domingo, 05 de agosto de 2007

Respuesta a una duda vital

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Respuesta a una duda vital

Con motivo del nacimiento de Leyre (hola, Leyre, hola Andrés and family), mi querido compañero Javier del Vigo Palencia ha dejado en el Blog de antiguos alumnos un precioso texto, del que extraigo los párrafos siguientes:

…Empiezo por donde es obligado: Andrés! Andrés Cortés: da de mi parte la enhorabuena a tu hija por haber sido madre. Felizmente!...
…Y a vosotros, a Tere y a ti, os corresponderá ser padres sustitutos de Leyre de forma progresiva en el futuro, cuando sus padres biológicos no sepan dónde dejar la criatura y recurran a sus "viejos"…

…Irune es mi hija pequeña de 11 años floridos, los mismos que tuvimos cuando íbamos a La Virgen (del Camino) hace ya unos cuantos meses... Como su deíctico nombre propio indica es la tercera, -una y trini a la vez-, de los míos. Estos días se está quedando en mi casa, en vez de en la casa de su madre. Le dedico tiempo. Anoche, sin ir más lejos, hasta que los ojos se nos caían, estuvimos comprando y vendiendo la calle Muntaner, el Paseo de Gracia, la Estación de Sants... Esto de hacerse rico con la compraventa inmobiliaria crea "mono" incluso cuando los billetes son papel sin valor legal. Me explico yo así por qué la especulación inmobiliaria ha hecho tanto rico analfabeto total. Los valores inmuebles son más adictivos que esnifar coca, coño!...

…¿Será verdad que, en llegando sexagenario, empieza uno a mirar más hacia atrás que hacia adelante? Espero vuestra filosófica respuesta a esta duda vital! Claro, sé que “habéis” aún muchos que no podréis responder desde experiencias "cronológicas", pero contadme un cuento, en cualquier caso…

Besos, chavalería!


Y esto es lo que yo le he respondido en ése mismo Blog:

Respuesta a una duda vital

Aparte de nombrado, Javier amoroso y Vigo Palencia (que es tanto como Prieto Picudo), me he sentido aludido ¿Qué digo aludido? Has clavado en mi pecho una señal estigmatizadora: la de la vejez. Pero ya dijo Borges por mí que La vejez (tal es el nombre que otros le dan) puede ser el tiempo de nuestra dicha. Y antes que Borges, ya lo habían dicho otros con no menos acierto: Sabe más el diablo por viejo que por diablo. Tiempo de experiencia, tiempo de sabiduría, tiempo de gozo ¿Cómo no vamos a mirar hacia atrás, si ya lo hemos vivido casi todo? (Es un decir, porque a mí aún me queda mucha energía en el cuerpo y mucha ilusión en el espíritu: ése que está gordo aunque no tenga materia (Trapiello dixit)) Además, ¿quién le va a contar a Irune y a Leyre los cuentos que a nosotros nos contaron?

Te dedico dos cosas, querido Javi, mejor dicho: te dedico una sóla cosa: un poema donde se argumenta que, efectivamente, somos gordos de espíritu ¿Quién va a ponerle remedio a esa desgracia? Pues nosotros (y ésta era la segunda cosa), volviendo a contarles a nuestros hijos unos cuentos como éste en el que es protagonista mi padre, que nos mira desde la eternidad, y que yo le dedico hoy a tu hija, que aún está descubriendo la vida. No es un cuento recién escrito, sino que ya tiene unos años, pero hoy, día del calor, de la amistad y de agosto del 2007, me apetece dedicárselo por estas tres razones:

1ª.- Porque tú nos has pedido un cuento y ella es carne de tu carne.
2ª.- Porque tiene un nombre precioso: Irune, como diosa de la resurrección
3ª.- Porque a mí me da la real gana, Javier ¿Te parece convincente?

Callen, pues, las razones, y abran paso ellas mismas a la Razón (Fíjate lo viejo que soy que me estoy acercando a aquel señor De la Barca (como tú Del Vigo), que tenía nombre de música (aquí se debe abrir un gran silencio):

Un fuerte abrazo a todos
Es cierto, Javier, que se notan los nuevos intervinientes, de lo cual me alegro. Y que se echa en falta a Oscarín. Querido Oscar: ¿te importa asomar la patita, aunque sólo sea todas las tardes un ratito?

