lunes, 28 de enero de 2008
La caricia
La caricia
Desde hace muchos años
he tejido mis noches
con el hilo tenaz
de la ilusión y la esperanza.
Pero la luz de cada día
-que es de materia insobornable-,
le da tal claridad a la mañana
que todos los castillos
levantados se desvanecen.
Y todas las creencias
que, con vitola de verdades,
echaron su raíz en mis ensueños,
acaban en el cubo
de las heridas sin cicatrizar,
o en el rictus amargo
que va poniendo el día
en la cara de un hombre,
en los ojos de una mujer,
en el trasfondo anímico de un viejo
cuya fragilidad
no consigue arrancar de los mortales
esa caricia elemental que tanto
necesitamos
para cambiar el mundo.
Yo me rebelo contra ello,
pero acabo rendido
a la evidencia de la realidad
y de los hechos consumados.
De manera que, envuelto en pesadumbre,
enchufo la televisión
para pastar un rato en el olvido,
pero me siento tan inútil
como un espantapájaros
con el que se divierten,
a risas, a desprecios, a pedradas,
los propietarios de la finca
matriz donde nosotros habitamos
porque habita también nuestro bolsillo.
Antes de regresar
a los parajes íntimos
de la ilusión
habilitados en mi cama,
me acerco a la bandeja
de entrada del Outlook
con la esperanza, ya un tanto remota,
de encontrar el aullido
de algún alma gemela,
tal vez algún remedio, alguna
insospechada medicina
Y sí, para más gozo,
entre un montón de “spam” no deseado,
que invita a perdonar la redundancia,
se encuentran los placebos
infinitos de la felicidad:
viagras, levitras, cialis, prepucialis,
increibles alargamientos
del pene, de la pana, de la pena,
fármacos múltiples y numerosas
páginas de sexus, plexus y nexus
que postulan alucinantes
maneras de fornicación
o modos de alcanzar el paraíso
mediante una descarga seminal
que, incomprensiblemente,
está exenta del canon.
Voy a la cama compungido,
echo a la papelera
de reciclaje
la información del día,
arrojo el pesimismo, cambio el chip,
me conecto al cordón de la inocencia
y me siento de nuevo
materia de resurrección,
como esa flor de hibisco
que muere con la sombra y
renace con la luz cada mañana.
La misma luz, no obstante,
que, a lo largo del día,
me desvela cumplidas amarguras
en la cara de un hombre
en los ojos de una mujer,
en el concesionario
anímico de un viejo
del que ya se ha alejado la caricia.
Del libro "Gotas de hielo"
Mariano Estrada www.mestrada.net Paisajes Literarios
Blog http://paisajes.blogcindario.com
Tags: La caricia
Añadir comentario
Queridos amigos:
Os informo de que hemos incluido en Paisajes Literarios algunas de las últimas recreaciones de Mar. Para acceder, basta con pinchar sobre la imagen que aparece en el Index ( www.mestrada.net) o sobre el vínculo que hay sobra ella (POESIAS EN POWER POINT RECREADAS POR MAR). Al fondo de la tabla donde aparecen las imágenes, hay un vínculo para acceder a otros pps que hemos puesto en Google (http://groups.google.com/group/paisajes-literarios)
Ver también en ENLACES de este Blog:
Grupo PL Visualización pps Mar-Mariano
(http://blogs.miarroba.com/visitar.php?id=32954&url=3)
Un abrazo
Os informo de que hemos incluido en Paisajes Literarios algunas de las últimas recreaciones de Mar. Para acceder, basta con pinchar sobre la imagen que aparece en el Index ( www.mestrada.net) o sobre el vínculo que hay sobra ella (POESIAS EN POWER POINT RECREADAS POR MAR). Al fondo de la tabla donde aparecen las imágenes, hay un vínculo para acceder a otros pps que hemos puesto en Google (http://groups.google.com/group/paisajes-literarios)
Ver también en ENLACES de este Blog:
Grupo PL Visualización pps Mar-Mariano
(http://blogs.miarroba.com/visitar.php?id=32954&url=3)
Un abrazo
Marianín,
sin caricia no puedo vivir,
no puedo vivir sin ternura,
no puedo vivir sin dulzura,
sin caricia quiero morir,
llévame pronto locura.
Cómo puedes imaginar un mundo sin caricia, Mariano.
Un mundo sin dulzura es otro mundo, merece la pena vivirlo? Cuesta tan poco una caricia...
sin caricia no puedo vivir,
no puedo vivir sin ternura,
no puedo vivir sin dulzura,
sin caricia quiero morir,
llévame pronto locura.
