viernes, 18 de enero de 2008

El caballo

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El caballo

El año 85 había llegado a Benidorm con un invierno cálido, como suelen ser los inviernos en esta zona ¿Cómo, si no, iban a florecer en enero los almendros? Con él había llegado también un cantante argentino al que, para montarse en el éxito, le faltaba estar en el lugar adecuado en el momento oportuno. Pero llegó a Benidorm, donde lo más que puede hacerse musicalmente hablando es cantar en el salón de un hotel o de una cafetería, lugares en los que él necesariamente se prodigaba. No recuerdo bien si aquel año se celebró el Festival de Benidorm. Lo que sí puedo decir es que el Festival de Benidorm estaba de capa muy caída y no volvería jamás a ser lo que fue, a pesar del dinero insuflado para extenderlo a los lejanos confines del mundo ¿Confines? ¿Con qué fines? Lástima de dinero, ¿no? Algunos ni siquiera saben tirarlo. Se lo dejan a espuertas y no saben tirarlo ¿Y son gestores públicos? Me lo explique usted, amor, me lo explique usted. (Nota: si hubiera dicho Amor, con mayúscula, me referiría al concejal que tuvo a su cargo el lanzamiento, pero amor, con minúscula, es un indeterminado inconcreto con el yo suelo hablar a menudo)

Se llamaba Raúl. El cantante, digo, el gaucho. Era apuesto y amable. Cantaba a la manera de Alberto Cortez. “Igualito, igualito” –apostillaban algunos- y se acompañaba de una guitarra.

-Éste canta mejor, Mariano, me dijo confidencialmente Paco Llorca.

Naturalmente, fuimos a verle. Y, en efecto, tenía una voz poderosa, como la de Alberto Cortez, pero más limpia. Eso sí, tal vez le faltaba esa fuerza que su compatriota tenía a raudales “en un rincón del alma”.

-Hola, Raúl, éste es Mariano
-Hola, Mariano, Paco me ha hablado mucho de ti

Poco tiempo después compuso una canción con “El caballo”, un poema del libro “Vientos de soledad” que yo había escrito en fechas muy recientes. Y, cómo no, fuimos a su estreno en una sala de fiestas que en mis recuerdos aparece en una especie de sótano impersonal y desangelado. Estaba en L’aigüera ¿Por el Hotel Luna? Eso creo, pero mis recuerdos ahí se desvanecen. Tampoco sé si hubo muchos aplausos, lo que puedo asegurar es que Raúl, aquel día, no murió de éxito. Y si alguno tuvo, que lo tendría, quedó sepultado para siempre en las paredes de aquella sala grande y un tanto contraindicada para cantar, aún teniendo una voz como la suya.

Y ahí acabó la historia, de golpe, puesto que Raúl despareció como por arte de magia. Se fue sin despedirse y no volvimos a verle. Nadie sabe lo que ha sido de él, y a mí me gustaría saberlo. Lástima que, al menos, no me dejara la partitura de la canción llamada “El caballo”, de la que no recuerdo dos acordes seguidos porque sólo pude oírla una vez. Es para mearse de risa, ¿no? A uno le ocurren unas cosas muy raras y muy tontas ¿Dónde estás ahora, gaucho divino? Tu éxito se preveía difícil. Pesaba un dios sobre ti, sobre tu voz, sobre tu forma de hacer y de cantar, a pesar de que la estrella de ese dios también se ha acabado apagando. Pero ahí están sus obras, que son las que hablan por él y por las que yo te recuerdo.

Dejo aquí el poema. Que cada cual le ponga la música que desee, si es que hay que ponerle alguna, que a lo mejor es que no.

Un abrazo

El caballo

Yo tengo adentro un caballo
de incierta doma;
a veces suave y, a veces,
a veces loca.

Caballo manso, caballo,
caballo potro;
a mí me habita un caballo
que yo no monto.

Yo soy el agua que bebe,
su sed es de otro;
la carga ajena la aguanta,
conmigo es cojo.

Conmigo es cojo, si quiere,
y mudo y sordo;
un día condescendiente,
arisco el otro.

A mí me habita un caballo
que se desboca;
mis venas urgen galopes
de sangre a gotas.

A gotas tristes, a veces,
alegres otras;
que no se cansa la sangre
de ser tan roja.

Caballos todos son nubes
y algunos viento;
el mío llena un espacio
de crin y pelo.

Caballo tengo y es mío,
por él soy pienso;
mi sangre toda, mi sangre
lo lleva inmerso.

Caballo blanco, caballo,
caballo negro;
mordisco, coz y patada,
relincho y beso.

Yo tengo adentro un caballo
de mala monta,
que a veces corre y, a veces,
a veces trota.

Mariano Estrada www.mestrada.net Paisajes Literarios
Blog http://paisajes.blogcindario.com

Tags: El caballo

Añadir comentario


Estrada, tu no llevas ningún caballo adentro.

Tú mismo eres el caballo
que dices llevar adentro.
Es caballo purasangre,
blanco ,manso, negro,fiero.

Un abrazo. Valdés.


Conviene saber que Valdés es el apellido de Ángel Luís y que fue mi ídolo futbolístico en el Colegio. De esto hace ya muchos años, pero la admiración sigue intacta. De entonces nos vienen algunas aficiones comunes, tales como la música y la literatura. Y a partir de hoy creo que nos vamos a dedicar a la equitación:

Tú de jinete, Valdés, ya que a mí me has atribuido el papel de caballo. Por cierto, me encantaría tener esa fuerza expresiva, esa estampa magnífica de los caballos.