El poema:
(A Javier, nuestro amigo, que todavía se rebela)

Contradicción

Oronda de satisfacciones,
nuestra carne se mece
en las anchas tumbonas del progreso.

Y aunque ya los caballos del espíritu
se ahogan de inactividad,
de grasa y de estertores,
nuestros sueños reposan, mansamente,
tras una espiritualidad
ornamental, desentendida,
completamente plana.

Avaros del mercado y
muy exigentes con el pan,
somos, en realidad, irresponsables.

Mariano Estrada
Del libro “A este lado del Paraíso”

El cuento:
A Irune, que está aprendiendo a vivir y necesita cuentos

Lobos: del miedo a la admiración

La primera noticia directa que yo tuve del lobo fue una tarde de nubes y olor reciente de lluvia. Según calculo ahora, basándome en acontecimientos familiares de muy difícil olvido, habrían pasado siete años desde el día de mi nacimiento. Por un asunto de tratos en ganadería, de los que a mí me llegaba únicamente el enternecedor balido de los corderos, mi padre había ido a un pueblo de lo que para mí era entonces la ultramontana Cabrera, más allá de Velilla, donde había un lago azul, un pico muy alto, llamado Vizcodillo -que en agosto conservaba intacta la nieve-, y un lejano tufillo de supersticiones y fantasmagorías, no muy bien definidas, entre las que estaban las historias espeluznantes del lobo y los mágicos ululares de ciertas almas en pena, a cuya sombra se cobijaban los forajidos y malhechores.

Podía haber ido a lomos de una yegua rojiza, que yo montaba a pelo entre galopes de temeridad y rozaduras, pero no había sido posible, pues la yegua estaba preñada y en la casa iba a haber un parto inminente; un parto que, si realmente ocurría, atendería con solvencia mi abuelo... Y ocurrió, fue un potrillo salvaje y pelirrojo por el que, casi un año después, arrancado de mis brazos por el tratante que lo había formalmente adquirido, yo sentí emociones elocuentes que terminaron en lágrimas.

De regreso, atravesando las cumbres de la Sierra de la Cabrera, desde las cuales se abarcan las amplias lejanías de la provincia, pero también las cercanas laderas de Aguablanca, el Ferradal, Tijeo..., la tarde mandaba su inminencia hacia una noche cerrada. En ella estaban los miedos y las sombras, las meigas y los lobos.

Mi madre, hecha de cariños y prudencias, me obligó a ir a la cama, una cama de roble y de carcomas donde yo acosté mis tímpanos despiertos... La habitación era un lóbrego vacío de ferocidades, algo así como las fauces negras de un lobo. Yo tocaba el suelo con la mano para crear la realidad y los objetos, porque mi madre se había llevado el candil y, en la tiniebla, el espacio era un tinglado de burbujas desvanecientes atravesadas por lluvias abundantes y amenazadoras: las aguas de mis ojos que plasmaban en el techo unos zarpazos de muerte...

Pero la muerte no vino. Yo crucé la mañana del domingo en un letargo cansado y, al despertar, ya en las proximidades de la comida, una risa grande y unos ojos alegres y despiertos se estrellaron contra el rostro de mi padre que me miraba sonriente.
- ¿No te levantas hoy, Jeremías? -me preguntó.
-¿Por qué tardaste tanto? -le pregunté yo a mi vez, con acento de recriminación más bien perdonable
- Es que me salieron los lobos -dijo él, tan tranquilo.
- ¿Sí? ¿Y qué hiciste? -repliqué yo, entre admirado y temeroso
- Muy fácil, me subí a un roble y esperé a que se hiciera de día
- ¿Y los lobos, no intentaron cogerte?
- Pues claro, pero yo no los dejé... ¿qué te habías creído?
- ¿Y por qué no llevaste la escopeta?
- ¿Para qué, si me bastó con la cacha?

Le fue suficiente con la cacha... Y la cacha era de roble, por supuesto. Y el roble era magnífico y robusto, como mi padre. Y yo, que siempre he amado a mi padre, amé también al roble. Hoy amo al roble y a mi padre, que ya ha muerto. Pero también a los lobos, que afortunadamente perviven en los montes de roble de Velilla ¿Qué sería de ellos si mi padre, aquella noche oscura y tenebrosa, hubiera matado a sus desconsiderados antecesores?

