viernes, 25 de abril de 2008

Recordando a Cela


Camilo José Cela

Recordando a Cela

 

Argumentos, razones y disquisiciones

 

La primera vez que yo oí hablar de Cela fue en el curso 61-62, si no me traiciona la memoria. Yo estaba entonces estudiando en un internado de dominicos llamado Fundación Virgen del Camino, de León. A Cela lo nombró un compañero como al desgaire. Creo que era asturiano (aunque no descarto que fuera gallego), y el profesor, el padre Eduardo, se vio tan sorprendido que aquello concitó mi interés.

-¿Y de qué conoces tú a Cela? –le preguntó al guaje

-Pues no sé, de oírselo a mi padre, me parece.

El padre Eduardo, que nos leía en clase “El puente sobre el río Kwai”, entre otros tochos, nos ponderó tanto a don Camilo José Cela que a mí no me sorprendió en absoluto su posterior popularidad en España. Si lo había dicho un fraile, iba a misa. Tampoco me sorprendió mucho cuando en 1989 le dieron el Nobel, lo que obligó, por cierto, a que unos años después (1995) le dieran también el Cervantes, que políticamente se le resistía, como es notorio y sabido. El Príncipe de Asturias lo había recibido ya en el 87.

 

Lógicamente, a Cela lo leí en cuanto pude. O, mejor dicho, en cuanto quise, pues lo mismo que un tiempo me dio por leer a borbotones y leí hasta “El Criterio” de Balmes o “El Contratoo Social” de Rousseau, hubo un tiempo anterior durante el cual no solía leer ni Mafalda. Por el contrario, me dedicaba a vivir. Madre de Dios, ¡y qué hermosa era la vida!

 

Lo primero que leí de don Camilo no fue La Colmena, ni la Familia de Pascual Duarte, ni Viaje a la Alcarria. Creo recordar –aunque tampoco estoy muy seguro- que fue un libro menor, con el que me desternillaba de risa y cuyo título ahora no recuerdo. Tampoco era “Garito de hospicianos”, ni “Timoteo el incomprendido y otros apuntes carpetovetónicos” ¿Sería, tal vez, “Historias de España. Los ciegos. Los tontos”? Tal vez, pero no puedo jurarlo ¿Y por qué lo vas a jurar, hombre de Dios, si nadie te lo pide y, como bien dijo Borges, todo juramento es un énfasis? No jures. Continúa.

 

En fin, luego leería esos libros y otros, como “Mazurca para dos muertos”, que me gustó bastante bastante, incluso mucho mucho. O como “Cristo versus Arizona”, con el que acabé al borde del ahogo. O como “La Cruz de San Andrés”, que es la mayor cagada que he tenido el gusto de abandonar a media lectura. Se trata de un libro malo de solemnidad por el que, no obstante, en 1994 le dieron el Planeta. Menos mal que era un plagio, o pudo serlo, que no sé yo aún si han dictado sentencia los jueces.

 

Lo último que leí de este gallego universal y genio de las letras, tan venerado como criticado y odiado –odiado por su oficio de Censor en determinada época del franquismo- fue “Madera de Boj”, un libro con el que Cela, sin dejar de ser quién era y manteniéndose fiel a su estilo, se aproximó por momentos a la lírica. Y ello a pesar de que el tema tiene un fondo luctuoso, además de un fondo marino.

 

Durante los primeros años de la Transición, Cela se significó mucho en determinados medios de Comunicación, como la Revista Interviu, en los que levantó encendidas polémicas con ciertos artículos que algunos tildaban de groserías. También se significó en el Parlamento, donde era Senador por designación Real. Dicen las malas lenguas que allí se calcó un cuesco de arte mayor, vamos, así como arrastrado y morrocotudo. Y debe de ser verdad porque yo le dediqué un poema titulado “El pedo”, le mandé el libro en el que estaba publicado y él tuvo la amabilidad de contestarme dándome las gracias. Y añadiendo: “Uno, en su leal saber y entender, con la boca, las manos, la cabeza y el culo va haciendo lo que puede” (Cito de memoria, pero tengo por ahí la tarjeta que Cela me envió)

Y, en efecto, con el culo hacía maravillas, o al menos se jactaba de hacerlas. Por ejemplo, succionar litro y medio de agua, tal como quiso hacer en un programa de televisión presentado por Mercedes Milá. La que no se atrevió fue ella, a quien le recularon las gónadas y no le sacó la palangana que le pedía ¿Se hubiera bajado Cela los pantalones en público y nos hubiera enseñado su despampanante y carnal culo, que puede imaginarse muy poco literario? La respuesta después de la publicidad.

