lunes, 31 de marzo de 2008

 
Paco Llorca

El próximo día 19 de abril será el décimo sexto aniversario de la muerte de Paco Llorca, a quien el Ayuntamiento de Benidorm, apoyándose en disculpas peregrinas, no ha querido recompensar por las numerosas actividades culturales que él ofreció a la ciudad con un desprendimiento continuado y absoluto. Y ello a pesar de sumarse a la celebración del primer aniversario mediante la colocación de una placa a la entrada del edificio donde vivía, en la que puede leerse: “Aquí vivió Paco Llorca, actor y rapsoda, que se dio por alimento a Benidorm en forma de arte y cultura. El Ayuntamiento y el pueblo de Benidorm, en reconocimiento”.

 

Un abrazo

 

Paco Llorca: crónica de una muerte inesperada

 

La última vez que vi a Paco Llorca con vida fue el 14 de abril de 1992, martes de Semana Santa. Fue una visita que no tenía determinado el propósito; es más, se trataba de un paréntesis muerto de los que suelen aprovecharse para tomar un café.

En ese momento, la salud que ofrecía no era precisamente muy buena, puesto que estaba aquejado de una tos sospechosa, secundada intermitentemente por unos inquietantes temblores. Lo que ocurre es que ya llevaba algún tiempo sometido a numerosos achaques, especialmente a unos picores extraños y persistentes cuya causa, a pesar de las consultas reiteradas a los médicos, no se ha llegado a saber ¿Eran nervios, alergias…? Tenía, además, un problema de cervicales, una hernia de hiato y unas viejas tendencias a la depresión, como corresponde a toda alma sensible. De manera que tampoco era muy rara esta nueva dolencia, aunque a mí me pareció preocupante, mucho más que las anteriores. Naturalmente, le dije que debía ir al médico, a lo que él repuso que sí, que todo estaba previsto.

-Lo que ahora me preocupa –prosiguió, cambiando abiertamente de tercio- es el recital de Madrid, el próximo día 28. El de Alfaz lo he retrasado unos días, será del 1 al 15 de mayo.

Al día siguiente, miércoles, le llamé por teléfono. Su estado era más o menos el mismo: la misma tos sospechosa, los mismos inquietantes temblores.

-Mañana nos vamos a Cazorla –le dije, cosa que él ya sabía-. No dejes de ir al médico, ¿eh? Te llamaré en cuanto vuelva.

Pero no esperé hasta entonces. El sábado 18, alrededor de las 8 de la tarde, le llamé desde Cazorla (más exactamente, desde el km. 20 de la carretera de El tranco), y al no coger el teléfono supuse que su estado era bueno y que habría ido al Castillo de Alfaz, donde a esas horas debía disfrazarse de Conde en el Torneo Medieval, actividad que le ocupaba últimamente las noches de los sábados ¿Cómo iba a imaginar que estaba agonizando en la clínica? Al día siguiente, paradójico Domingo de Gloria, volví a coger el teléfono, pero tampoco obtuve respuesta. El lunes sabría, por desgracia, que para entonces ya estaba muerto. El día de Jueves Santo, mientras Cristo entraba de nuevo en el Sepulcro, Paco Llorca ingresaba en la clínica. Y fue a morir el Domingo, glorioso día de la Resurrección…

El diagnóstico, en principio, no era de carácter muy grave: neumonía. Cinco o seis días y en casa. Pero aún sobró la mitad de ese tiempo.

Tras varias llamadas infructuosas que trataban de localizarme (las hechas por Manuel Palazón, Elena González, Rosa María Serrano, Pepe Carboles y no sé si alguien más), fue Joaquina Puig Calverol, Quimi, quien tuvo el triste honor de comunicarme tan amarga noticia. Era lunes de Pascua. Daban las seis de la tarde en todos los relojes del mundo, también en el reloj de mi alma que, retrasado en un día, registró seis golpes de muerte, seis inmensos golpes de muerte que cortaron de raíz la abrumadora intensidad de los ruidos.

