martes, 18 de marzo de 2008

El ogro de la Colina de las flores


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El ogro de la colina de las flores

 

Queridos amigos:

 

La historia que dejo hoy aquí no está tomada directamente de la realidad, pero pasó realmente. Me la contó una persona de confianza que, ella sí, la tomó del escenario en el que, con mayor o menor implicación, su propia vida se desenvolvía. De forma que la vivió muy de cerca y la conocía muy bien. Después de escribirla, hace ya algunos años (¿veinte, quizás?), fue directamente a un cajón, en el que ha estado esperando una oportunidad que, sin embargo, yo creí que no iba a darle nunca ¿Por qué? Quizás porque pensaba reescribirla algún día, ya que tal como había quedado no me gustaba. O no me gustaba mucho, o no me gustaba del todo. Vamos, que no me convencía en absoluto ¿Y ahora sí, señor exigente? Pues no, pero, ya sabes: “Quod scripsi, scripsi”. De manera que no pienso cambiar ni una coma. Y no por capricho o por pereza, sino porque me he parado a pensar y  creo que hay razones de peso para que siga siendo como es. Ella misma.

 

El ogro de la colina de las flores

 

A Antonia Estrada

 

En mi cabeza de niño nunca se configuraron los ogros como seres humanos. Los veía, nebulosamente, como una mezcla de animal y demonio: con fauces y cuernos.

 

Aquellos cuentos terribles de mi niñez, donde el ogro se guiaba por el olor de la carne humana, me ponían los pelos de punta. A veces, en la soledad de mi cuarto, por la noche, trataba inútilmente de contener la respiración para no sembrar el aliento en las sombras, porque éstas llevaban a mis ojos horripilantes figuras que, sibilinamente, andaban al acecho de un bocado de niño.

 

Mis experiencias posteriores me llevaron a la conclusión de que los ogros temidos eran puro invento de los mayores, especialmente de los abuelos.

 

Mucho tiempo después, cuando mi edad iba siendo más propia para contarlos que para oírlos, vine a enterarme de que los cuentos de ogros no habían nacido exclusivamente de la fabulación de nuestros antepasados. Supe entonces que los ogros existían de verdad y que los cuentos, con su carga indudable de fantasía, se fundaban en esa real existencia. Pero mis miedos ya se había diluido en los años y, además, los ogros que descubrí cometían sus desmanes en países remotos. Así que de nada me sirvió el conocimiento de su real existencia, ni siquiera para alterar las ingenuas figuraciones que de ellos tenía. Es más, el asunto había caído en un pozo de olvido y, de no se por un acontecimiento reciente, que voy a relatar, es probable que ahí hubiera quedado “usque ad mortem” y los ogros hubieran seguido siendo, como los ángeles o las hadas, recuerdos maravillosos de la niñez, una vez desposeídos de su realidad tenebrosa.

 

Hoy he tomado conciencia de los ogros; y tengo que decir de ellos no sólo que existen, sino que existen de una forma tan cruda que me han penetrado la mente con erizamientos de horror y repugnancia, como un día ya lejano lo hicieran las víboras. Tan espeluznantes se me hacen que sin duda nuestros abuelos se mostraron para con ellos excesivamente benevolentes, acaso para evitar que nuestros miedos agridulces se convirtieran en amargas torturas.

 

El ogro del que voy a hablaros era efectivamente antropófago. Por fortuna ya ha muerto. Habitaba la Colina de las flores, o Cementerio de vivos, en un lugar lejano de la selva africana. Hasta el día 7 de noviembre de 1983 era “El Gran Jefe Angaa” de la tribu  Mayogó. Su nombre de guerra era “Piel de leopardo”. Sus dominios, aparte de la maravillosa Colina de las flores, abarcaban una extensa zona de la jungla con todo lo que en ella palpita: árboles, leones, hierbas, elefantes…, incluyendo el derecho de pernada y el título de propiedad sobre una treintena de esposas, sus favores, sus hijos, su trabajo. Tenía, además, una legión de lacayos que le procuraban para alimento la comida más suculenta que puedan imaginarse los ogros: carne humana.

 

Efectivamente, todo ser humano que, vadeando el río, se internara en la Colina de las flores, tenía asegurado un hermoso cementerio para sus huesos. Su carne, como ya se ha dicho, era alimento de dioses. Y el dios era él, el Gran Jefe Angaa, de la tribu Mayogó, el que ordena y manda y, si tiene hambre, come.