 

Un abrazo

 

Posdata: os dejo aquí un soneto del mismo libro y con la misma dedicatoria que el poema aludido en el texto.

 

Argumentos, razones y disquisiciones

 

                            A Camilo José Cela

 

Ocurre que este pueblo de pasiones,

quijotes, greguerías y esperpentos,

carente en las disputas de argumentos,

invoca por razón a los cojones.

 

Lo afirmo yo, que tengo de españoles

la lengua, la razón, el pensamiento.

Y abundo en español pronunciamiento

que no hay en esta ley contemplaciones.

 

Así que no vengáis con excepciones,

vosotros, estudiosos de talento,

sabiendo que no alteran el recuento.

 

Si bien podéis hacer aditamento,

saber que es en la forma. De intenciones,

lo mismo da pelotas que balones.

 

Mariano Estrada, del libro “Mitad de amor, dos cuartos de querencias” (1984)

Página web www.mestrada.net Paisajes Literarios

Blog http://paisajes.blogcindario.com

Poemas recreados http://groups.google.com/group/paisajes-literarios


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Yo incluiría, Mariano, un "breviario" que no citas, pero que -de seguro- conoces y has leido:

"El cipote de Archidona".

Ya, ya! Vale... Soy ya algo viejo y algo verde. Conforme. Item más: hoy, escribir o hablar sobre erótica no tiene ningún significado. Se habla incluso "demás", ejerciendo "demenos". Hoy vivimos en un país semi-pseudo-libre!

Pero..."Recuerda, alma dormida!" En la década de los setenta, hablar de sexo, describir un polvo clandestino en un cine de pueblo, pudo ser "pecado mortal"; multa que te crió!

Aquel antiguo censor franquista escribió en una editorial por fascículos uno de los textos que mayor jolgorio me han originado. El cipote de Archidona. Me dolía la nuca y lloraban mis ojos, más allá de mí.
Como se te puede leer en aquella página de viejos alumnos dominicos, Mariano, coloco allí el texto que Cela, el censor franquista, publicó en tiempos de democracia.

Recuerda -recordad- allí este fantástico texto de un viejo censor difunto!


Completamente de acuerdo, Javier, con lo que dices y con lo que insinúas. Leí el tal Cipote hasta que la risa se me despendoló y fue a parar en la permanente de la señora que tenía delante. No te voy a decir en qué forma. Sólo te digo que estábamos en el cine y que el cine no era de Barrio, sino de un lujoso standing y la señora de muy alto copete.

Se enfadó horrores, lloró, pataleó, exigió que se personaran la Guardia Municipal y levantara testimonio, pero no falso, de lo que allí había ocurrido ¿Y qué ha ocurrido, señora? –pruguntó el barbilampiño oficiante- ¿No ve que su trasdósico está constipado y se le ha ido el estornudo y el moco?
-Moco sí, chaval –resopló el enfurecido marido- Pero estornudo no se ha oído ninguno

No quiero decirte la que se armó, pues la señora procuraba tapar sus mojaduras, que eran también sus vergüenzas, pero no podía, porque estaban pegadas al pensamiento con aquella cola profusa que había de traer otra mucho más larga.

