El fútbol como obscenidad.
Dos preguntas previas:
1ª.- ¿Se puede acabar con este sucio negocio?
2ª.- ¿Por qué los partidos políticos del mundo, especialmente los que se dicen socialistas, no le hincan el diente a esta presa?
Dos premisas de partida:
1ª.- Deberíamos de dejar de ir a los estadios.
2ª.- Deberíamos de apagar la televisión cuando televisan un partido de fútbol.
Sé que es predicar en el desierto, pero éstas serían las condiciones necesarias y suficientes para acabar con la obscenidad incrustada en este noble deporte ¿Noble? Como deporte, sí. Como negocio, ya digo, es sucio y obsceno ¿Cómo es posible tolerar que se paguen treinta y tantos millones de euros por un jugador, o que se pidan ochenta por otro? ¿Habré oído bien? ¿Sabéis cuantificar en pesetas ochenta millones de euros? Y el sueldo de algunos jugadores, ¿por qué ha de ser tan obscenamente desproporcionado? ¿Puede un sólo jugador cobrar el sueldo de 15.000 personas juntas? Ya lo creo, está al alcance de todos comprobarlo. ¿Y contra eso no puede hacerse nada?
-Oiga, ¿y por qué no se mete usted con los sueldos de los grandes banqueros y otros jerifaltes y guripones de aproximada ralea?
-Con mucho gusto, amigo. Lo primero que podríamos decir es que a esa gente habría que dejarla un tiempo en el paro con mil euros al mes. Pero eso será otro día. Hoy toca decir las razones por las que habría que dejar de ir al fútbol y/o apagar la televisión cuando se diera un partido de este noble deporte.
-¿Insiste usted en que es noble?
-Como deporte, sí. No sé si me explico.
-Igual que un libro abierto. Y diga: ¿qué pasaría exactamente si dejáramos de ir a los estadios y apagáramos la televisión?
-Pues mire, si matamos al perro no habrá rabia en el mundo ¿No cree? Lo malo es que en esto se han invertido las tornas. Aquí son los hombres los que defienden al perro.Y lo harán con uñas y dientes…
Un abrazo
Dejo aquí un pequeño texto que escribí hace unos años referido al mercadeo del fútbol en la época estival, que es la época de los chiringuitos y de los grandes fichajes. Como es lógico, acababa diciendo que somos excesivamente consentidores. O sea que sí, que tenemos que dejar de ir al fútbol. Y en cuanto a la tele ¿qué podemos hacer con la tele si no vamos a ver más partidos televisados? Pues mire usted, a los que nos gusta el fútbol, podíamos liarnos a patadas con ella. Los otros que la tiren por la ventana, si quieren, en el bien entendido de que, si lo hacen, estarán librando al mundo de un montón de bazofia. De modo que pueden arrojarla con la conciencia tranquila. Ya pasarán detrás los basureros…
Barato-Barato
Hablar del mercado del fútbol es hablar del capitalismo exponencial, esa especie de monte portentoso desde el que todo lo demás resulta barato-barato, en expresión de esa otra cara de la moneda representada por los vendedores de alfombras. Barato-barato. Desde las viviendas en el corazón de las ciudades más importantes del mundo, incluida la playa de Benidorm, hasta los coches concebidos para la fascinación de los pijos y de las mentes y de las nalgas. Al fin y al cabo, ¿qué son ochenta millones de pesetas (no lo digo en euros porque se diluye mucho el contraste) para el bolsillo musculoso de un futbolista de pro? Nada. O muy poco. Pero, mira tú por dónde, este año el mercado está triste; tanto que los futbolistas de pro, en lo que a vivienda se refiere, corren el peligro de quedarse en la calle. O lo que es peor, de tener que acogerse a los inestimables beneficios de las Viviendas de Protección Oficial, que tienen el defecto de una muy dudosa existencia. Por supuesto, a mí me gusta fútbol, pero no en su categoría de capitalismo exponencial, como es notorio, sino en su humilde condición de filigrana. Y, de ésta, le va quedando poca. Porque somos más bien consentidores.
Mariano Estrada Vázquez www.mestrada.net Paisajes Literarios
Blog: http://paisajes.blogcindario.com
Tags: El fútbol como obscenidad