viernes, 02 de noviembre de 2007

La aldaba de Oscarín

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La aldaba de Oscarín, con el permiso de San Isidoro, o la belleza de lo sencillo.

De las muchas fotografías que mi último viaje -realizado con motivo de la celebración del 50 aniversario del Colegio en el que estudié-, me ha dejado grabadas en la cámara del espíritu, siempre oscura, siempre misteriosa, esta magnífica aldaba de la puerta que da al Panteón de los Reyes, en la Basílica de San Isidoro de León, es la que ha adquirido para mí una mayor carga simbólica, ya que ha terminado enhebrando vivencias diferentes, ubicadas en planos diferentes y en diferentes espacios y tiempos. ¿Tal vez de una forma dendrítica, querido Oscar?

Trataré de explicarme, aunque sea metafóricamente.

Lo que hay detrás de esa aldaba es algo así como un árbol cuyas ramas se han extendido tanto que han acabado abrazándose a las que están al otro lado de los cortafuegos, enlazando las fisuras de la amistad, los vacíos del tiempo y las grietas de la memoria. Un árbol de raíces muy hondas que, sin perderlas, ha terminado extendiéndose a los diversos estadios y lugares por los que ha transcurrido una vida, hasta enlazar con otras vidas que, habiendo estado juntas un tiempo, emprendieron caminos muy distintos y tuvieron desarrollos divergentes.

Sé que muchas de las ramas de ese inmenso árbol, aunque puedan intuirse, no son visibles desde el exterior de esas vidas, sobre todo si no se dan detalles. Tampoco es necesario. Basta saber que las cosas, los bosques, los ríos, los pájaros y los corazones de los hombres, aunque los hombres lo ignoremos, están comunicados (alimentados) por sutiles engarces de armonía y de belleza.

Cuelgo aquí un escrito que ya colgué en el Blog de los antiguos alumnos de ese Colegio, así como las respuestas recibidas de su principal destinatario, que, al margen de su profesión de médico oncólogo, ejerciente en Pamplona, es una persona de las que, en principio, jamás creerías que existen hasta que no te toman del alma y te pellizcan en la intimidad.

Un abrazo

Queridos amigos:

De todas las acepciones que ofrece el DRA de la palabra aldaba, la que aquí nos interesa es la que tiene el sentido de picaporte, o sea: “Pieza de hierro o bronce que se pone a las puertas para llamar golpeando con ella”.

(Desechamos la que se fija en la pared para atar a las caballerías y la que tiene el sentido de tranco o dispositivo de seguridad. Desechamos también, por falta de uso, la que designa a un Grupo Musical que, en los años 80, cantaba folklore de la región )

Es decir que, a los efectos prácticos, nos quedamos con el sentido que Javier del Vigo Palencia le dio en los comienzos del Blog de antiguos alumnos dominicos, del que es Comandande en Jefe Josemari Cortés, uno de los integrantes del referido Grupo Musical Aldaba.

Pues bien, dicho esto, quiero contar una entrañable anécdota que me ocurrió en la Basílica de San Isidoro el pasado día 14 de octubre. Veréis, aparentemente, estaba yo muy atento a las abundantes explicaciones que nos daba la Guía, cuando la mano cortés de un caballero me tomó suavemente por el brazo y, con una amabilidad exquisita y muy poco prodigada, me dijo:
-Mariano, ven…

Y yo lo dejé todo y le seguí, sin que esto quiera ser parangón de otras llamadas y de otros seguimientos de mucho más enjundia o calado. No me costó grandes esfuerzos, porque, la verdad, a pesar de lo que pudieran indicar las apariencias, estaba íntimamente distraído.
-Perdona que te moleste, no es nada importante…
-Si me llamas tú, sin duda es importante.

Ya sé que vais a darme la razón en cuanto os diga que mi interlocutor era Oscar Aurelio Fernández Hidalgo, Oscarín.

-No es importante, Mariano, pero me ha parecido que te podía interesar…

Me llevaba del brazo hacia el objeto que quería enseñarme. Yo iba caminero a su lado, ignorante de mi inmediato destino, y me dejaba llevar con muchísimo gusto. Si a uno lo lleva Oscar del brazo se dejaría llevar incluso a las catacumbas de San Isidoro, si es que las hubiere ¿Las había? Me puso delante de una vieja puerta del fondo de la Nave:
-Mira –dijo, señalando hacia un punto determinado, donde una hermosa aldaba emergía vigorosamente de la madera.

Y me dejó solo frente a mi ya inevitable destino, que era el de mirarla, admirarla y, finalmente, tratar de sacarle unas fotos para seguir contemplándola en mi ordenador.

