Marinero en Villajoyosa
Quién iba a decirme a mí, niño de lengua castellana con ribetes astur-galaico-leoneses, que en Madrid, tras años de Retiro y Manzanares, iba a encontrarme con el mar. Sí, sí, concretamente con el mar de Villajoyosa. Y más que con el mar, con el puerto. Y más que con el puerto, con la barca de un amigo. “
Háblame del mar, marinero / dime si es verdad lo que dicen de él” Y, en realidad, con la barca del cuñado de un amigo, que yo imaginaba grande, como el puerto, como el mar, como las ganas que yo tenía de ponerme a barlovento y orientar los ojos a proa…Como la gran imaginación de este amigo que, con el toque mágico de la palabra y la gesticulación, elevó un pequeño barco a la categoría de la Pinta, la Niña, la Santa María y poco le faltó para convertirlo en Titanic o Potemkin. O al menos en Bergantín, aquel bajel pirata de
dos cañones por banda / viento en popa a toda vela… Se llama Luís Bomant. No el barco, el amigo.
Vine, al fin, al mar. Fui al puerto. Vi mermar ese barco por las cuadernas y las amuras y los tendales, lo probé, fui a pescar al curri con ganas, con ansiedad. Y con mi amigo de timonel… Pero tengo que decir que lo único que pesqué fue un enorme mareo. Quien conozca los mareos del mar, comprenderá que no me quedaran ganas de volver a embarcar en la vida, pero supe oportunamente, por otro amigo de Alcoy, de nombre Quique, que había unas pastillas, llamadas
neogynona, con las que se evitaban los embarazos. Entonces volvimos a embarcar, Luís con Olga, yo con Rosa ¿Que qué pasó? Solamente un hombre del interior, zamorano para más señas, tropieza dos veces con la misma barca. La
neogynona evitaría los embarazos, no digo yo que no, pero los mareos no los evitaba ni una pastilla de biodramina. Es decir, los evitó mientras estuvimos a bordo, tal vez por aquello de que estábamos con chicas y había que ser machotes, toreros y valientes. Pero luego me vino la regla en el Miami, que era y sigue siendo la cafetería de Juanito, para cuyo equipo de fútbol, llamado ”Miami bis” (sic), jugaba yo por una ficha módica. Módica, a pesar de que ganamos el campeonato (José Miguel, Torrero, Perola…Juanito nos guarda en una foto). Digo que allí, en el Miami, sentado en una silla de la terraza, solo, como hacía Pepe Gordero, se me subieron a la cabeza unas cuantas hormonas vestidas del eterno femenino, ése que noveló Álvaro Pombo. Y me mareé, sí, me mareé retrospectivamente, como si fuera un tembleque por el retrovisor…
La foto que os dejo, sin embargo, fue tomada en el barco de Miguel Ángel, no el sixtino Buonarroti, sino el toledano del Circo Romano, cuyo padre, que en paz descanse, regentaba la administración de Contribuciones en Villajoyosa, sita en la calle Pizarro número dos. Fuimos al calamar y a punto estuvo Nereo de arrancarme un apéndice digital para alegría de los tiburones. Sólo a un hombre del interior, cazurro y zamorano, se le ocurre enrollar en el dedo el hilo del que pende la potera. La potera, sí, ese anzuelo múltiple que se enganchó en el fondo del mar, junto a las llaves…Menos mal que yo era un joven galano y se me daba bien el desliz…
Pero esto no se nota en las fotos, donde sólo queda un recuerdo bonito. Ojo, no he dicho atún, sino bonito. Y es que fue realmente bonito. El atún entró en mi casa con Pablo, que es hijo de un pescador de muchos quilates y novio de una vilera bilingüe cuyo padre es un cazurro zamorano. Se llama Patricia. Ella es la que ha traído el atún a esta casa. Y la lechola y el denton y el calamar…Todo muy exquisito. Bueno, y a Pablo también lo trae muchas veces. Y Pablo es exactamente ese joven al que todas las madres quisieran para yerno.
Querido Luís, quiero embarcar de nuevo contigo, pero me ha asaltado una duda: no sé si eras tú el que me mareabas. Si has mejorado el barco, lo podemos probar.
Querido Miguel Ángel, tenías que haberme advertido de lo del sedal. Claro que tú, por entonces, más que en el mar de Villajoyosa, andabas en los callejones nocturnos de Toledo, que solían estar llenos de gatos.
Quiero deciros a los dos que, aparte del mar, siempre tendréis algo bueno en los ojos: las imágenes que os llevasteis de Muelas. Yo os devolví la visita y, ya veis, me he ido quedando… ¿Cuántos años hace, treinta y cuatro? No lo sé, pero entonces, como bien dijo Alberti “
ya mi vida iba a ser, ya lo era, litoral desprendido”
Un abrazo
El mar, como remanso de la tierra.
Cansado de la tierra vine al agua
del mar, como a una Tierra Prometida.
Aquí mi corazón volvió a la vida,
al beso de la luz mediterránea.
Se alzó sobre las olas, viento y ala
de un barco sin timón, a la deriva.
Y fue potera y pez, arpón, herida,
rumor de tempestad y mar en calma.
Y ya por el azul, gaviota blanca,
sintió la sed del mar en tal medida
que quiso hacerse sal y se hizo alga.
Al filo de una roca puse el alma
que fue, como la arena, sacudida
por cantos de sirena hacia la playa.
Mariano Estrada www.mestrada.net Paisajes Literarios
Del libro “
Trozos de cazuela compartida”
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