Ha venido a verme un amigo…
Y además ha sido abuelo.
¡FELICIDADES!
Mi nieta se llama Leyre
Mi nieta se llama Leyre
y tiene un beso en la cara.
Es mío, que, por quererla,
me lo arrancó sin besarla.
Yo soy la esponja porosa
que ha amanecido empapada,
para que tengan los ojos
un río donde bañarla.
Te quiero, Leyre, te quiero
desde una sangre cercana,
desde un cariño de abuelo,
desde el amor, desde el alma.
Mariano Estrada, 04-08-2007
A sugerencia de Andrés Cortés
Mi reencuentro con Andrés Cortés Aranaz
Queridos amigos:
Pues sí, ha venido a verme Andrés Cortés Aranaz. Cuarenta y dos años pueden ser una vida. De hecho, a él ya le ha salido el bigote y yo he perdido las muelas (el bigote blanco, las Muelas de los Caballeros) Nos hemos reconocido con la facilidad con la que se reconocen los heridos por las flechas de una antigua amistad. ¡Andrés! ¡Mariano!Y nos hemos dado un abrazo en el corazón, delante de su mujer, Tere, que nos miraba como se mira a dos niños perdidos en el Templo de La Virgen del Camino y hallados en el Peaje de la autopista del Mediterráneo, propiciadora de abrazos imposibles, como es el de Barcelona con Murcia, sin ir más lejos.
Éramos casi jóvenes, Andrés, casi adolescentes. Y hoy somos talludos como robles curtidos por el tiempo, que es sucesivo e inexorable. A pesar de las recientes fotografías que cada uno teníamos del otro, el encuentro puso en evidencia que
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos. Pero tampoco nos sentimos extraños con nuestra actualidad más rabiosa. Es más, hablando y hablando nos hemos dado cuenta de que hay ciertas cosas que los años no han podido cambiar… ¿Está esperando alguien a que las enumere, tal vez algún Trapiello, algún Enrique, algún Froilán, algún José María? La solución, en otoño, que es cuando caen naturalmente las hojas.
Nos vinimos a casa y, sentados en el porche, mirando hacia los mares del Sur, cantados por Montalbán, abrimos lontananzas de tiempo para ver a dos muchachos que, además de la amistad, compartían un lindero de la camarilla, un tabique a media altura que tenía un lavabo por cada lado en el que no se podía mear, porque en cualquier momento llegaba sigilosamente el vigilante de turno y, éste sí, éste podía perfectamente asomar la nariz por encima de la portezuela, de la que aún puedo oír el clik del resbalón sobre la encajadura. También había dos armarios simétricos en los que, ante una ilusoria necesidad, no hubieran podido esconder a aquella niña preciosa del cuento titulado
Las raíces del lirio, con la que uno se inclinaba a soñar por las noches más que con el hábito blanco descrito por José María Guervós:
Yo tengo un hábito blanco / que es una vida que empieza. A mí me sobraban kilómetros para la niña y me faltaban muchos hervores para enfundarme los hábitos. Andrés era más pío que yo, pero ello no es óbice para que también tuviera una niña en sus sueños, por allí, por la plaza de la Inmaculada,que es donde su padre guardaba siempre las joyas.
Aparte de las vistas con conversación, o las charlas con vistas, que tanto monta, en casa tomamos agua, inmaculada también, pero muy fresca. Ver la contradicción en los términos. Y así hasta que llegó mi mujer, Rosa, a recordarnos que era la hora de la comida. Hice las presentaciones de rigor y Rosa no tardó en seguir su camino, que estaba marcado por el reloj y el trabajo, y nosotros enfilamos el derrotero del refectorio poniéndonos uno a cada lado de la fila y Tere de director del pasillo.
Asia a un lado / al otro Europa / y allá en el frente Estambul. Es decir, el Minarete, donde Mariano ocupa el cargo de Almuédano “Buenos días, señor Estrada…”
Comimos un caldero vilero, que es otro nombre del arroz, y bebimos más agua, para completar la borrachera de los recuerdos. En nuestro descargo diremos que hacía mucho calor, mucho más de lo que venía haciendo en estos últimos días. Pero hablamos también de pasados más recientes e incluso del presente continuo, que es aquel que aprendimos con el P. Tascón, aunque en el idioma de Whitman ¿Por qué va a ser siempre de Shakespeare, si Tascón, además, lo pronunciaba a la americana? Estuvo bien la comida, estuvo bien la comunicación, estábamos exultantes, el agua iba haciendo en el alma sus efectos. Y para una mayor efusividad nos tomamos una cerveza sin alcohol. Pero una cada uno, no vayáis a pensar que nos privamos de nada.
El problema vino después, cuando quisimos hacernos unas fotos para mandarle al Furriel de Ordoño II, por otro nombre bloguero mayor en estado perpetuo de vacaciones. Resulta que en la preciosa playa del Minarete no admitían perros. Tere podía pasar sin problemas, pero también sin nosotros ¿Qué hacemos, Andrés? ¿Que qué hacemos, Mariano? Retratarnos aquí mismo y demostrarle a la autoridad competente de Villajoyosa, que es flamantemente cuatripartita, que nosotros vamos a hacer de nuestra amistad una rebelión, ya está bien de que en todos los lugares en los que coincidimos nos prohíban mear en el lavabo. Quede insinuado en esta foto que Mariano Estrada Vázquez y Andrés Cortés Aranaz, a partir de este momento van a levantar la patita y a mear donde les apetezca cada vez que se encuentren en el camino. “Tere, saca ya la foto, coño, o vas a pillarnos meando”.
Queridos Andrés y Tere: compartir esos momentos con vosotros ha sido compartir el azúcar. Y encima respetando el colesterol.
Un abrazo a los dos. Un abrazo a todos
Mariano Estrada www.mestrada.net Paisajes Literarios
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