Querido Oscar: ¿por qué sabías que a mí me iba a gustar ese pequeño detalle? ¿Por su sencillez, por su belleza, por su forma, por su aspecto avejentado y hermoso, por sus claras sugerencias eróticas (muy corrientes, por cierto, en los templos cristianos de todas las edades, o por lo menos de algunas), porque es el objeto más simple que ha inventado el hombre para anunciar su llegada? ¿O tal vez porque Javier del Vigo, en el Blog de nuestros compartidos amores, se empeñó en atribuirme una más grande y poderosa de lo que lo que resultó finalmente?
-Toc, toc…
-Ábreme el corazón, Oscar, soy tu amigo Mariano

Gracias, Oscarín. Puedo decirte que yo saqué pocas fotos en el emotivo encuentro de esos días de octubre, y que, para colmo, las que saqué no salieron muy bien. En ésta de la aldaba puse una atención especial, tal vez porque intuía que iba a utilizarla luego para llamarte:
-Toc, toc…
-Pasa, Mariano, seas por siempre bienvenido.

Ésa es la respuesta que espero, la que quiero, la que estoy seguro que me darás, incluso aunque no haya ningún merecimiento por mi parte.

Desde Villajoyosa, y como broche a aquella cordialísima conversación, en la que compartimos vivencias, cariños y afonías, te mando un apretado abrazo.

Un abrazo a todos.
Mariano Estrada, Villajoyosa, octubre 2007

Respuesta de Oscar Fernández

Mariano, acabo de sentir una aldabada con tu emotivo comentario. Agradezco tus palabras.

Es cierto que cuando visitábamos San Isidoro de León, llamó mi atención la sencillez y forma de esta preciosa aldaba en la puerta de acceso al Panteón de Reyes, donde el silencio es eterno y sobran aldabones de argolla con cabeza de león, incapaces de despertar difuntos.

Vi en ella la delicadeza del artesano y más aún el significado que ha adquirido para nosotros a lo largo de estos meses. Me recordó los albores de “nuestro blog” y cómo Javier del Vigo y tú introdujisteis felizmente la palabra “aldaba”, donde yo hubiese puesto “llamador”. Vosotros habéis sido los paladines más insistentes junto con el GL, todos ellos Aldaba rítmica y musical.

Pequeña y estilizada emite sonidos diferentes en cada aldabada, algunos festivos, otros jocosos, dependiendo del momento y de quién la utilice. En vuestras manos y en las del GL, Julio Correas, Heredia, Cicero, Juan Manuel, y tantos tañedores han salido sonidos como “Morlacos”, “Lobatón”, “garrapata”, “proas”, “Ministro” “Pietro Picudo”, “húmedo”, “estropajo”, “terraza”, “globos”, “ovejiño”, “Pimpín”, “subsecretario” y últimamente “olores”. El más emotivo, melodioso y triunfal ha sido “Torrellas”, que en manos de Santos Vibot, Máximo Olóriz, y todo el racimo musical, nos ha reunido en una velada inolvidable que ha finalizado con un Aleluya vibrante, del que aún resuena la cadencia final.

Estas ondas sonoras abren memorias adormecidas y corazones entristecidos, provocan risas, carcajadas, y sobre todo nos permiten un derecho de asilo diario, como en el pasado lo fueron las aldabas en ciertas iglesias.

Si hay puertas que aún no se han abierto, se debe quizás a goznes oxidados, pero estoy seguro que la llamada llegará a sus oídos y espero que en un futuro esta sencilla y bella “aldaba” produzca el sonido adecuado que les mueva el corazón.

Repito, Mariano, he sentido tu sonoro aldabonazo y estoy seguro que sólo necesitas empujar ligeramente las puertas de todos nosotros, que para ti han estado siempre abiertas; la mía de par en par.
Pasa
Oscar

Insistencia de Mariano

Querido Oscar:

Aunque en una interpretación generosa de la tercera acepción del DRA pudiera llamarse aldaba, ésta no es aldaba, sino tranco. Y, más que tranco, gancho.

Y lo es de una vieja puerta de roble que no da a ningún panteón, y mucho menos de Reyes, sino a un reducto sin techo donde tienen santuario las abejas.

¿Recuerdas las colmenas del P. Cura? Pues tuvieron su origen aquí. No exactamente en el colmenar que hay detrás de esa puerta, sino en otro que ya no existe y que se situaba a muy escasa distancia, cuyo propietario era mi padre.

Se trata de un hermoso paraje, donde hay robles y brezo, situado en las proximidades del río Fontirín, del que hace sólo unos días pudiste ver una foto.

Hace unos años, yo escribí un relato titulado “La importancia de las abejas”, que tiene su justificación en este lugar. Por cierto, el paraje se llama Tijera.

Me alegro de que te gustara la nota que acompañaba a la foto de la Aldaba de San Isidoro, ésa sí, clavada sobre puerta de Reyes. Gracias por aceptar la llamada y por invitarme a pasar. Aquí, en Villajoyosa, tienes tu casa.

Un abrazo
Mariano

Posdata:
Te mandaré una foto del colmenar. Y, si tienes curiosidad, te mando también el relato de las abejas.

