miércoles, 31 de octubre de 2007
Mementos
Mementos: Te digo amor Por encima del mármol
A los seres queridos que ya no están con nosotros
Del dolor de la muerte.
La relativización, la temperancia, el desapego... son algunas cosas que, a cambio de juventud, nos van dando los años. Desde ellas, y llegado el momento, se puede razonar el dolor de la muerte, aceptando con serenidad que nada es del todo.
Desde ese punto de vista, la muerte va del quebranto a la consunción, moderándose, escalonándose, soltando gravedad y sombra. De este modo podemos entenderla, pues la verticalidad, que es desgarro y precipicio, se va volviendo declive, que es ya sólo pesadumbre y distancia. Es decir, el sentimiento (amor-dolor), trasciende la exclusividad y se desbrava pero al mismo tiempo se expande y se universaliza. Ya no se ama a un ser, sino a una vida. Ya no duele un ser, sino una vida. Y la vida es el curso de los años, de las cosas: el espacio y el tiempo.
Yo creo, además, que el dolor de la muerte es el desbordamiento, más o menos incontrolado, de la capacidad amorosa, y un amor de lustros jamás se desborda totalmente porque tiene mucho de arraigo y de poso: hogar, familia, paisaje, paisanaje... De ahí la racionalidad del dolor y de ahí también la panteización de la muerte, si así puede decirse; pues si bien es cierto que nada muere del todo, también es verdad que todo muere algo o, al menos, que todo es afectado algo de muerte.
En cualquier caso, el concreto dolor que ha dado origen a este libro, devenido de una muerte concreta, se ha transformado en una lluvia ancha que cae del amor y va hacia el amor, que mana de la tierra y va hacia la tierra. Espero que en ella fructifique porque es ahí, abundando en el barro, sobre el lomo gozoso del paisaje, donde ha volcado sus bayas la memoria.
Mariano Estrada Vázquez
Te digo amor
Te digo amor
y estoy diciendo otoño:
ocaso, lluvias, árboles desnudos...
Y no me pesa el labio por decir
amor y estar diciendo muerte.
Amor y muerte, sí,
pues digo consunción
y surge un crisantemo.
Y digo oscuridad o noche
y estoy diciendo luz de madrugada...
Te digo amor, te digo tierra,
y acaso estoy diciendo
eternidad o lirio.
Por encima del mármol
Por encima del mármol,
que responde a la causa del dolor
con un eterno frío,
sobresale la íntima
belleza de este otoño triste.
Y más que la nutrida humanidad
o compartido leño
en que el dolor se envuelve,
me abruman las calladas
esencias de esta antigua tierra:
Esas hojas de roble, esos
tonos maduros del castaño,
ese brezo que incuba
esplendores de miel y colorido,
el humero feraz
en que consiste el agua...
A esas cosas respondo,
porque esas cosas son, no el mármol,
las cenizas más nobles
donde pueda guardarse una memoria.
Mementos
Los altos cirios, las coronas
nimbadas de los ángeles,
las músicas de Bach y Palestrina,
los trémulos sollozos, la oración,
el negro catafalco...
Van cayendo las hojas
sobre el barro vencido del crepúsculo,
en tanto que el dolor,
entrecortado y lento,
responde a un interludio de campanas
gravitadas en muerte.
Los mementos se agolpan en los labios
callados de la piedra, y en el polvo
desnudo de esta carne última
que huye de la luz
por torrenteras de ceniza.
El grillo de las hojas adelgaza
los cantos gregorianos
y el hisopo rocía los barnices
asépticos que cubren la memoria...
Confines del otoño. "Requiem
aeternam dona eis, Domine".
La cruz, el mármol, los inciensos...
Misereres de amor, sobrepellices
de cera derretida, llantos, penas,
crisantemos de luz y de granito...
Como gotas de paz,
como estertores ácidos de lluvia,
van cayendo las hojas del dolor,
las de la savia interferida,
las que miran el barro desde un
velo de luz desesperada.
Mariano Estrada Vázquez
www.mestrada.net Paisajes Literarios
http://paisajes.blogcindario.com
Tags: Mementos
Añadir comentario
Joder, chaval! Bellos los poemas, pero fríos como el mármol por sobre el cual meditas, en este nuevo día de difuntos; difuntos, ese mar inmenso al que todos vamos navegando día a día...
La perfección hecha poesía. El ser y la nada. Mariano, has colgado las cuatro esquinas del firmamento sobre una lápida de amor-dolor, en día de difuntos. Casi he leido la perfección en las formas.
Abrazos! Javier
La perfección hecha poesía. El ser y la nada. Mariano, has colgado las cuatro esquinas del firmamento sobre una lápida de amor-dolor, en día de difuntos. Casi he leido la perfección en las formas.
