Exaltación de la Rosa
Queridos amigos:
Si un decreto estulto pretendiera terminar con la exaltación de la rosa, ¿qué haría yo que tengo el alma llena de escaramujos que son apologías?
*
Perpetuar una caricia en los exergos de la noche,
desentrañar una flor y
recorrer los estallidos de la pólvora…
¿No es este el camino de los hombres
para hacerse eternidad, vida de vida?
Y si no lo es, decidme:
¿Cómo abarcar la cintura de un anhelo?
¿Cómo meter los espacios
en el ámbito delgado de las arterias?
¿Cómo temblar en los bornes
de una lágrima aún no derramada?
*
No pretendo incoar un expediente de transmigración,
sino extenderme en el barro y prolongar sus contubernios.
Un abrazo
Os dejo tres pequeños poemas del libro “Azumbres de la noche”, cuya característica más destacable es que está hecho de versos sin ninguna atadura convencional, es decir, absolutamente libres.
Agito el diccionario
Agito el diccionario
para que caigan al suelo las palabras
y comprobar que es ingente el
territorio de la lengua.
Pero es un hecho inútil,
según he visto después.
Las palabras se amontonan
en admirable desorden:
mil, dos mil, tres mil…
para formar en mis ojos
los dulces abalorios de la sangre:
Te quiero, amor, tu boca, primavera…
Y todos ellos apuntan, sin remedio,
hacia el tálamo central y
tercamente repetido de la rosa.
Acepta este dislate
Acepta este dislate de una sangre
que no gravita en el tiempo
y, más allá de la ley
por la que Eros nos gobierna,
repara en esta llama de mi viejo corazón
y dime:
¿Te atreves a mirarme,
sentarte junto a mí, tomar mis manos
y darme tu silencio en esta noche infinita?
Epítome
Mi sangre fluye sin freno,
me urge el corazón, se me derrama
inconteniblemente la boca:
Amor, amor, amor…
Es todo
¿Todo?
De qué otra forma se abarca
el diccionario y la vida?
Mariano Estrada www.mestrada.net Paisajes Literarios
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