 

Sin embargo, está escrito que a todo dios ha de llegarle su hora, como a todo cerdo su sanmartín, por más que se disfrace de ogro, de jefe de tribu o de espíritu puro. El 8 de noviembre de 1983 aparecía en los medios de comunicación de de República del Zaire la noticia de que el corazón del Gran Jefe Angaa, de la tribu Mayogó, había dejado de emitir sus venerados latidos. Paro cardíaco. El parte médico no dejaba lugar a la duda. En la selva se respiraba la densidad tensa de una gran calma. La noticia, propagada con rapidez por todos los medios posible, incluidos los tambores, era en cierto modo increíble ¿Muerto? ¿El Gran Jefe muerto? ¿No sería acaso una broma?

 

Mientas el eco mortuorio se extendía por los confines tribales, afectando a unos de superstición y a otros de creencia divina, los que gozaban de una mayor proximidad decidieron embalsamar el cadáver. Y, ciertamente, decidieron con sabiduría, pues, como luego se supo, había que esperar a un hermano suyo que era Comisario de Estado en esa misma República. Los desplazamientos hacia el corazón de la selva suelen ser arduos y engorrosos; el viaje podía durar largo tiempo.

 

Entretanto pasaban los días y… las noches. Noches misteriosas y alucinadas por el fuego y la danza: el destello del fuego y el clamor penetrante de la danza. El ambiente estaba cargado de niebla, una niebla mística que, a pesar de ser invisible, se podía masticar y laceraba las mentes de unos hombres que, ignorantes y crédulos, humillaban sus cabezas y retorcían sus cuerpos en ritos de obediencias resignadas y temores desconocidos. El Gran Jefe ha muerto. El Gran Espíritu vive. Tú eres el dios, oh Gran Jefe. Protégenos.

 

Finalmente, tras ávidas y medrosas esperas, llega el Comisario de Estado y hermano del difundo. Los tambores multiplican sus mágicos lamentos; el fuego aviva sus llamas, la danza alcanza su culmen y su éxtasis, la muerte tiene en el aire su inextinguible hoguera nocturna.

 

Desde una seriedad insondable, el hermano da su aquiescencia. Fiat. Puede procederse al entierro. Los cuerpos diplomáticos acreditados, desde sus embajadas en la capital, Kinshasa, pudieron comunicar a sus respectivos gobiernos que el Gran Jefe Angaa, de la tribu Mayogó, tras una muerte digna, había sido encomendado Dios, recibiendo cristiana sepultura. Y en ello había cierta verdad. Oficialmente era cristiano y como tal fue enterrado. Las autoridades estaban presentes, y lo vieron. El pueblo estaba presente, y lo vio. El Clero roció en cadáver con oraciones y agua bendita. “Requiescat in pace”.

 

Sí, el entierro fue genuinamente cristiano y, de los ritos tribales, tan sólo se prodigaron unas tímidas danzas. Sin embargo, el ambiente estaba impregnado de misterio. Subyacían a la oficialidad del acto muy distintas y apenas controladas apetencias. La primera mujer del difunto, seguida de las otras veintinueve con sus derechos subordinados, se arrastraba hacia el cadáver con la humilde pretensión de arrojar a la fosa sus ropas, sus objetos personales, sus amuletos y reliquias. Naturalmente, no le fue permitido.

 

No hubo otro rito, pues, que el cristiano. Pero a nadie se le escapó que el rito tribal quedaba pendiente. La sepultura no fue cerrada del todo ¿Por qué? Las razones aducidas no convencieron a nadie. Todo el mundo sabía, y quien no lo sabía lo intuyó, que aquel adiós cristiano no era en absoluto el definitivo. Pero el Clero se fue, las autoridades se fueron, los cuerpos diplomáticos quizás no engañaron a nadie. El Gran Jefe Angaa, enterrado cristianamente, había sido ganado para la civilización con una ejemplaridad meridiana.

 

Allí queda el secreto del clan, cortando el aire, flotando en la espesura de la selva, circundando con su niebla la hermosa Colina de las flores. Es el espíritu del Gran Jefe muerto, que sobrevuela la atmósfera clamando su encarnación en el Gran Jefe vivo, con todas las prebendas y prerrogativas. El rito se celebrará con todo rigor. Habrá otro ogro que seguirá devorando alimentos humanos, preferentemente niños. Las noches se suceden en celebraciones fúnebres; el manto de niebla se vuelve cada día más espeso. El pensamiento de los más allegados, repetida e insistentemente, se concentra en un único punto. Ha llegado la hora. El Gran Jefe ha muerto. Hay que comer al Gran Jefe. Esa es la ley. Hay que devorar al devorador para que su espíritu se encarne en el afortunado heredero. Porque el Gran Muerto no muere, no puede morir. Más allá de su carne, su espíritu vivirá por los siglos. Ahora está penando en las sombras de la noche, a la espera de que otra carne le reciba y de nuevo le tributen veneración las mentes humilladas, los corazones humildes.

