tiro.
-Pero hombre, ¿no tienes ningún temor de Dios?
-De Dios, no, francamente, sólo de los perdigones que pueda meterme su representante en el pueblo.
Es cierto, Antonia, que fueron unas vacaciones alegres. Imagínate, creo recordar que entonces sólo ibas a casa una vez cada siete años.
Un beso
La conversación es apócrifa, por supuesto.

