Queridos amigos:
En los tiempos que corren -en los que tiembla la economía, se retrae el bolsillo y se destruye el empleo-, cobra actualidad este poema que tiene como asunto el trabajo. Nada nuevo, por otra parte. Todos sabemos que el trabajo, dependiendo de los vientos que soplen, puede ser castigo o bendición. Incluso puede ser ambas cosas. Y, en algunos casos, un drama.
Abrazos solidarios
El Trabajo
Hasta hace poco, lo normal es que todos tuviéramos padres. Antes, además, teníamos unos primeros padres. Ahora... Ahora no lo sé, yo creo que Adán se ha cansado de probar constantemente la manzana y, a tenor de lo que parece, desde un tiempo a esta parte se dedica mucho a examinar el Genoma. Es como si quisiera perfilar el mapa de la humanidad para dar por cerrada la aventura de su vida. Adán ha envejecido tanto que debe estar a punto de jubilarse, incluso de finiquitar. Quién sabe, ahora se abrirán las
gene-ralidades del clon, que consisten en dar vida a las fotocopias. Lo que no se sabe aún es qué tipo de vida... ¿Habrá un clon del clon? Por cierto, el
sentido ya hace mucho que estaba clonado, y el
rasero también ¿Por qué, si no, hablamos del doble sentido, del doble rasero? ¿Conseguirán los científicos liberar al
gene-ro clon, o como se llame en el futuro la humanidad, de la pesada carga del trabajo?
Me dispongo a firmar, pero ignoro si el que firma es el otro...
De todos modos, mi abrazo
Mariano Estrada
Doctrina del trabajo
No me hubiera importado
sentir en propia carne
las bondades de un Paraíso
Terrenal que, según las amarillas
fotografías de mi frente
-hoy de nuevo escolarizada-,
estaba lleno de árboles frondosos
y de un exuberante repertorio
de aromas y colores.
En esa plenitud arborescente
la ciencia protegía sus manzanas
-duales y simbólicas-,
del pico lujurioso de los pájaros.
Adán las anhelaba sin remedio
desde un sentido laxo
de la prohibición
que pronto se llamó desobediencia.
Fuera estaba el castigo del sudor,
con la obligada zanahoria
del pan y la conciencia del trabajo.
Finalmente, Adán sufrió el designio
de la divinidad que, con su dedo
vengador e inmisericorde,
le señalaba el vergonzoso
derrotero de la deshonra.
Pero el trabajo en nuestros días
ya no se ve como castigo
de Dios, sino como una
tormenta de maná, un hielo
que se deshace en bendiciones.
Lo que quiere decir que
la manzana era digna
de esta causa rebelde y
que el hecho de la transgresión,
antes que un acto de desobediencia,
debe ser registrado como un logro social.
Señalemos, no obstante,
que la necesidad se ha convertido
en virtud y que la virtud
se nutre de agua y sacrificios.
¿De qué otro extraño modo
el trabajo sería bendición?
Mariano Estrada www.mestrada.net http://paisajes.blogcindario.com
Del libro “A este lado del Paraíso”
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