 

Así, pues, el ogro se sucede a sí mismo. Su nombre variará, pero no su esencia: seguirá comiendo hombres, seguirá siendo padre de incesantes hijos, seguirá siendo dueño de inúmeras esposas, seguirá acumulando poder… Y acaso siga siendo cristiano.

 

Si acabara aquí, ninguna novedad habría en esta historia. El ogro sería devorado por los hambrientos candidatos y su espíritu se metería mansamente en la carne del divino heredero. Sin embargo, en esta ocasión, las cosas se complican por interferencias extrañas. En el tránsito amargo hacia la muerte, y aún después de la muerte, el Ogro fue sometido a medicación y no era posible comerlo. La ley no puede ser transgredida. Pero la ley es sumamente previsora y, hasta cierto punto, el sujeto comestible puede ser modificado. Así, la suerte habrá caído sobre uno de sus múltiples hijos ¿Cual de ellos? Los hechiceros lo saben, ellos son los visionarios, ellos son los que penetran el más allá para el bien de la tribu, los que harán la elección con inapelable justicia. Con toda seguridad, la suerte caerá sobre un retoño tierno e inocente que morirá en el más absoluto secreto, que será devorado en el místico placer de los que ambicionan el mando, los poderes, la gloria. Con este bocado tierno y exquisito, el Gran Jefe volverá de nuevo a la vida; su espíritu descenderá de la niebla para encarnarse en el Gran Elegido y habrá paz para todos. Tan sólo queda un detalle: si el Gran Jefe no va a ser devorado, ¿qué hacer con su cuerpo? Su tumba será provista de algunas comodidades de entre sus vastas pertenencias: una mujer, unos vestidos, unos afeites, unas reliquias. Por eso no cerraron la fosa ¿Cómo había de entretener la otra vida? ¿Cómo había de entretener la soledad, el tiempo incesante, el incesante reposo?

 

Las danzas continúan. Las noches son aullidos de espíritus que vagan sin cuerpo, aullidos penetrantes de cuerpos vacíos, almas a la deriva que codician los ojos abultados de los poderosos ¿Quién será el elegido? Los hechiceros de la secta se reúnen, con ellos se reúne el futuro. Van a hacer deliberaciones sobre el inminente banquete ¿Cuál de los hijos tendrá la carne más fresca?

 

Quien me ha contado esta historia vive precisamente en ese lugar, hace ya muchos años. Es una misionera española. Sus noticias sobre el caso acaban de la siguiente manera: “En mi próxima carta te diré sobre cual de los hijos ha caído la suerte. Es probable, según dicen, que caiga sobre un alumno mío del Colegio Kizito, que estudia sexto de bachiller”.

 

Mariano Estrada www.mestrada.net Paisajes Literarios

Blog http://paisajes.blogcindario.com

 


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He de confesarte, Mariano, que la extensión del relato me asustaba un poco. Una vez empezado, está tan bien escrito que me lo he zampado muy a gusto, como el ogro de tu relato.
Cuestión de preferencias, yo me quedo con esa frase tan bonita de no respirar "para no sembrar el aliento en las sombras".
No comprendo por qué comentas que no lo publicabas porque no estabas conforme. Ya veo que eres un perfeccionista. Y me imagino de dónde te vienen a tí estas historias, tu musa inspiradora... Ahora creo que anda por parajes mucho más fríos. Dale un caluroso abrazo de mi parte.
Mira por donde, yo pienso que este relato es de lo mejorcito que he leído de tí.
Cuídate, amigo.
Luis Teódulo


Querido Luís:

En términos generales, yo no suelo quedar satisfecho de mis escritos. En el caso que nos ocupa, con mucha más razón. Verás, en esa historia podría estar el embrión de una novela. Lo que pasa es que daría mucho trabajo y habría que disponer de un tiempo que, por desgracia, yo nunca he tenido. De ahí que en mi comentario hablara de que alguna vez pensé reescribirla. Podría haberlo hecho, ya que dispongo de la inagotable fuente de Antonia, que vivió allí 22 largos años. Por cierto, Antonia podía haber sido una musa para mí, como sugieres, podría serlo aún en el futuro, pero lo cierto es que de momento no lo ha sido. Creo que sólo en este relato.

