Martes, 09 de octubre de 2007
279x400px - 33.8 KB

Queridos amigos:

La vaca de Severiana ya no existe, pero Severiana s?. Voy a verla.

Un abrazo

LA VACA DE SEVERIANA

Como era de esperar, la Navidad hab?a venido con nieve, mucha nieve, tanta que las casas con fachadas a barlovento amanecieron con las puertas cegadas. La estampa era hermosa. El manto que cubr?a las calles, en sus puntos m?s gruesos, ganaba en altura a los perros y a las ovejas, e incluso a ciertos ni?os de 6 ? 7 a?os a los que la malicia no dejaba crecer. ?Ser?a cierto aquello de que la malicia no deja crecer a los ni?os?
- ?Eh, pap?? ?pregunt? Isidro- ?Es verdad eso que dicen de la malicia?
- Puede ser, hijo, puede ser ?respondi? Juan, su padre, y en su respuesta iba un aderezo de sorna- Ya sabes que ?cuando el r?o suena...?
- S?, y tambi?n s? que cuando llueve hay barro. Pero t? ?qu? dices, eh? ?Te parezco yo peque?o para mi edad?
- ?Peque?o, t?? ?Nooo! Una vaca tendr?a que cagar dos veces para taparte...
Con semejante nevada ante sus ojos, la gente no sab?a qu? hacer ni para d?nde tirar, pero el Alcalde, en un concejo de urgencia al que los hombres acudieron con picos y las mujeres con palas, o al rev?s, no s?, pero todos ellos armados de voluntad y, por supuesto, plet?ricos de musculatura, mand? llenar el pueblo de un tinglado de zanjas que a los ni?os les resultaban divertidas. Hartos de batallas campales o de hacer horribles mu?ecos, la ocasi?n era excelente para jugar al ?escondite, lerite, tranlir?, m?quili-m?quili, zis-z?s, t? salvadito est?s?. Y ello fue as? hasta que se puso delante la vaca de Severiana.
- ?La que se tira? ?pregunt? Jacinto, Herrero de apellido y de profesi?n,
gracias a la fragua que, por mitad, le hab?an dejado sus padres.
- La que se tira o la que se cae ?respondi? Tiburcio, quien gozaba de las mismas herrer?as y era un poco mayor-. Porque has de saber, Jacinto, que en este oto?o ?ltimo se le cay? al pozo ella sola.
- Al pozo van los gatos de agosto, pero no van solos. Uno cae del burro o del tejado por accidente, no por voluntad. Las hojas caen del ?rbol a su tiempo, tambi?n la fruta madura. Cae la lluvia y la nieve y el granizo... Cay? Jes?s, cay? el Imperio Romano.... Caer no est? en la intenci?n, Tiburcio, y yo te digo: esa vaca embiste...
Disquisiciones aparte, lo cierto es que la vaca apareci? de repente por el carril y los muchachos, cogidos por sorpresa, no ve?an refugio donde meterse. Algunos de ellos eran tan peque?os que andaban casi en pa?ales.
- ?Ese ni?o! ?Ese ni?o!... ?gritaron varias voces mayores desde sus respectivas atalayas.
Pero el ni?o no se inmut?. La vaca le pas? por encima sin hacerle un solo rasgu?o y, con aire suficiente y majestuoso, se dirigi? hacia el centro de la Plaza de Matalera, que tambi?n era el centro de aquel improvisado laberinto de nieve. All? clav? sus patas en un quietismo extra?o y, de este modo, los vecinos agolpados en los alrededores pudieron ver erigida la estatua que algunos no dejaban de reclamar y el Alcalde no acababa de conceder. ?Por mis huevos de Alcalde, que son equilibrados y comprensivos, ?para qu? querr?n una estatua estos mamones, habiendo como hay necesidad??.
Nevaba en los horizontes de Muelas. Los copos se depositaban mansamente sobre la ancha piel del cuadr?pedo, cuyo pelo era rubio y bermejo. Nevaba en los casta?os y en el tilo, en las acacias y en los aleros, pero ah? nevaba ya sobre nevado. Nevaba tambi?n en las espaldas de los concurrentes y en las sufridas orejas de los que, teniendo puesta la boina, no la ten?an calada hasta las am?gdalas.
La vaca segu?a en sus quietudes, tal vez en sus profundos nirvanas.
- ?El Minotauro! ?grit? Fernando, un diletante que, por razones no indagadas, pasaba las Navidades en Muelas. Se trataba de un ingeniero de Zamora que ten?a en com?n con su mujer una barriga de imposibles cinturones, anchas vestimentas y muy flexibles tirantes. No ten?an hijos. Se dec?a que los m?dicos no les daban explicaci?n, y esa explicaci?n que no les daban los m?dicos se aceptaba en el pueblo como causa de no poder tener hijos, sin meterse en mayores honduras. Pero los ni?os ten?an un porqu? de verdad:
- Hombre, porque con esa barriga no le llega, ?por qu? otra cosa va a ser?
Y cre?an saber el remedio:
- Co?o, con ponerse atravesados...
En lo tocante a la vaca, nadie acertaba la raz?n por la que hab?a llegado al baile ella sola. ?De d?nde hab?a salido?
- De Creta ?insisti? Fernando, y miraba intensamente al Alcalde.
- Que no decreto, hombre, que no decreto ?dijo ?ste- El presupuesto no da para estatuas y mucho menos con artificios y cinceladuras.