Cómo puedes imaginar un mundo sin caricia, Mariano.
Un mundo sin dulzura es otro mundo, merece la pena vivirlo? Cuesta tan poco una caricia...
Querido José Ignacio:
Tampoco te creas que he tenido que imaginar mucho, me ha bastado con mirar un poco a nuestro alrededor. A los mayores no sólo se les ha perdido el respeto, sino que se ha prescindido olímpicamente de su cariño, en torno al cual se armonizaba mucho la familia. Y, por supuesto, se ha prescindido también de sus aportaciones a la sociedad, ese bagaje acumulado durante años y que pudiéramos llamar “sabiduría”
Hoy no se cotiza la calma, sino la prisa. Hoy no se cotiza la experiencia, sino la juventud, especialmente si es “guapa”.
Los programas “basura” de las televisiones funcionan tan bien porque eso es lo que interesa hoy a las audiencias. Los programas no se miden por la calidad, sino por el share, por la cuota de pantalla, por el dinero.
Hablo de tendencias, pero éstas ya son muy significativas. Y salvando, por supuesto, los casos particulares.
Un abrazo ¿O prefieres una caricia?
Mariano
Tampoco te creas que he tenido que imaginar mucho, me ha bastado con mirar un poco a nuestro alrededor. A los mayores no sólo se les ha perdido el respeto, sino que se ha prescindido olímpicamente de su cariño, en torno al cual se armonizaba mucho la familia. Y, por supuesto, se ha prescindido también de sus aportaciones a la sociedad, ese bagaje acumulado durante años y que pudiéramos llamar “sabiduría”
Hoy no se cotiza la calma, sino la prisa. Hoy no se cotiza la experiencia, sino la juventud, especialmente si es “guapa”.
Los programas “basura” de las televisiones funcionan tan bien porque eso es lo que interesa hoy a las audiencias. Los programas no se miden por la calidad, sino por el share, por la cuota de pantalla, por el dinero.
Hablo de tendencias, pero éstas ya son muy significativas. Y salvando, por supuesto, los casos particulares.
Un abrazo ¿O prefieres una caricia?
Mariano
¡Qué poema tan triste, querido Mariano!
Abre un helado hueco de soledad y desesperanza en medio del pecho.
Peor para el que no quiera entregar una caricia, no sabe lo que se está perdiendo, porque la ternura es uno de los mayores tesoros que podemos encontrar y compartir. Tampoco sabe que nunca será feliz, porque sólo se puede ser plenamente feliz haciendo felices a los demás, y únicamente lo que demos nos será devuelto con creces.
¿Sabes lo que te digo? Qua a falta de caricias de humanos, a menudo tan avaros y cicateros, siempre nos quedará la caricia del sol, del viento y de la lluvia, siempre generosas, sinceras, abundantes y que no piden nada a cambio, simplemente se dan...
¡Te dejo un beso, un abrazo y una caricia!
Abre un helado hueco de soledad y desesperanza en medio del pecho.
Peor para el que no quiera entregar una caricia, no sabe lo que se está perdiendo, porque la ternura es uno de los mayores tesoros que podemos encontrar y compartir. Tampoco sabe que nunca será feliz, porque sólo se puede ser plenamente feliz haciendo felices a los demás, y únicamente lo que demos nos será devuelto con creces.
¿Sabes lo que te digo? Qua a falta de caricias de humanos, a menudo tan avaros y cicateros, siempre nos quedará la caricia del sol, del viento y de la lluvia, siempre generosas, sinceras, abundantes y que no piden nada a cambio, simplemente se dan...
¡Te dejo un beso, un abrazo y una caricia!
Es cierto, Lidia, esta misma tarde, paseando por El Charco de Villajoyosa, he sentido las caricias del sol y, sobre todo, del viento. Y más que del viento, de la brisa: esa brisa “que da en las heridas con emulsiones de sal” y que sienta maravillosamente al final de un cansancio…
La caricia de la lluvia, por contra, en esta zona se prodiga muy poco, como tú sabes. Menos, incluso, que las caricias a las que me refiero en el poema.
Por cierto, esas caricias no son sólo las físicas…
Recibo con gusto tu caricia y, cómo no, te mando las mías. Con un beso.
La caricia de la lluvia, por contra, en esta zona se prodiga muy poco, como tú sabes. Menos, incluso, que las caricias a las que me refiero en el poema.
Por cierto, esas caricias no son sólo las físicas…
Recibo con gusto tu caricia y, cómo no, te mando las mías. Con un beso.

