Calcula lo que te quiero La serie “poe-canciones” se ha convertido sin querer en un tinto de verano, espumoso, vaporoso, vagaroso y todos aquellos palabros que terminen en oso, como mi padre, de quien yo heredé un parecido por los pelos.
Pero no era de pelos ni de osos ni de tintos de verano de lo que yo quería hablar, sino de recuentos.
-¿Como éste?:
“Contó los palmos de tierra
que en vano araba y araba,
contó los granos de trigo,
contó el maíz y las habas”.
-Muy bucólico, muy lírico, pero tengo que decirte
“Que no, que no, que no es tuyo
mi corazón esta tarde
hay otro cirio que quema
hay otra cera que arde”.
En fin, el recuento que vamos a hacer es de amor, si es que el amor es recontable, para lo que antes hay que saber si se puede cuantificar, y aun cuantificar por parcelas. Es verdad que solemos decir expresiones de este tipo: “Mi amor es inmenso” Pero ¿cuánto de inmenso? También solemos decir: “Te quiero más cada día” Pero ¿cuánto la querías ayer?
En esa tesitura me puse y, claro, no me quedó más remedio que tirar de calculadora. Es decir, mandar que otro tirara de calculadora ¿Que quién? El destinatario del amor, naturalmente ¿Qué otro va a tener la necesaria paciencia, si los amores declarados son a veces eternos? A mí me pareció que el recuento podía hacerse igual que en el supermercado: yo iba poniendo los artículos sobre la mesa y la destinataria de mi amor, mi cajera personal, los iba registrando en la caja. Lo que pasa es que fue tanto el amor que le declaré que aquel día no se pudo hacer el arqueo.
Además, los códigos de barras de los artículos no eran fácilmente identificables por el lector electrónico. “Números cantan –se quejaba éste- pero tú me estás poniendo ante los ojos unos valores etéreos. Cuantifica, por favor, cuantifica”.
No sé si fue entonces cuando pasó por allí “La mujer de rojo”, llamada casualmente Caperucita, y dijo aquello de “¿No te jode? Un lobo que habla”. Y salió sin pagar del restaurante
-¿No era un supermercado?
-Bueno, el amor va dejando huellas en muchos sitios, incluidos los aeropuertos, los hoteles, los automóviles, los parques públicos, las ventanas al mar, las oficinas de cambio… de pareja.
Un abrazo
Calcula lo que te quiero Calcula lo que ha llovido
desde aquel beso primero
que, a solas, bajo un manzano,
Adán y Eva se dieron.
Calcula lo que ha llovido
y añade el IVA, que es nuevo,
y luego pon, de Julieta,
lo que la quiso Romeo.
Después le agregas, si quieres,
todo el color de los sueños,
y encima pones la luna
con su esplendor y su cerco.
A lo que arroje esa cuenta,
que, poco o mucho, es de peso,
le sumas, una por una,
todas las rosas que fueron.
Y lo que dé finalmente,
que lo dará por defecto,
no es el tamaño del mundo,
sino el amor que te tengo.
Calcula lo que te quiero.
Para alumbrar nuestras sombras
salió la luna del cerco.
Habrá un Big Bang en el alba
cuando juntemos los cuerpos.
Calcula lo que te quiero.
Pero calcúlalo en noches
con largas lenguas de fuego.
Calcula lo que te quiero.
Lo que te quiero y te quiero...
Mariano Estrada 23-02-2004
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