- Decreto yo por ti, Alcalde ?replic? Juan- Y decreto de este modo: si los de Cuenca son cuencos, como parece, los de Creta han de ser cretos por necesidad, o al menos por derivaci?n o por l?gica, pero puede que la excepci?n haya hecho que algunos sean simplemente cretinos. ?sta no es Minotauro, don Fernando, bien se ve, ?sta es una vaca ?marela? que al sacar el hocico a la nieve le ha dado un pasmo de congelaci?n...
- No es ?marela?, Juan, sino ?bretona? ?dijo el mayor de los Herreros.
- ?Y no ser? la Bruja Dolores? ?medi? Jacinto, su hermano y socio, que segu?a de cerca la tertulia- La melena que tiene es una mata florida y el rabo un espeluzno con tirabuzones...
- Entonces no hay m?s que hablar ?sentenci? Fernando- Es el Minotauro vestido de Piconera.
Se hizo un breve silencio, durante el cual, la cordura de los presentes miraba hacia la extra?a chaveta de Fernando, que algunos cre?an atolondrada: ?Panza tienes mucha, mam?n, pero el exceso lo llevas en el cacumen. Si tuvieras algo que hacer...?. A Jacinto, en cambio, todo el mundo le perdonaba las ocurrencias y las sandeces, porque, siendo ?stas claras y distintas, eran parte inexcusable del acervo corriente de los vecinos. Las de Fernando eran c?balas oscuras que, siendo de dif?cil comprensi?n, no hallaban encaje ni acomodo dentro de la tradici?n aborigen.
- ?Y t? que ves, chaval? ?le pregunt? a Isidro una voz de mayor que, procedente de una retaguardia en altura, result? ser la de un tal Jos? Antonio, primo de la familia.
- Yo veo una monta?a nevada ?contest? Isidro, al tiempo que se rascaba una falange amenazada de saba??n.
- Ya, y yo soy Franco, no te amuela...
- No, t? eres Jos? Antonio, que te conozco. Y tambi?n conozco a Franco, que tiene un comercio de ultramarinos enfrente de mi casa. Y se llama Francisco. Y tiene bolas de an?s.
Lentamente, el cielo se iba abriendo e iba entrando la luz. En la plaza se instal? una blancura inmarcesible cuya intensidad hac?a da?o en los ojos. La gente empez? a desfilar con parsimonia y hasta la vaca tom? de nuevo el carril para dirigirse mansamente a la cuadra, donde, si no el calor de un hogar, ten?a el de la paja menuda. Y tambi?n ten?a el pienso, que, tal como expuso Descartes en su d?a, es la confirmaci?n ?in extremis? de la existencia.
El narrador es consciente de que ha dicho a la cuadra y tal vez hubiera debido decir al establo ?Por qu?? Porque hay algunos pa?ses en los que, aun siendo del entorno de nuestro idioma, una misma palabra puede tener significados diferentes, induciendo a confusi?n, como puede verse en este texto de Borges: ?Lento el andar, en la posesi?n de la espera, llego a la cuadra y a la casa y a la sincera puerta que busco?. No obstante, en los pueblos de La Carballeda zamorana, el establo se asocia mayormente con el Portal de Bel?n y, ?ste, debido a sus connotaciones ecum?nicas y religiosas, ha gozado siempre de la consideraci?n de impoluto, algo que evidentemente no trasmite la cuadra. Por otra parte, es cierto que la cuadra tiene un nombre menor: la corte, pero todo el mundo dice que la corte est? en Madrid y que de tales identidades nominativas s?lo pueden salir inconveniencias y mancillamientos, dados los agravios de contenido.
- A ver si te embiste el Minotauro, Fernando, que t? no pasas desapercibido y el laberinto tiene los carriles estrechos.
- M?s los tiene la vida, Juan, y, de una forma o de otra, por la vida vamos airosos. Adem?s, ya se ha roto el hechizo y el que antes fue Minotauro ahora es s?lo una vaca.
- Nada es del todo lo que parece ?arguy? Juan con una cierta iron?a-, pero, por m?s que las cosas descarrilen, todo vuelve a su esencia primigenia. La nieve se licuar? y el laberinto ser? tierra de nuevo. Eso s?, tierra mojada. La tierra se har? barro y el barro se har? polvo. De manera que en el polvo confluiremos, all? por el verano, porque en verano volv?is, ?no?, calculo... Y, mira, cuando el verano se agoste, confluiremos en el polvo de la eternidad, que es ceniza y es fr?o...
Durante unos instantes, la vaca de Severiana fue una estatua de nieve y de belleza. La de Eleuterio hab?a sido en su d?a un modelo de canto y de fornicaci?n. Si las vacas de la India embistieran no podr?an ir sueltas por las ciudades, sorteando los autom?viles, engullendo los lotos de los jardines, sacralizando sus rumios bajo una estatua de Buda o de Vishn?. La vaca de Severiana era un poco toruna en las maneras, pero no fue nunca machorra. Pari? varios terneros en su larga vida. El ?ltimo le vino atravesado y... ?Bendito sea Dios!: se los llev? la parca. Pero eso fue m?s tarde, en los tiempos de la prosperidad, en los que Isidro hab?a salido del pueblo para hacerse un hombre.