Un abrazo


El Cela escritor que más me impresionó fue el de La Familia de Pascual Duarte. Como persona no me caía bien y recuerdo perfectamente esa escena de la TV que cuentas
Ya sabes que Sender y Cela, dos temperamentos muy fuertes, un choque de trenes a toda velocidad, tuvieron un incidente muy grave en la casa de Cela de Palma de Mallorca.
Yo sólo conozco la versión de Sender y me gustaría conocer también la otra versión de Cela
Así lo contaba Sender:"Lo de Cela fue un incidente idiota. Estábamos en la mesa unas quince personas, discutíamos de política, y él dijo: ‘Ojalá entren cuanto antes en Madrid los tanques rusos’. Yo le dije: —Entraron ya en 1936 y los recibí yo, ¿y sabes lo que nos trajeron? Nos trajeron a Franco, a quien tú pediste humildemente que te nombrara delator de la policía. De la policía que mató a mi mujer. Luego tiré el mantel hacia arriba y volaron platos, floreros, cirios, hubo duchas de caldo gallego para casi todos los invitados..."
Un abrazo. Luis Teódulo


Amigo Luís: parece que no hay nadie que te quiera contar la versión del rifirrafe desde el punto de vista de Cela. A lo mejor es que nadie la sabe o la recuerda. Yo, desde luego, no la sé. Todo eso me queda ya un poco lejano… Quiero decir que, con el tiempo, hay cosas que han mantenido el interés y otras no.

De Raúl J Sender recuerdo nebulosamente el “Réquiem por un campesino español”, libro donde se habla de malos y buenos, de caciques, de curas, de cobardes, de la realidad social de la época… Lo recuerdo como un buen libro y a él como un buen escritor. Pero, ya te digo, un tanto difusamente.

Y aunque no lo parezca, a Cela también. Y eso que con Cela pasé muchos y muy buenos momentos. Pero, claro, Cela fue sustituido por otros que también serían sustituidos. De todos aprendí. De Cela, mucho.. El Cela más cercano lo tengo en “Madera de boj”.

Un abrazo


Aquel Padre Eduardo, Mariano, era de Reinosa,la villa más "meseteña" de la actual Comunidad Autónoma de Cantabria.

En esta Cantabria de mis periferias -nací en Arija, "frontera" entre Castilla y Cantabria; duermo en Castro,20 minutos en coche de la geografía donde pasé media vida y dejé sementera, Bilbao- vive y milita Isidro Cicero, este otro escritor que no tiene nada que envidiar a Cela, el Nóbel, cuando describe paisajes, recuerdos, posguerra española cántabra..

Eso sí, Mariano: Isidro, por la fuerza de su destino y de su posición social no acostumbra a emplear el "yo"; ni se atreve a ser un yo valiente, burbujeante, irónico... Le pesa bastante la púrpura, aunque eso tiene "cura" de aquí a pocos años.

Nadie es perfecto.Isidro, a quien tu y yo admiramos, tampoco.Aprenderá ironías y verás, entonces.

P.Eduardo, de Reinosa. Isidro escribió sobre Campó cuando el maquis, en un mundo de miseria y opresión. El azar nos juntó en León, allá por los sesenta. Dios, la vida!


Hola, Javier:

Sabía que el padre Eduardo era de Reinosa. Y tuve la suerte de verlo y de saludarlo en el encuentro de octubre. Le recordé lo de “El puente sobre el río Kwai”. Y hasta creo que le gustó, porque su reacción fue espetarle al compañero con el que iba: “Ves, Mariano se acuerda”. Lo encontré muy bien, a pesar de los años. O, como tú dices, a pesar de la vida. Por cierto, le recordé también aquello de “Hermano de tu hermano” que él repitió hasta la saciedad. Y hasta el punto de hacerlo famoso.
Estoy completamente de acuerdo con todo lo que dices de Isidro. Leí sus libros hace 3 ó 4 años. Él mismo me los mandó. Quería reescribir alguno de ellos, pero creo que ha desistido. Lo que ahora tiene in mente, ya sabes, es escribir sobre el Beato de Liébana, e incluso ha hablado con Chema Sarmiento para llevarlo al cine. Ojalá tengan suerte y a nosotros nos inviten a hacer de teloneros.

Sigue...


Esta tarde-noche ha sido de fútbol. Metí un gol y se lo dediqué a Ana Centeno, con quien hablé por teléfono este mediodía. También hablé con her father, con Maica, con Justino y con Julio Correas. Todo un gustazo.

Un abrazo