Al regresar de esa sima de silencio, corrí a verle al depósito. Allí fue donde, a solas con la muerte, mi dolor se deshizo en un llanto.

 

Mariano Estrada, 02-08-92

 

Sobre la muerte de Paco Llorca

(Causa y efecto)

 

Se lo llevó una carcoma

de esas que arañan por dentro,

de las que siegan la vida

con un puñal de silencio.

 

Se lo llevó una tormenta

sin artificio ni trueno;

un aluvión, un catarro

desventurado y famélico.

 

Se lo llevó, mal llevado,

un rayo puro y eléctrico;

un apagón, un suspiro

de larga sombra, muy negro.

 

Pero qué importa la causa

si es tan aciago el efecto:

espacio y tiempo infinitos,

llenos de noche y de huérfanos.

 

Mariano Estrada, 15-05-92

www.mestrada.net Paisajes Literarios

http://paisajes.blogcindario.com Blog de Paisajes Literarios

 

Nota: tanto la crónica como el poema pertenecen al libro “Paco Llorca: semblanzas del arte”, publicado con motivo de la celebración del primer aniversario de su muerte, el día 19 de abril de 1993.


Tags: Paco Llorca: crónica...

Publicado por Mariano.Estrada @ 12:33
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Publicado por Mariano.Estrada
martes, 01 de abril de 2008 | 19:19
París

Para Paco Llorca, París era una referencia constante. Y no sólo por su espléndido pasado, su incuestionable señorío, su reconocida monumentalidad o el prolongado equilibrio de su grandeza, sino también por la envidiable vitalidad de su presente: conferencias, conciertos, exposiciones, libros, cines, teatros, óperas, museos, bohemias, arquitecturas… Una gama tan rica y numerosa que aquí nos es difícil imaginar. Por eso iba a París cada año, o al menos lo intentaba. Por eso y porque tenía a su disposición la inestimable hospitalidad de un amigo: una hospitalidad en forma de buhardilla, donde el sueño era arropado por el dulce ronroneo de los gatos y los lamidos del aire en las antenas de la televisión. Al lado mismo del Sena.

Del libro “Paco Llorca: semblanzas del arte”
Publicado por Mariano.Estrada
martes, 01 de abril de 2008 | 19:27
La casa

La casa de Paco Llorca es una exaltación continua del arte: donde acaban los cuadros empiezan los libros o los discos. Pocos huecos existen en los que se pueda clavar con holgura un alfiler, a no ser en el techo. Luego está el piano, los equipos musicales, alguna que otra escultura… El resto del espacio es ocupado por unos muebles sencillos por los que campea a su antojo una gata: una gata blanca y cariñosa que, a la muerte de su dueño, evidenció una patética desorientación y una profunda tristeza.

Del libro “Paco Llorca: semblanzas del arte”
Publicado por Mariano.Estrada
martes, 01 de abril de 2008 | 20:08
Los discos, los programas de radio, los taxis

Por entonces, Paco Llorca andaba un tanto abstraído con sus programas de radio, no sé si con “Los amigos de la música” o con “Los amigos de la zarzuela”, que tanto montan, o con ambos a un tiempo. Lo que sí sé es que, para hacer esos programas, llevaba a la emisora sus discos. Creo que no es suficientemente sabido que, ya en aquellas fechas, la discoteca de Paco alcanzaba unos 4.000 elepés y que luego siguió un ritmo creciente (Tanto es así que sólo en el año 91, último de su vida, se incrementó en unos 500 compactos).

(Continúa...)
Publicado por Mariano.Estrada
martes, 01 de abril de 2008 | 20:09
También sé que, para desplazarse a la emisora, los taxis era su medio corriente de locomoción, puesto que Paco no tenía coche; claro que de poco le hubiera valido no teniendo carnet. Exhumo todo esto para resaltar el altruismo de un hombre que no sólo no cobraba ni un óbolo por hacer los mencionados programas, sino que él aportaba sin cargos el material y ni siquiera le pagaban los taxis ¿Habrá más altruismo en el mundo, más ingenuidad, más amor al arte?

Del libro “Paco Llorca: semblanzas del arte”