Mariano Estrada, octubre del 2002

Tags: La vaca de Severiana

Publicado por Mariano.Estrada @ 1:15
Comentarios (4)  | Enviar
Comentarios
Publicado por Invitado
Martes, 16 de octubre de 2007 | 13:38
Querido Mariano:

A m? no me importa que sea Minotauro o sea vaca, el caso es que me he divertido ley?ndote. Saludos
Publicado por Mariano.Estrada
Lunes, 22 de octubre de 2007 | 13:02
Severiana est? bien, gracias. Es m?s, a pesar de sus 87 a?os, Severiana est? como una rosa. La salud? con un beso. Se ri?. Me pregunt? por la familia?
-?Y la vaca? ?le dije
-?La Garbosa?
-No s?, la que se tiraba
-?Huyyy?! ?No hace tiempo de eso?Lo menos treinta a?os?
-?Sabes que un d?a corri? a mi mujer y a mi hermana?
- S? lo s?, s?, que iban con la m?quina de los chorizos?
-Bastante les import? a ellas la m?quina. La dejaron caer sobre la nieve, se echaron a correr como descosidas y perdieron hasta los zapatos?
-Peor es que hubieran perdido la honra?
-Ya, mujer, y peor a?n es que se la quitara una vaca?

(Sigue...)
Publicado por Mariano.Estrada
Lunes, 22 de octubre de 2007 | 13:03
Qued? sentada en su silla. Antes se sentaba en el banco de la puerta, pero era otro tiempo, otra puerta, otra casa. Se pasaba all? muchas horas, como vigilante del barrio. Ahora el barrio est? solo, y ella est? m?s abajo, ocupando una silla a la puerta de una casa que ya no es la suya.

Los tiempos cambian. La vaca ya no existe. Pero Severiana est? fresca como una rosa. Tengo una duda. No s? si la vaca que se tiraba es la misma que un d?a se le cay? al pozo. Le dar? el encargo a mi hermana para que ella se lo pregunte.

Un beso, vecina ?Qu? ser?a el pueblo sin ti?
Publicado por Susana
Martes, 17 de marzo de 2009 | 21:09
Y sigue como una rosa, eso si ahora vigilando el barrio a mitad de cuesta. Me ha encantado leerlo.Recuerdo con mucho cari?o cuando eramos adolescentes(alla en los 90) y severiana hacia de guardiana cuando llegabamos a casa de esas fantasticas noches-madrugadas e incluso ya amaneceres de verano.