Tu apreciación sobre la extensión es correcta. Para un post resulta un poco larga. Me alegra saber que se lee con relativa facilidad. Y también me alegra saber que te ha gustado. Gracias por tus opiniones.

No sé si quedarás satisfecho con estas breves respuestas a tus no formuladas preguntas.

Un abrazo


Mariano, tengo que reconocer que anoche sobre las dos de la madrugada,cuando regresaba de participar en un concurso de paellas , - que sea dicho de pasada, me concedieron el primer premio -, me puse a leer tu escrito, y me dije: mañana continuaré que es muy largo y estoy algo cansado, es decir, casi lo mismo que Luis.

Pero hoy se me ha hecho corto y lo he leído dos veces, tal vez, para sacarle más jugo a tus palabras, a ese relato que me ha recordado días de mi niñez, cuando vivia en el pueblo y, al subir de la planta baja al primer piso, me entraban los miedos, cogía mi espada por si salía algún ogro,víbora o rata, y me iba a la cama.

Un buen relato, si señor. Me ha recordado, también, un día que una persona, tal vez la misma que te lo contó a ti, escribió algunas vivencias suyas de ese país en un foro, el de Muelas de los Caballeros, no sé si te suena. Es cierto, podía haber sido tu musa, porque humanidad, talento y saber contar las cosas, no le falta.

Un abrazo


Hola, José Miguel:

Felicidades por tu Santo. Felicidades por ser padre. Felicidades por ese primer premio en el concurso de paellas. Ya sabía que eras un maestro en el asunto, pero se ve que te superas cada día. Y yo aquí, sin decidirme a ir a tomarla ¡Con las veces que me has invitado!
Me ha gustado el comentario que nos has dejado, y no sólo por los elogios, sino porque está bien construido. También en esto te superas cada día.

Un abrazo


Yo también quiero unirme a la felicitación a José Miguel, que algo ya lo voy conociendo por otros motivos. Y una vez digerido el magnífico relato de Mariano, sobre ogros y miedos, no estaría mal que José Miguel nos contara un poco el secreto de sus maravillosas paellas y así escaparnos un poco de este torbellino de angustia donde Mariano nos ha introducido de cabeza, él, tan dulce de ordinario.
Abrazos.
Luis Teódulo


Luis en primer lugar gracias por la felicitación.

Supongo que los motivos que aludes de conocerme son de la página de Antiguos Alumnos, que en unas cuántas ocasiones he dejado algún comentario ¿O son otros? Pues bien, a pesar de que la página literaria de Mariano, - como su nombre indica -, es literaria y no gastronómica, con el permiso de Usías , no de Fernando, sino de Mariano, voy a complacerte en tu petición, aunque he de decirte que, anoche gané el concurso de paellas, y hace dos años, también, pero si soy sincero, creo que por medio debe…, haber…., habido…… un maletín, porque si no, no lo entiendo.

Así pues vamos a desconectar un poco de poesía, sonetos y poemas líricos, y bajemos a la pura y llana prosa, la que llena la panza: la gastronomía. Y si consigo trasmitiros la ciencia de la paella, me daré por satisfecho.


Aunque vaya por delante que, para esta ciencia, hay que tener "duende", como dicen los andaluces. Mi mujer, - que es cordobesa - cuando baila sevillanas, tiene una gracia especial en las manos, hace unos giros con las muñecas, que muchas valencianas que asisten a clase de academia, no consiguen hacerlos. Pero vayamos al grano y dejemos las chorradas.

INGREDIENTES.-

½ litro de aceite, y el chorreón. (ahí ya hay algo de duende)
Sal (más duende)
½ pollo
1 conejo (el de la Loles, no)
3 tomates de pera rallados.
2 dientes de ajo a rodajitas.
Pimentón
Colorante
¾ de Kg. de rochet. En su defecto judia ancha.
½ Kg de garrafón tierno. (En su defecto seco, puesto en agua con antelación, pero entonces solo 200 gramos)
4 litros y ¼ de agua. (a ser posible de Valencia, en su defecto de León o de Muelas de los Caballeros)
1 Kg de arroz.


Estos son los ingredientes para una paella de 16 personas, lógicamente el caldero o paella será del mismo número de plazas.

