Sin frenos y cuesta abajo
Si la necesidad de beber es superior al miedo a la cárcel, la nueva ley será un parche más en el problema del tráfico. El alcohol, que tantos beneficios deja al Estado, puede ser su gran enemigo. El coche, que tanto ha contribuido al desarrollo, nos ha convertido en esclavos.
El coche: ese ruido de fondo.
Texto de 1987
“Ando con mi pena por el patio oscurecido de la noche, donde los hombres deponen esa larga angustia que es vivir el día. Hay en las paredes un silencio denso que, pletórico de náuseas y de vómitos, me niega las antiguas complicidades que tuve yo con la luna. Y no hay luna. Las estrellas, que han tenido conmigo tantos guiños, no han querido sumarse a la tribulación, que de este modo es más negra. Tampoco ladran los perros ¿Dónde están los perros? ¿Y los búhos? ¿Por qué no lucen siquiera las farolas, si son vigías perennes del progreso, mantenedoras del orden, antídotos del crimen, aliadas pertinaces de la civilización y la decencia? ¿Qué sucede? ¿Por qué persiste mi pena si todo hace pensar que, en esta hora nocturna, el mundo ha derivado hacia una calma chicha?
¿Calma, dices? ¡Oh, sí... La oscuridad, el reposo, la hora de las almas...! Si no fuera ese ruido insoportable ¿No lo oís, murciélagos? ¿No lo oís, lechuzas? Ese ruido incesante que, a fuerza de interés y de costumbre, se integra en el silencio sagrado de la noche. Ese ruido zumbón y persistente que, aislado en su virginidad y su pureza, ofende sin pudor y sin escrúpulos. Y avasalla y rompe y descuartiza. Y huele a quemazón y a sangre accidentada. Y a caballos muertos. Y a derrota. Si no fuera ese ruido, digo, ese ruido tenaz en el que vamos montados a la muerte”.
Posdata de 2005
Es una auténtica desgracia que en un solo puente, aunque sea largo, puedan morir en España 98 personas. Y no sólo son los muertos, sino los que, sin llegar a morir, verán de algún modo reducidas sus vidas. Y también las vidas de aquellos que tenían a su alrededor... A mí me parece que es un tremendo desastre que, sin embargo, tomamos con mucha frivolidad, con demasiada ligereza. ¿Nos hemos detenido a pensar lo que esto supone a lo largo de un año, y un año tras otro, incluso en el plano económico? El gran coche. El gran símbolo... ¡Ay! La gran hostia, La gran chatarra. La gran mierda.
¿No habrá solución? ¿O esta situación resignadamente aceptada es indicativa de una solución finalmente traumática? ¿A dónde va el coche? Mejor dicho: ¿A dónde llevamos al coche que nos lleva?
Coda del 2007
Las coerciones legales ejercidas hasta ahora sobre los conductores no han dado los resultados apetecidos, de manera que se ha dado un paso más y se ha impuesto una coerción novedosa: la cárcel, que es disuasoria donde las haya ¿Disuasoria? Ni por pienso, amigo. A las pocas horas de entrar la ley en vigor ya había una caterva de detenidos que se habían ganado la trena, la mayoría por ingesta de alcohol en cantidades que sobrepasan los límites establecidos (0,60).
Yo no sé si el miedo a la cárcel rebajará los numerosos accidentes de tráfico, lo que sí ha quedado patente es que no hay lugar en las cárceles para meter a los detenidos que finalmente resulten condenados por la ley. Y, lo que aún es más grave, que el legislador no había pensado en el problema generado por la pretendida solución del problema ¿Qué hacemos, entonces?
-Que los detenidos trabajen para la comunidad.
-¿Trabajar? Que trabaje Rita, tío. A mí que me metan en la cárcel, si es que la merezco. Y si no las hay, que las hagan.
-Ya, ¿y qué pasará mientras las hacen?
-Ése es su problema. Yo me conformo con que me lleven a un hotel, aunque llenen de guardias el vestíbulo…
Notas:
1ª.- Esta conversación, que es real y casi es literal, se produjo dos días después de la entrada en vigor de la ley, cuando iban 154 detenidos.
2ª.- A pesar de las amenazas de cárcel, el número de muertos durante el puente de la Inmaculada Constitución asciende a un total de 42, uno más que el año pasado, habiendo un día menos. Parece frustrante, ¿no?
Mariano Estrada www.mestrada.net Paisajes Literarios
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