viernes, 14 de marzo de 2008
Augurios

Augurios
Queridos amigos:
Lo primero que yo leí de Borges, hace ya muchos años, fue lo siguiente: “Por el deceso de alguien –misterio cuyo vacante nombre poseo y cuya realidad no abarcamos-, hay hasta el alba una casa abierta en el Sur”.
Pues bien, estos versos, que son los que inician el poema “La noche que en el Sur lo velaron”, fueron los que me abrieron la puerta de la literatura borgeana, que, como sabemos, es una literatura de las que, además de crear adición, dejan una huella que tarda mucho en borrarse. Si es que al fin se borra, porque alguien ha llegado a decir incluso que, quien bucea en las páginas de Borges, si es escritor, ya no podrá desprenderse nunca de determinadas adherencias.
Yo creo tener aún algunas, pero en los años que siguieron a la lectura de ese magnífico poema, confieso que leía de Borges hasta lo que no me gustaba y que, por cierto, es lo que me sigue sin gustar.
No es extraño, pues, que un buen día quisiera expresarle mi gratitud, que era mucha y cierta, y que de pronto me viera escribiendo el libro “Vindicación de JL Borges”, del que sólo he dado a conocer algunos fragmentos: aquellos que, mirados con indulgencia, me han parecido aún presentables.
El primero de los que dejo hoy aquí, titulado Augurios, tiene un alto componente mimético. El segundo lo he puesto para que el lector se quede un rato pensando.
Un abrazo
AUGURIOS
Un amigo de la infancia, muy dado para su mal a las supersticiones, deshojó una margarita para saber de un amor. La flor le dijo que sí y, efectivamente, el amor fue consumado. Otras cosas hizo que no voy a referir en estas líneas; es lógico entender que algunas le depararan desagradables sorpresas.
Pero hay una, llegada a mi conocimiento por tercera persona, que constituye el objeto del presente relato. Para saber de la suerte en las diversas facetas de su vida, se había dado a ejercer una especie de cábala. De los procedimientos y combinaciones que usó, nada ha llegado a saberse. Se sabe, eso sí, que no se limitaban a los Libros Sagrados.
Uno de ellos le predijo su muerte, jamás conoceremos con qué amargas palabras. Cerró el libro que sostenían sus manos, se dirigió a la salita, donde su esposa redimía del polvo unos cuadernos y, mirándola a los ojos, dijo: “Voy a morir”. Y en aquel instante preciso cayó fulminado por el rayo. No le dio tiempo a sentarse.
La certeza de su muerte le pudo llegar de múltiples formas. La que aquí se da a entender es una de ellas, pero no pasa de ser conjetura.
Mariano Estrada www.mestrada.net Paisajes Literarios
Del libro “Vindicación de JL Borges”
Coda:
El certificado
Pero dime: ¿en qué lugar tuviste la certeza de que estabas muerto? ¿En el polvo fatigoso de un andar perdido, a la sombra de un puente hospitalario, en algún esconce aleve del espacio-vida? ¿Fue en la guerra, en la paz, fue tal vez en la casa? ¿Y cómo es que tu alma no se halló donde dices que fue hecha cadáver?
Mariano Estrada www.mestrada.net Paisajes Literarios
Del libro “Vindicación de JL Borges”
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Añadir comentario
No he leído nunca a Borjes; ni jamás he acabado el Quijote.
Pero, sin embargo, le doy valor a la letra, a una palabra tras otra.
Y con frecuencia me hago la misma reflexión: Si levantaran la cabeza aquellos músicos, poetas o pintores entrerrados en la indigencia, en fosas del común, y vieran como "se cotiza" el trozo de trapo que pintó por placer, las notas saltarinas en pentagramas a la luz de un candil, o los surcos de letras que iluminban con su imaginación...
Mariano: que "les quiten lo balilao". Nadie, por mucho oro empleado en la compra de su obra, podrá disfrutar tanto como su autor.
Andrés Martinez Trapiello
El gusanillo de la literatura, ¿es genético? No deja de ser curioso que eso de poner “palabra tras palabra”, como tú llamas al hecho de escribir, a menudo sea puesto en práctica por todos los miembros de una familia.
Y sí, estoy de acuerdo contigo, el autor, además de ser el que primero lo hace, es el que más disfruta de todos. Y hasta puede ser el único.
Un abrazo
Algunas veces sueño cosas inocentes
como si fuera un niño.
Un día, por ejemplo,
pensé en llamar a Gamoneda y decirle:
maestro, hoy voy por León
y quiero retratarme con usted
en las puertas de la catedral,
junto a su casa.
De fondo sólo sus versos nebulosos
y la magia de su palabra encantada.
A Borges, en cambio,
no me atrevería a molestarle.
A Felipe Benitez y a Luis Montero,
de paso por Andalucía,
les hubiera dicho:
¿tomamos esta noche unas copas?
......
Luis Teódulo
Con Alberti y su largo cabello al viento
me hubiera tomado unos pescaditos
en el Puerto de Santa María.
Con Juan Ramón y don Diego
hubiera oído los maitines en Silos
Con Neruda hubiera compartido
unas chuletas asadas al sarmiento
con vino de Cariñena.
Y con Antonio Machado
un paseo en barca por el Duero
junto a San Saturio
o por el Guadalquivir en la Torre del Oro.
Con Angel González
hubiera fumado un cigarro
y dibujado en el aire alas de ángeles
con humo de nubes.
Y con vosotros, amigos míos,
caerá alguna vez un Prieto Picudo?
Y que Cervantes, Haendel, Gamoneda, Velázquez, Mozart...
"Tú mismo" me decían en aquellos años adelescentes. Y en la madurez, yo me lo repito. ¿Madurez o vida vivida?
¡Qué más da!
Bonito el recorrido que has hecho por los poetas.
Un abrazo
Morir, vivir, augurio permanente,
siento que estoy muriendo
continuamente
por hemorragias de vida
en continuo sufrimiento.
Mi augurio
lo llevo siempre conmigo,
augurio es verme en el espejo,
pensar en el paraíso perdido
de donde vengo
y al que quiero regresar
para no ver más
la desesperanza y el miedo.
José Ignacio,
Los paraísos perdidos se suelen situar en la niñez, que es al lugar donde a menudo volvemos cuando nos vamos haciendo mayores.
Muy bonito el texto que nos has dejado.
Un abrazo