Gracias, querido amigo. También me gustaría dirigir un coro en el que cantara mi familia. Que sepas que un día tengo que oírlo, el tuyo. Un abrazo


Queridos amigos:

Si queréis ver el pps que ha hecho Mar con este poema, podéis ir a ENLACES y pinchar sobre “Grupo PL Visualización PPS Mar-Mariano”
O, si lo preferís, copiáis este vínculo (http://groups.google.com/group/paisajes-literarios), lo pegáis en la barra de navegar y vais directamente a la cuadra donde se encuentra El caballo. Allí hay un caballo para cada uno.

Un abrazo


Y, sin embargo, a mi el cuadrúpedo me ha recordado la burra de mi tío Fidel.
Aquella burra varada, sujeta al suelo con gran pincho de hierro y unos metros de cordel en la era de Villacil de la Sobarriba.
La burra, esperando que su amo, ya con cojera endémica por la caída de un árbol en época de poda, le pusiera las alforjas para ir a Valdefresno, a recoger el correo. No era consciente la burra, tampoco su amo, que el periódico para el cura, la carta con remite de Suiza de un oriundo de la Sobarriba, emigrado para olvidar una economía de subsistencia, relataban noticias de un mundo muy cercano en el corazón, pero demasiado lejano en kilómetros.
La burra que hacía un sinfín de circunferencias alrededor de la noria para que los cangilones extrajeran el agua que daba vida a surcos con berzas, lechugas, cebollas.
Quizás, un caballo y una burra, sea el mismo contraste social de la belleza creada o recreada, y la olvidada por origen y condición.

Andrés Martínez Trapiello


Ya recuerdo a esa burra, señor Trapiello. En su más reciente reencarnación solía pastar en las brañas de un blog, que es donde ahora instalan las eras los antiguos habitantes de Villacil de Sobarriba. Según los archivos consultados en el registro de emigración, los último que se supo del dueño de la burra, o sea tu tío Fidel, es que se había dejado barba y había montado una revolución en una ínsula perdida en el Caribe. Perdida por España antes de que España se perdiera ella misma Ello ocurrió el día en que los dioses decretaron que un caballo y una burra no formaban parte de la misma belleza. Un abrazo.


No se por què imagino el tono igual al de Cortez, pero màs fuerte y el tono tìpicamente rioplatense,
¿lo habrè escuchado alguna vez?
si eso sucediò y lo recuerdo te lo contarè,
la letra es preciosa , pinta en cuerpo entero un caballo para todos,y recuerdo a la nuestra ,la Muñeca,
yegua mansa jubilada del trabajo.
Un beso Mariano para ti y todos los amigos del blog.
Adriana


Querida Adriana:

Mis padres también tenían una yegua roja, en la que monté mucho de niño. A pelo. Tenía una estrella en la frente. Y yo un ángel protector, puesto que me tiró varias veces y no se me rompió nunca ningún hueso.

Me encantan los caballos. Son como expresiones firmes de la voluntad. Un conjunto armónico de fuerza y de belleza.

Un beso


Hola, querido Mariano.

Qué historia tan curiosa nos has contado, con unos ingredientes tan interesantes como dispares: tu poema, el caballo, Raúl el cantante missing, Cortez, la partitura que vete a saber dónde fue a parar...

Yo creo que tal como está no necesita ponerle ninguna música, aunque la que le ha puesto Mar en el pps junto a las imágenes le queda de maravilla.

Estoy de acuerdo con Ángel Luis Valdés: tú no llevas dentro un caballo, ¡tú eres el caballo!

Besos y saludos para ti y todos los visitantes.


Hola, Lidia:

Te habla este caballo al que le gusta pastar en las brañas más recónditas de la vida, las que están en la intimidad de las personas. Prados solitarios, alimentos del espíritu, pastos sin colesterol.

Es verdad que la historia de Raúl fue un tanto extraña. Pero podría serlo más si se confirmara la información que ayer me daba un amigo, según la cual un tal Raúl, argentino, acompañado de una guitarra y con una voz poderosa, cantaba hace unos años en un determinado lugar de la Sierra de Madrid, donde él tiene un chalet. Dice mi amigo que cantaba canciones argentinas, pero también las que la gente le pedía y que después de la actuación se ponían a cantar con él hasta las tantas (Muy propio de Raúl). Añade, además, que tenía una canción llamada “La casa” y hasta le sonaba el título de “El caballo”. De confirmarse estas cosas, sería delirante, ¿no? Quedo a la espera de otras noticias.

Un beso


Para Marianín.

A todos los caballos,perdonarnos..

Te pido perdón, caballo,
por haberte dejado ciego,
por bajarte hasta la mina,
por llevarte hasta la guerra.

Te pido perdón, caballo,
por explotarte en la tierra,
por reventarte de hambre,
por no darte una alegría
y por matarte de pena.

Te pido perdón caballo,


Querido José Ignacio:

Te me vas por los fondales, te me escapas, te me escabulles. Hasta ahora no había visto tu comentario, versificado y bonito. Y también un tanto curioso, ¿no?. Aunque el hecho de pedir perdón siempre es un acto de valentía. En cambio, habrás visto que Santos y yo estamos maltratando en otro post a los caballos de Calixto y de Espartero. No creo que ellos se enteren mucho de nuestras pullas...

Gracias por la dedicatoria

Un abrazo


Marianín,


La verdad, que no había leído el post de "Cogito ergo sum". Al ver la foto sin más del caballo me vinieron a la mente las líneas que colgué. La imagen del caballo me ha seducido siempre y me estremece el trato dado por el hombre durante toda la historia estos "animales de carga", por que han tenido una existencia miserable de trabajo y castigo y lo han dado todo a cambio de nada.

Marianín, mucho tenemos que perdonarles.El día que nos pidan cuentas de las aberraciones cometidas con ellos por sus amos "racionales" no sé qué pensar.

Eso es todo,

Un fuerte abrazo,
José Ignacio.