Empezamos. Se pone el aceite y se rocía con un poco de sal para que salpique menos. Cuando está caliente, se pone la carne , que debe freírse mucho hasta que esté muy dorada. Después se echa la verdura y cuando está lista se echa el tomate con los ajitos, se le da un par de vueltas y, todo seguido se pone un poco de pimentón. Al pimentón hay que darle una vuelta solo e inmediatamente poner el agua, porque si se quema, malo, hará un gusto desagradable.

Una vez hecho esto lo dejamos hervir durante 20 minutos a fuego lento, para que le saque el jugo a la carne, ponemos el colorante y la sal (más duende). Cuando lo probamos y nos gusta el caldo echamos el arroz, que debe cocer durante 20 minutos. Se deja reposar 10 minutos y, con un buen vino de Ribera del Duero, ¡¡¡A comerla!!! Pasamos al apartado de preguntas.

Un abrazo

José Miguel


Gracias, José Miguel.
Esos versos tuyos tan sabrosos tienen un aroma delicioso y saben a gloria. Habrá que cuidar que, al olor, tu amigo Trapi no quiera apuntarse también. Tendrá que traernos un Prieto Picudo bajo el brazo.

Y tu mujercita que nos baile también unas sevillanas y que sus manos sean palomas mensajeras de alegría y felicidad.

Sólo una pregunta: Has insistido en el fuego. Tan importante es para que salga bien?

Invitamos a Mariano, tan sensible y necesitado de mimos?

Un fuerte abrazo
Luis Teódulo


José Miguel:

En el post del Ogro, la paella, ¿será de carne humana? Entonces no debería llevar rochet ni garrafón, sino crisantemos. Y el aceite será sustituido por adipocira. Ahora bien, habrá que poner un letrero en el que se lea con claridad: no coment. Eso sí, en lingala, que es el idioma del muerto. Paella del ogro. Para la eternidad. Habrá que abrir de nuevo la tumba, para meterla. Y habrá que dejarle también una cuchara de palo. Y unos palillos de baobab. Para los escamochos.

José Miguel: te ha salido bordada. Enhorabuena.

Luís:

No llores por mí, Argentina, que tengo las aristas redondeadas. Ya sabes que: “Soy astilla de fuego / copo de nieve / pelo cano de hombre / risa de nene”

Salud, hermanos.

Un abrazo

Posdata: la bebida la pongo yo: Aguablanca, paella de ida y vuelta


El martes contesto a las preguntas, que nos vamos a Cullera hasta ese día, y mi mujer me está bailando unas sevillanas.

Un abrazo

José Miguel


Mariano, has embellecido la historia, el relato está, ufff, de miedo, para no dormir. Pero es la realidad. Lo que no supe jamás fue si la suerte del que debía ser comido en su lugar cayó sobre mi alumno del Kizito. Ya son secretos mayores, pero con certeza, eso se cumple.

Ante mi incredulidad de estos hechos de antropofagia, le pregunté al Dr. Leta, mulato, un hombre buenísimo que trabajó por salvar a tantos enfermos y, sin embargo, él murió solito en una clínica de Kinshasa, nos ayudaba y nos quería mucho. Doctor: eso que dicen del Jefe Angaa, que come a la gente, ¿es verdad? Me mira, sonríe y dice: Antoinette, eso es tan verdad como que yo estoy hablándote, y, es más, de Kinshasa he sido convocado para examinar la carne ahumada que Angaa enviaba en sacos desde de Isiro para constatar si era humana! Era humana, mi ingenua Antoinette, humana!

(Continúa)


Y cerca de la Colina de las Flores, que en realidad estaba a muy muy poca distancia de nuestra misión, había otro hombre antropófago.

Un día salía gritando una multitud y, delante, los policías llevaban al "Motu ya kolia batu" (Comegentes) con la cabeza de una joven pinchada en un palo. El comegentes había ido al cementerio, desenterró a una joven que había muerto hacía tres días y se la "merendaron".

Era vecino nuestro y cuando lo vimos le preguntamos. Papa (como decir, señor), ¿tú solo hiciste eso tan macabro, tan horroroso? Respondió: ¿Tú crees que una persona sola puede hacer esas cosas? .Somos muchos.

Comentando el hecho con los profesores de nuestro colegio San Kizito, decían, pero muertos de risa. Bueno, comer a la gente no está bien, pero desenterrarla para comerla, después de todos los ritos y oraciones, está realmente muy mal.

