Patricia: felicitación de cumpleaños
Querida Patricia:
Es un día realmente precioso: no hay frío, no hay calor, el sol es brillantemente amable y hace un viento ligero y sugerente que es en sí mismo una caricia. Desde el lugar donde me encuentro, que tú conoces tan bien, miro hacia el mar y veo que tiene las crines erizadas ¿Es, pues, un caballo? No, tal vez una sirena que ha pasado esta noche por la peluquería… ¿Quién será el peluquero del mar que le ha dejado estos rizos de belleza?
Tú no estás aquí, pero yo te veo bajando la escalera entre dormida y descalza, cerrando un poco los ojos para apartar la luz, porque la luz es delatora y te recuerda que no has despertado todavía. De hecho, caminas con las manos por delante, esquivando las aristas de los muebles, como sonámbula que no quiere despertar. Te miro por detrás y descubro finalmente que el mar y tú tenéis algo en común: el mismo peluquero…Me pides que te deje despertar poquito a poco, porque la brusquedad no es conveniente para saborear con placer el desayuno…
Querida Patricia: ¿qué haces tú en Alcoy mientras el día se despereza en Villajoyosa? Que sepas que imaginamos tus pasos mientras vas del dormitorio al salón o a la cocina. No te estorba el sol porque en tu casa sólo da el sol por la tarde, no te estorba la luz porque tienes las cortinas echadas, no te estorban mis rondas mañaneras porque son emanaciones de la virtualidad. No te estorba nadie para que puedas despertar tranquilamente, abrir del todo los ojos, lavarte bien la cara, bajar a la calle sonriendo y desafiar valientemente al mundo: “aquí estoy yo, soy Patricia la Buena, la que se siente dispuesta a afrontar los desafíos a los que pueda someterme la vida, empezando por el toro con el que me toca lidiar esta tarde…” ¿Sabes a qué toro me refiero? Sí, te ha delatado la sonrisa…
De acuerdo, Patricia, esta tarde te toca trabajar y de eso no puedes escabullirte. Mañana tienes que ir a Valencia, pero el domingo, con el día despejado y la felicidad en la cara, te espera una celebración en el Minarete, casi encima del mar, detrás de las palmeras (no las salvajes, que ésas son las de Faulkner, sino las domesticadas), con la brisa del aire acondicionado y la belleza de este rincón que las Nereidas tienen prohibido visitar porque el dios es muy celoso y no quiere que se enamoren de los bañistas. Lo que el dios ignora es que ellas acuden a veces por la noche, como atestiguan las huellas que suelen dejar en la rocalla que queda justo en el medio de la caleta ¿Te sitúas? Yo me subía allí, a veces, a rastrear su perfume de mujer, o de diosa que quiere ser mujer…
Ahí te estaremos esperando algunos de los que te llevamos en el corazón: Rosa, Mariano, Daniel, Lisi, Raquel… Y, cómo no, Pablo, el que forma contigo una naranja completa. Otros quisieran estar, pero tendrán que conformarse con felicitarte por e-mail o con oír cómo te ríes por teléfono. Ellos saben bien que tienes una risa divina.
¿Y todo este exordio para qué? Pues mira, muchacha, sólo para decirte que te queremos. Que te queremos cantidad, más, si cabe, porque te toca estar sola en este día en el que deseamos que la felicidad te recorra por dentro.
Recibe el beso de todos
Y también el de un padre locatis de quien ya conoces de sobra las locuras
Mariano Estrada www.mestrada.net Paisajes Literarios
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