Respuesta de Oscar

Querido Mariano:

He visitado tu álbum de fotos y no me extraña que a tu refugio le
denomines “Paisajes literarios” con la belleza natural que ha espoleado
tus sentidos desde la infancia. Hay un cierto paralelismo con
“Muniellos”, una representación casi virginal de lo que debió ser la
cornisa cantábrica en otro tiempo y que está a caballo de los concejos
de Cangas del Narcea e Ibias. Allí los robles, hayas, castaños y acebos
forman parajes idílicos entre una red fluvial juvenil y de forma
dendrítica. En mi pueblo, los alisos o “humeiros” son los verdaderos
señores de las orillas.

La cría de abejas era una actividad importante en el occidente
asturiano. Los “trobos” (las colmenas), hechas de corcho o un tronco
hueco se colocaban al lado de las casas y en los “cortinos” localizados
en monte. La foto que me envías es imagen del tipo de “cortino” que yo
recuerdo. Creo que la cera se vendía a los “cereiros” de los Ancares,
que recorrían la zona, comprándola en las casas.
Mariano, es increíble que entre las múltiples actividades del colegio
hayamos podido participar en la cría de abejas, tus abejas.

“Particolares” es una palabra, que quizás venga del italiano y que
aprendí del P. Jesús cuando nos enseñaba Historia del Arte, refiriéndose
a los detalles de un cuadro. Pues bien, estos “particolares” que me
envías están colmando una necesidad que comencé a sentir desde que me
enviaste la foto de la “aldaba”. Entonces volví a experimentar la
belleza de lo sencillo, cotidiano y olvidado con la promesa de repetir
lo mismo con otras naturalezas, que tú has captado tan bien en ese
tranco y ese gancho. Espero que dure
Un abrazo.
Oscar

Nota:

Tal vez el post ha quedado un poco extenso, pero, según lo veo yo, esto es lo mínimo necesario para poder entender lo sugerido en el pórtico. Ayuda mucho contemplar antes las fotografías.

Un abrazo
Mariano Estrada, Villajoyosa, 02-11-2007

Tags: La aldaba de Oscarín

Añadir comentario


Queridos Mariano y Oscar:
Es gratificante ver que, un objeto inerte, puede provocar pasiones. Y, una simple aldaba, las ha provocado.
El cruce de vuestras letras siguen dando vida a una aldaba, con años, colgada de una puerta que da acceso a una estancia, al menos eso dicen, con restos de Reyes que también tuvieron vida, pinturas que alguien pintó, tumbas que algunos picapedreros dieron forma, y verjas que algún herrero forjó.
¿Imaginaría el fundidor de la aldaba, que alguien repararía en ella?

Andrés Mtnez. Trapiello


Poca gente está en mejor disposición que tú, Andrés M Trapiello, para tratar de contestar a esa pregunta, ya que no sólo eres conocedor de las historias de la Basílica, incluido el organista don Honorato, sino que tuviste el privilegio de nacer a 50 escasos metros de esa joya del románico español.

Por lo que se refiere a la aldaba, hay que darle las gracias a Oscarín, ya que fue su exquisita sensibilidad la culpable de toda esta historia, de la que tú conoces bien la trastienda.

Gracias, Andrés, compañero de curso y de Colegio en un lejano pasado y ahora simplemente amigo ¿Simplemente? Nadie, hasta el día 14 de octubre del 2007, me había invitado a un café de siete horas. Y, sin embargo, no fueron suficientes para ver el León inagotable y eterno. Pero vimos mucho. Y bien.

Un abrazo


Queridísimos Mariano, Oscar, Andrés y de ahora en adelante mi visionaria Aldaba. Es curioso como los parecidos son a veces puras coincidencias con la realidad, pues, Mariano, antes de tu sentir la "llamada" de Oscarín yo visioné vuestro encuentro hacia la eternidad con la foto que os hice en el umbral sombrío de una puerta semejante a una hornacina. Visioné también que tras ese umbral sombrío había una luz que los dos buscabais afanosamente y que deseabais traspasar no precisamente en busca de lo desconocido. La hornacina, sin alardes luminarios, por sombría y por haber colocado yo a las personas que quería en mi santoral particular, me extrajo durante unos segundos, lo que nos permitió la fugaz visita, y me transmitió momentáneamente una profunda paz de espíritu y recogimiento. Lo que vino después, es decir, los pies de fotos, son meditaciones mías en voz alta. Pero me doy cuenta que no "aldaba" yo muy descaminado con mis "meditaciones" sobre ti y Oscarín.


Querido invitado Luís:

Los pasados días 12, 13 y 14 de octubre fueron emotivos, mágicos e intensos, pero ¿podía ser de otra forma después de haber pasado 4, 5, 6 o más años juntos y de repente estar cuarenta y tantos sin vernos? Además, los años de la niñez y de la adolescencia marcan a uno para toda la vida. Si a ello añadimos que nosotros estábamos internos y que ni siquiera íbamos a casa por Navidad ¿Por qué no harían antes este anuncio, para que se hubieran ablandado un poco los frailes?

Oscar es una persona deslumbrante, por sencilla, por humilde y por buena. De todos modos, lo que más me ha sorprendido de él es que, como tú y como yo, conserva casi intacta la inocencia. Ya sabes lo que quiero decir. Y si no lo sabes, txaval, me llamas por teléfono…

Un abrazo