Antonia


Estimado Luis, como dijo Tarradellas: "ya estoy aquí". Bueno, él dijo: "Ciutadans de Catalunya, ja sóc aquí". Pero no hagamos política, que pa entendernos sobra con uno. Y yo digo: "amigos de León, La Vila y to España, ya he llegado de Cullera".

Aunque creo que, después de leer el comentario de Antonia, la poesía de Mariano sobre la primavera, - que la sangre altera -, no sé si volver a hablar de paellas es oportuno.

En fin..., que Dios nos perdone. La carne, la que más te guste; el rochet, puedes sustituirlo por crisantemos; y el aceite - yo pongo el que toma Nacho Vidal - pero tú puedes sustituirlo por el que quieras, aunque eso sí, a ti no se te alterará nada, ya que el único afrodisíaco es el aceite "El Campiñero". Además, así, no creo que Trapiello se apunte a tal desaguisado.(sigue)


Pero volvamos al amor, - como reza una canción de los 60 -, y terminemos el tema. Comentabas que si el fuego es importante, y la verdad, creo haber leído mi comentario y no lo menciono mucho, tal vez sea por eso que me lo recuerdas.

Es importantísimo, y te digo: cuando el agua hierve durante 20 minutos sacándole el jugo a todos los componentes, debe ser lento. Luego, cuando se añade el arroz, los primeros 10 minutos debe hervir, fuerte, y el resto, es decir, los otros 10, lento. Hay que tener presente que al final de los primeros 10 minutos de cocción del arroz, debe quedar ya casi seco, y los otros 10 minutos son para que termine de quedar en su punto. (En fin, duende). Mejor venís a Valencia y la ponemos en práctica, y lógicamente, Trapiello, S.S.S. y cualquier otro antiguo alumno compañero de Mariano, por mi parte, puede sumarse al evento.

Un abrazo

José Miguel


Puede salirte cara la paella, José Miguel. Ten en cuenta que en octubre pasado, cuando celebramos el encuentro, nos juntamos 600 personas. Y eso que muchos no fueron...

abrazos


Mariano, es raro que no te contestase a tu comentario, porque reconozco que soy plomo, y siempre quiero quedarme encima.

Allí serías 600, pero te aseguro que aquí no vienen más de cinco, no obstante, si tú pones el sitio, yo la puedo hacer para 200 ó 300 personas, no sería la primera vez. Y no es ánimo de presumir, pero en un pueblo de Córdoba, dónde vive un cuñado mío, cuando tomó la comunión su hijo, éramos casi 300 invitados, y el menda, hizo paella para todos, eso sí, con cuatro mujeres a mi cargo, que a mi lo de arenero me va mucho. Así que no sufras, si vienen todos y tú pones el local, yo hago paella pa tos.

Un abrazo

José Miguel


Querido José Miguel:

Si haces una paella para 300 personas y logramos meterlas a la vez en tu apartamento de Cullera, seguro que nos sacan en el libro Guinness de los records.

Claro que de paso hundiríamos el eficicio. O sea que mejor lo dejamos estar. Que venga Santos solamente y la paella para trescientas personas será engullida por seis. Se entiende que las mujeres también están invitadas. Bueno, admitiremos de clavo a Agustín, para que filosofe sobre los arroces transgénicos en la Plaza de Tiananmen.

Un abrazo


Mariano, te recuerdo que en Vascongadas no dejan entrar a las mujeres, y aquí con Agustín tendríamos bastante, sin ser mujer, claro.Ël solo haría preguntas, porque la Filosofía la dejaría para mi, que dice que es la vida misma, y que yo soy mucho más viejo que él, y cada año más, porque él se planto en los 25. Te sorprenderás, ya lo verás.

Y mucho hablar pero no se hace nada, a ver si se pone una fecha. De los antiguos alumnos invitaríamos a Santos, Luis y Trapiello, y luego que lo cuenten a los demás, ya que son los que más relación he tenido, aunque por emilio. Además, a Trapiello lo conozco por foto, y si no me equivoco - y le pido disculpas por la confianza - , me ecuerda a mi padre que era un personaje simpaticón, y tambien un poco a su hijo José Miguel, que de los dos hermanos, -aunque no lo creas -, es el más bicho, porque el de NY, es un santo.

Un abrazo


iKquRM <a href="http://sodkynhcplfx.com/">sodkynhcplfx</a>, [url=http://kftbyeisrlct.com/]kftbyeisrlct[/url], [link=http://erlekuqdvgwg.com/]erlekuqdvgwg[/link], http://sjzrhaqanyxt.com/