
Mariano Estrada, la poesía del fútbol
Las palabras son inocentes.
Queridos amigos:
¿Por qué vengo yo ahora con el rollo de que las palabras son inocentes, si eso lo saben hasta los guilties, que son todos ingleses, imperialistas, pendencieros, sajones, speakers en Hyde Park Corner y bellacos en Gibraltar, divino tesoro, te fuiste para no volver? Pues mire usted, porque es el único modo de justificar una cascada irrefrenable de expresiones impúdicas y de términos libertinos, extemporáneos y vandálicos que se ha desatado en un Blog de antiguos alumnos dominicos de la zapaterina provincia de León, que extiende sus tentáculos a la pelaya asturiana y a algunas otras vecinas de no menores ínfulas y fuste, como las vascas, las gallegas, las cántabras e incluso las valencianas, que lo son por delegación.
El “portillo” en el que se ha producido este torrente de palabrería casquivana, pseudoquevédica, macarrónica e infinitiva, exhibe la misteriosa fotografía de un adolescente zamorano (o zamorí, depende de la cultura que tenga cada uno), que ha sido objeto de choteo y de escarnio, así como de otros apaleamientos inmerecidos ¿Está usted seguro? El adolescente en cuestión se llama Mariano Estrada y dicen que estudió en la Fundación Virgen del Camino, ese centro de aspirantes a predicadores de la palabra divina que, con raras excepciones, se quedaron en agua de borrajas: así, unos fueron músicos, otros escritores, otros galenos de variada especialidad, otros historiadores, otros pedagogos (dicho en la noble acepción de profesionales de la tiza), otros profesionales de la comunicación, otros actores, otros arquitectos, otros economistas, otros magistrados y, en general, todos más vaca que carnero. Eso sí, hubo también algunos frailes, a los que yo les deseo desde aquí la mejor de las misiones en la tierra, que es la de ayudar a los necesitados, especialmente a los que sólo tienen el hambre para llevarse a la boca.
Hubo comentarios a mansalva, hasta sumar ciento ocho, que es el que cierra la serie y el que os dejo aquí pegado, justificando el cacareo y el desvarío. Todos tienen enjundia. Hay incluso quien dice que se leen de corrido y aun de corrido novelado, disoluto, burlón y pintoresco.
Por el presente vínculo, quedáis invitados a la juerga:
http://antiguosalumnosdominicos.blogia.com/2008/041701-aviso-a-navegantes.php
Comentario 108
Despedida
Actores
Señores:
contad los actores
del mundo.
Los buenos –que son los mejores-,
los malos, los listos, los tontos,
los que hacen de bulto…
Actores de escena,
de pluma, de bolsa,
de fácil aplauso,
de aplauso más duro.
Los hay abundantes:
de gesto, de boca,
de ruego, de culto…
De todo.
De todo y de mierda.
A veces
de mierda y de culo.
Mariano Estrada
Del libro “Mitad de amor, dos cuartos de querencias”
A Clara Ciones
Un actor de mierda es un actor de éxito. Nosotros hemos tenido éxito, luego hemos sido actores de mierda ¿También de culo? No, un actor de culo es Nacho Vidal, por ejemplo. Y Nacho Vidal no ha andado en este portillo, aunque yo me lo temí, ya que José Miguel es de su pueblo (Enguera, Valencia). Y en Enguera, Valencia, la venta de aceite se ha desmelenado porque al titular de semejante envergadura (en verga dura) se le ocurrió decir que él lo tomaba por las mañanas.
-Oiga, ¿y eso también es crecepelo?
-No, es sólo crececipote ¿Le parece poco?
-No, me parece mucho ¿Y hace crecer los huevos, oigausted?
-Depende, ¿cómo son los suyos?
-De colibrí
-En ese caso, amigo, sólo le queda un camino
-¿Untarlos con “cipotina”, ir a Fátima, exponerlos al picotazo de una avispa?
-No, inflarlos con una bomba de bicicleta.
De Clara Ción
O chorrada.
Las palabras son inocentes
La verdad es que no sé muy bien lo que ha pasado en este portillo, como lo llamaría Javivi del Vigui, pero lo cierto es que nos hemos expresado con libertad, con alegría, con cariño y hasta puede que con ingenio (Marcelino me ha dicho esta mañana que lo ha leído con delectación). Y, por supuesto, con un hermoso fondo de inocencia. Ya sabéis que las palabras son siempre inocentes, la malicia, la desconsideración, el insulto, el desprecio, la humillación, la soberbia y el etecé, están siempre en el pensamiento de quienes las escriben o las pronuncian, en los corazones de donde salen y en las úvulas por las que atraviesan.
Yo creo incluso que algunos de los que han participado en esta cuerda, como diría Julitus Gin-Gin, se han liberado de muy antiguos demonios.
Llevo mucho tempo escribiendo y sé que las palabras son realmente inocentes. Las bocas y los oídos pueden no serlo. Ellos son los que ponen las tildes que indican la intención y el sentido (tal como hizo Justino con aquellas tablillas), las que indican la bondad o la maldad, la chabacanería, el insulto, el desprecio o la indiferencia. Las personas podemos ser buenas y malas, mejores y peores, según la circunstancia y el momento. Las palabras no, las palabras son completamente asépticas y objetivas. Es cierto que algunas suenan mejor que otras o nos llevan a territorios más o menos confusos, a situaciones más o menos simpáticas, a conceptos más bellos o más feos, pero todas son necesarias para expresarnos con la debida exactitud. Y si estuviéramos acostumbrados de verdad a llamar a cada cosa por su nombre, nos daríamos cuenta de que las palabras, como tales, no tienen la intencionalidad atribuida en el diccionario, a pesar de las numerosas acepciones. Ésta se la damos nosotros, claro está. Por ejemplo: guerra significa guerra y culo significa culo. La palabra guerra no sabe si la guerra es por dignidad o por intereses. La palabra culo no sabe si al salido de turno se le empina cuando el culo pasa. Amén. Aleluya. Amén me está diciendo que esto se acabó. Aleluya me dice alabanzas y alegría. Soy yo, únicamente, el que está pensando en Haendel.
Un abrazo
Mariano Estrada, www.mestrada.net Paisajes Literarios
Blog http://paisajes.blogcindario.com
Poemas recreados http://groups.google.com/group/paisajes-literarios
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