Celebración de Neruda
Introito
El día 23 de septiembre de 1973, cuando su país, Chile, estaba bajo los efectos de un golpe de estado, moría Pablo Neruda, uno de los poetas más célebres y más leídos del mundo (gracias, en parte, a un pequeño libro titulado “Veinte poemas de amor y una canción desesperada”). En el 25 aniversario de su muerte, yo le dediqué este texto lírico que, aun aludiendo a los males que nos aquejaban, se resolvía de una forma optimista. De esto hace ya 9 años y, en el decurso de este tiempo, la situación general ha empeorado a ojos vista. Y no sólo por el terrorismo y sus guerras, la pobreza, las catástrofes climatológicas o el empeoramiento medioambiental, sino también porque la propia sociedad del llamado primer mundo está subiendo una cuesta durísima por la pendiente hacia abajo.
- Eso es una contradicción en los términos
- Ya, pero ahora se han diluido tanto las fronteras de los valores que vale tanto una cosa como su contraria. ¿No cree? Lo que ayer nos mataba de vergüenza, hoy es un ejemplo a seguir... Por lo tanto, subimos una cuesta a pesar de que vamos hacia abajo ¿Qué problema ve usted?
- ¿Yo? Ninguno
- Pues tal vez sea ése el problema...
Hay una especie de huracán que nos arrastra a todos. Se llama consumismo, pero podemos llamarlo “santiamén”. Para poder contrarrestar sus efectos, los que tenemos un poco de claridad en la conciencia, tendríamos que plantarnos un día y espetarle llanamente a la cara: “Quousque tandem abuteris, Catalina, patientia nostra? “ (¿Hasta cuándo, Catalina, abusarás de nuestra paciencia?). Eso de entrada, claro. Y luego ser consecuentes...
Un abrazo
CELEBRACIÓN DE NERUDA.
Tengo plena conciencia de que un texto lírico en la Tribuna de un periódico diario es igual que una mosca borriquera en la barriga de un elefante. No obstante, también estoy convencido de que el trino de un jilguero al amanecer puede aproximar a un hombre a su verdadero tamaño: grande, si lo escucha y lo comprende; pequeño, si lo desoye y lo desprecia. Entre estas dos orillas, el mundo es un arroyo de música que corre libremente por los apuntes del alba. ¿Y el alba, qué es el alba sino la oportunidad renovada del nacimiento: oír, mirar, oler, amar, creer, esperar, participar? ¿Soy iluso, tal vez? Tal vez, pero el mundo necesita muchos locos para pinchar la barriga de los paquidermos y desinflarles las patas a los leones condecorados. Son necesarias auroras esplendentes, jilgueros de alta noche, primaveras que se sientan contempladas, gozadores de miel, lirios copiosamente polinizados. Son necesarias mejillas estremecidas por un labio carnoso, hojas de algodón para los pies fatigados de la tarde, altos cañaverales entregados al rumor y a la ventisca, rabiones tormentosos de felicidad, ríos de mariposas para mortificar la vergüenza...
Frente a ello, ¿qué esperas tú, sudor, hijo del negocio y del sudor, si el ocaso te encuentra con los poros aceitosos y embozados, la palabra desalentada y los párpados lánguidos y mustios? ¿Y tú, caballo de la prisa, por qué despiertas siempre con los ojos encallecidos, las pestañas soñolientas y las extremidades hinchadas? ¿Dónde está tu relincho mañanero, tu belfo escrutador, tu brava juventud de potro? ¿Por qué te hundes en sueños animales, que roncan y no sueñan? ¿Por qué huyes en trenes de trabajo hacia reinos de consumo y especulación?. Caballo laboral, atiende, la barahúnda te lleva por barrancos esterilizados. Al fondo, ni siquiera está el dolor, sino la nada. Tu carrera es loca, tu propia cojera te persigue con inyecciones de barro amojamado e infinitas llanuras de desierto...
Conclusión: ¿corren malos tiempos para la lírica? De ninguna manera. Los muertos han gozado siempre de muy buena salud. Son los vivos los que arrastran su insatisfacción por avenidas interminables y tediosas, por días iguales a sí mismos y por penas fatigosamente empinadas. Son los vivos los que pueblan el paisaje de insufribles túneles oscuros, los que en pro de la velocidad postergan el beso y la caricia, los que rugen como tigres para alcanzar, acaso, una triste muerte de perros...
Escolio: escribo estas líneas 25 años después de la muerte de Pablo Neruda, poeta que desde un pensamiento materialista supo elevar el espíritu a temperaturas de ebullición: allí donde, ajenos al bolsillo, la lírica y el amor allanan todas las cosas. Sea ésta mi celebración, así como mi humilde reconocimiento.
Mariano Estrada www.mestrada.net Paisajes Literarios
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