Abrazos! Javier
Mariano, hermosos, duros, fuertes... como la vida y la muerte misma. Tal vez, tan bella es la vida, por el vétigo de la muerte y el ciclo del eterno retorno.
En el año 94 publiqué un poemario: LOS OJOS DEL ALBA. Allí hay varios poemas que se refieren a la muerte. Comparto:
EL CANTO DE LA MUERTE
Sentada, junto a mi
tu canto arropó
la luz de sus nombres en el vuelo.
Tu voz a roto
la condena de Sísifo
los flagelos a la inocencia
las coronas de espinas
que llevaron mis muertos.
Susana Lobo (CORDOBA. AGENTINA)
En el año 94 publiqué un poemario: LOS OJOS DEL ALBA. Allí hay varios poemas que se refieren a la muerte. Comparto:
EL CANTO DE LA MUERTE
Sentada, junto a mi
tu canto arropó
la luz de sus nombres en el vuelo.
Tu voz a roto
la condena de Sísifo
los flagelos a la inocencia
las coronas de espinas
que llevaron mis muertos.
Susana Lobo (CORDOBA. AGENTINA)
Querido Javier:
Si no nos conociéramos, miraría tu mensaje con una cierta reserva, ya que la casi perfección es casi un imposible. Como te conozco, acepto gustosamente las cariñosas flores que me regalas y añado: quiero compartir contigo el amor-dolor por tus queridos seres ausentes, como tú compartes el mío.
El mármol es frío, ciertamente. Por eso reclamo un paisaje de robles en otoño para depositar sobre el mismo los ojos y la memoria.
Gracias, txaval, un abrazo
Mariano
Si no nos conociéramos, miraría tu mensaje con una cierta reserva, ya que la casi perfección es casi un imposible. Como te conozco, acepto gustosamente las cariñosas flores que me regalas y añado: quiero compartir contigo el amor-dolor por tus queridos seres ausentes, como tú compartes el mío.
El mármol es frío, ciertamente. Por eso reclamo un paisaje de robles en otoño para depositar sobre el mismo los ojos y la memoria.
Gracias, txaval, un abrazo
Mariano
Querida Susana:
Apareces poco, pero apareces bien, y a tiempo.
Cuando se escribe tanto sobre la muerte, como parece ser que haces tú, cabe pensar que se tienen en el otro lado muy grandes afectos. Es normal que aquí haya nostalgias y dolor.
Bonito el fragmento que nos has dejado.
Un beso
Apareces poco, pero apareces bien, y a tiempo.
Cuando se escribe tanto sobre la muerte, como parece ser que haces tú, cabe pensar que se tienen en el otro lado muy grandes afectos. Es normal que aquí haya nostalgias y dolor.
Bonito el fragmento que nos has dejado.
Un beso
Yo aquí me quedo sin palabras, querido Mariano, ya lo sabes. Todavía soy incapaz de pronunciarlas. Pero leerte ha sido un bálsamo de esos que curan a fuego. Tus versos son fríos y bellos como ese mármol que a veces nos hiela y a veces nos quema...
Un beso y un gran abrazo.
Un beso y un gran abrazo.
Querida Lidia:
Tal vez cuando pase un poco más de tiempo, puedas dirigirte a tu padre con naturalidad. Los versos de los poemas que he dejado aquí son fríos porque nacieron entre los mármoles del cementerio. Afortunadamente, tenían la escapatoria del amor, la niñez, la casa, el hogar, la lumbre… Todo ello a través de un esplendoroso paisaje que, sorprendentemente, no recordaba tan hermoso. Había, pues, esa dualidad de sentimientos, ese choque, esa lucha… Lo que hice al escribir “Hojas lentas de otoño” fue revertir esa muerte, esas muertes, hacia el paisaje. Un paisaje que es naturaleza, que es tiempo, que es memoria.
Por eso me gusta tanto el otoño.
Un beso, Lidia, con delicadeza y cariño.
Mariano
Tal vez cuando pase un poco más de tiempo, puedas dirigirte a tu padre con naturalidad. Los versos de los poemas que he dejado aquí son fríos porque nacieron entre los mármoles del cementerio. Afortunadamente, tenían la escapatoria del amor, la niñez, la casa, el hogar, la lumbre… Todo ello a través de un esplendoroso paisaje que, sorprendentemente, no recordaba tan hermoso. Había, pues, esa dualidad de sentimientos, ese choque, esa lucha… Lo que hice al escribir “Hojas lentas de otoño” fue revertir esa muerte, esas muertes, hacia el paisaje. Un paisaje que es naturaleza, que es tiempo, que es memoria.
Por eso me gusta tanto el otoño.
Un beso, Lidia, con delicadeza y cariño.
Mariano
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