Madroño, foto Joan Piera
Ruta del Morer: algunos antecedentes, madroño.
El día 22 de octubre del año 2005, que fue sábado, un par de amigos y yo hicimos una incursión en territorios alicantinos que destacan por su extraordinaria belleza. Dos meses después, la revista “El salt” que edita el Instituto de Estudios Alicantinos “Juan Gil-Albert” de la Diputación de Alicante, publicaba un trabajo con mi firma titulado:
Ruta del Morer: Bellezas de la Marina Baixa. El filólogo Gaspar Sellés Ortigosa y el biólogo Joan Piera Olives fueron mis generosos compañeros de ruta, el primero como diseñador y jefe de la misma y el segundo como asesor científico, dado su profundo conocimiento de la flora y la fauna de estos parajes.
Por entonces, tanto Joan Piera (por otro nombre el señor de las orquídeas), como yo participábamos en el modesto, pero no por ello falto de calidad, foro de Muelas de los Caballeros, del que sus habitantes habían oído hablar como de pasada. Y fue ahí, en el tiempo que media entre la referida incursión por la belleza y la publicación del artículo, donde se expusieron algunas descripciones de los lugares visitados, así como de algunos acontecimientos y/o anécdotas que se produjeron a lo largo de la jornada, que fueron bastantes, ya que “ruteamos” tercamente de la aurora al ocaso. Así, Joan Piera se extendió, entre otras muchas cosas, sobre ciertas propiedades de los frutos de los madroños, e informó cumplidamente de que Gaspar y yo estuvimos a punto de agotar a bocados las bayas de estos arbustos, extendidos por todo el recorrido. De lo que no habló Joan Piera fue de cómo, al intentar alcanzarlas, el peludo Mariano parecía exactamente un oso, no sé si sólo por la pelambre o influían en algo la pose y la figura.
En el foro de Muelas, por esa época, participaban también otras muchas personas, como Ramón Arcusa, José Miguel Palop, Fernando Medrano, Agustín Zaragozá… Y también nuestra querida Mar, la maravillosa argentina que piensa todo en imágenes, y nuestra siempre admirativa Natalia, la canaria que no conocía los madroños porque, en sus islas afortunadas, se los habían pulido hacía tiempo los guanches.
Con estos ingredientes hicimos un desaguisado que luego nos vimos en la necesidad de explicar a la concurrencia, y ello daba pie a introducir nuevas figuras en el paisaje. En fin, éstas fueron algunas de las respuestas que yo les di a Mar y a Natalia, que, por estar tan alejadas de nosotros, eran las que más necesitaban de nuestra aproximación. Y de nuestro cariño. Tanto es así que luego vinieron a vernos…
Por si alguno quiere leer la descripción de la Ruta, dejó aquí un enlace para que pueda hacerlo a su antojo: http://www.mestrada.net/novedades2.htm
Un abrazo
Madroño
Querida Mar:
Es muy posible que la baya del madroño tenga, entre sus propiedades, la de producir borracheras. Gaspar, por su lado, le atribuye unas propiedades laxantes. Tú sugieres ahora que quizás produzca sueño, como la mosca Tsé-Tsé, porque no es normal que Mariano duerma como un lirón (Por cierto, lo del lirón es un cuento gordo como el Libro de Petete). Sea como sea, ni Gaspar ni yo nos emborrachamos, a mí no me entraron premuras ni me dieron retortijones y el único que durmió la siesta fue Joan, que no comió del árbol de la ciencia y en cambio es meridianamente científico... Demasiada contradicción en los términos.
Querida Mar: yo quiero decirte que ayer, a lo largo del camino, tanto Gaspar como Joan tuvieron la oportunidad de ver varias veces reproducido el emblema de Madrid que, como sabes, es un oso y un madroño. El madroño, como nos ha dicho Joan, aparece con frecuencia a lo largo de la ruta. El oso era yo, en tanto que animal y peludo que se esfuerza por llegar a las bayas...
Parece ser, sin embargo, que en lo del madroño también hay mucha mentira, porque en Madrid, Villa y Corte, no ha habido nunca madroños, al menos en la proporción suficiente como para erigirse en un símbolo. Dicen los que entienden que el rey de armas que pintó el escudo no se entretuvo en aclarar si era un madroño, y no faltó quien dijo que se trataba de un almez, que también tiene bolitas y son rojas. Pero se ve que no entienden demasiado porque otros hablaron de que el rey en cuestión no quiso pintar un árbol concreto, sino un árbol. Solamente un árbol. Eso sí, lo llenó de bolitas rojas porque éstas se veían muy bien desde lejos. De hecho, yo creo que el arbolito que hay en la escultura de la Puerta del sol, no se parece mucho a un madroño. También es verdad que el oso se distancia mucho de mí...
Dicen que para mantener la leyenda, el Ayuntamiento de Madrid no para de plantar madroños en el Retiro...
Ya veis que lo que damos por sentado a menudo está de pie y lo que damos por realidad puede ser tan sólo una invención sobre la que ha caído el gordo de Petete, ése que antes caía en doña Manolita y ahora cae mucho en Sort. ¿Sort del Rey Católico? No ¿Sos tonto o qué? Sort del Rey Boludo, que era narigón y cojonudo.
Querida Mar: yo sé que, entre este revuelto de letras, tú sabrás hallar la sustancia...
Un abrazo y un beso
Más sobre el madroño
Hola Natalia, Hola, Mar, os digo:
Guanches eran, en efecto, tanto los que se comieron los madroños como los que suspiraron por el amor de una niña ¿O suspiran aún? No sé si los guanches de hoy en día tienen los corazones godos... Godos y gandes, mamá, yo los he visto en la fiesta...
Lo que Natalia quizás no sepa, ni Mar tampoco, es que los madroños tienen la flor “urceolada”, como el brezo. ¿Y esto qué quiere decir? Pues mirad, en Zamora, el brezo recibe el nombre de “urz”. De hecho hay pueblos que lo han incorporado al topónimo: Quintanilla de Urz, Brime de Urz...
Y yo le he preguntado a Joan que si lo de la flor “urceolada” procede de ahí... Y él no me lo ha podido confirmar, pero me ha dicho: “Ah, muy buena aportación, Mariano, para tu artículo” (Joan me llama Mariano y no oso ni osobuco donosor...). ¿Y cómo es una flor urceolada? –me diréis vosotras- Y yo os tendré que responder: “Pues, paradójicamente, tiene forma de pino, tal vez de Araucaria, que es una de las formas del pino. Y es que en la variedad está el gusto...
Querida Mar: reconozco que es un poco pretencioso ocupar el puesto del oso en el escudo de Madrid. ¿Habré de conformarme con el de Muelas, en el que hay una cabra y dos lagartos aplastados por una losa, de donde parece que proceden los Losada, como Diego de Losada, vecino de Rionegro del Puente y Fundador de Caracas? Ya ves, Mar, no hay cosa que toques que no derive en mil... En cuanto a los lagartos...No sé, antes el lagarto era un jabón, ahora es un reptil vestido de lagarterana, que son las habitantes de Lagartera...
Un beso
Mariano Estrada www.mestrada.net Paisajes Literarios
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