Mariano Estrada Vázquez www.mestrada.net Paisajes Literarios, http://paisajes.blogcindario.com
Muelas de los Caballeros (Zamora)

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Precioso cuento de lobos, pero hoy en día tal como están las cosas,los lobos cada día no sé "comen menos" en fín no sé como explicarlo para que se me entienda, el cuento es precioso de verdad.Noe.


Mariano, el de corazón grande: enseñas cada día una patita nueva. Todas ellas,bellas, tienen los mismos componentes esenciales: esencia de candor, flor de poesía, pizca de nostalgia y vida; mucha vida, que regalas a raudales!

Gracias, corazón!

¿Este Javier y aquel que hizo a Irune serán la misma cosa? Tendremos que contar aún muchos cuentos, querido!

Una saeta: no te sientas aludido expresamente por lo de sexagenario. Pregunta: ¿ves tu alguna diferencia, hoy, -más allá del D.N.I.- entre un 56 y un 65? Yo no; solo atiné a interpretar el viejo 69, cargado de erótica.

Pero Eros se ha tranquilizado algo (sólo algo, eh?); y Tánatos aún no nos da guerra continuada. ¿Entonces...? Lo dicho: que vivan los cuentos de la vieja abuela, a la luz de la vela...!


Los sexagenarios como tú dices tenéis vuestro encanto, además de labia, palabrería, ocurrencias y bueno un sinfín de cosas más y creéme yo te lo puedo asegurar. Besos.


Por las dudas, le he contado los cuentos a mi hijo, para cuando el tenga los suyos, quiero ser una abuela que me deleite de mis nietos, y que los padres le cuenten sus propios cuentos, la de los animales que hemos tenido , una la de Borges , que Mariano bien conociò por foto y que pòr enamorado e inconciente pasò a ser parte de nuestros recuerdos, y que ninguna ama de llaves diga de el como de Don Jorge, que " el señorito muriò virgen, a pesar de sus dos matrimonios"Y es que la vida es un tango que hay que saberlo bailar, o un cuento para contar, y ahi te dejo con esos cuentos de lobos verdaderos, impensables en estas latitudes, pero con lobos nuestros que llevaremos en el corazon. Un beso . Y me nombras a Borges y me dan ganas de llorar, por los dos.


Dice Noe que ahora los lobos comen menos. Ya, lo que pasa es que ahora el hombre es el lobo para el hombre, desde Hobbes.

Adriana: quiero aclarar que tu perro se llama Borges, no vaya a ser que crea la gente que has bebido. Dos Borges, nada menos. Como si no hubiera bastante con uno, que ciertamente fue grande. Lo fue y lo es, porque Borges ya es un clásico.

Javier: ¿qué quieres que te diga, si lo has dicho tú todo y te has remontado hasta la génesis? En todo caso, te agradezco los elogios como si fueran abrazos ¿Qué abrazos, digo? ¡Jamones quise decir! ¡Pata negra! En el pueblo de mi mujer aún los hay de bellota. Y es que, para ciertas cosas, es mejor que el mundo no avance… ¿O sí, a pesar de todo?

Pero bueno, chaval, ¿me vas a regalar un jamón? ¿No? Entonces sigue con los elogios… Y yo los rebotaré, porque te los mereces. Aunque tomes colacao por las mañanas.

Un abrazo a todos, incluidos Trapiello y Julio Correas.


No Mariano, no he bebido, no hubo dos Borges, el mio era borges con minuscula y en epoca de amores nos quedamos sin el. El otro, con mayuscula B de Borges, es para muchos de nosotros el puñal que nos clavaron por no darle ese premio que hasta ultimo momento esperabamos , que serìa reconocido como lo que fue, un gran escritor de su tiempo, asi que me quedo con un lobo conocido de recuerdo en mi corazòn y con los lobos de tu cuento,mas lejanos pero tambien tan queribles como el lobo que ahora no tengoUN beso.


y esa referencia que te hago fue a un reportaje que le hicieron al ama de llaves de su madre Fanny, que aseverò que "el señorito muriò virgen" cosa para mi disparatada, era fascinante, de ahi lo que te escribì, y ahora si, me voy a tomar algo., Besos,.