Anónimos. Flecos del Foro de Muelas
Hubo un tiempo en el que el Foro de Muelas tuvo una actividad intrépida y desmelenada, como todos sus miembros recordarán, algunos con declarada añoranza. Estaba formado por un nutrido grupo de personas interesantes que, cada una a su manera y en su estilo, tenía muchas cosas que decir y las decía. Había sensibilidades diversas, como es lógico, y aun contrapuestas y divergentes. Las opiniones eran variadas y los opinantes respetados, al menos hasta que la política se interpuso para impedirlo, lo que no tardó mucho en suceder ¿Que qué sucedió? Nada que no sea previsible. Como políticamente hablando nos faltan dos o tres hervidos, hubo ciertos enredadores anónimos que, sin aportar ningún argumento, se mostraron intolerantes y, en general, sólo profirieron insultos. Es verdad que fueron muy pocos.
Pero como en botica tiene que haber de todo, en aquel batiburrillo de opiniones hubo una nota exótica que, al recordarla, me ha provocado nuevamente la risa. La puso un bello durmiente del bosque de Atapuerca que, al despertar de un largo sueño (según sus propias palabras), nos identificó como contemporáneos de sus imaginarios personajes. De modo que, viniendo de tanta lejanía, ya supondréis lo antiguas que le parecieron nuestras eufóricas disquisiciones. Tanto le daba a él que habláramos de víboras como de libros o de la ingle de las gambas. Antiguos. Eso era todo. Yo me estoy preguntando aún por la identidad del sujeto y sus preferencias en cuanto a temas de conversación. La hipótesis que manejo como razonable es que se trata de un recalcitrante posmoderno regresado del futuro en la máquina de Wells. Mientras llego a alguna conclusión definitiva, os dejo aquí las palabras que profirió y las reflexiones que a mí me merecieron.
Un abrazo
Interpelación libre del anónimo:
¿Hola? ¿Hay alguien ahí? Acabo de despertarme de un largo sueño, y me he encontrado esta pantalla encendida. Algo que no sé qué es, porque la gente habla como en mi época, pero en mis años la luz eléctrica era un ensayo, y ver estos cables enchufados a la pared, me anonadan.
Respuesta con legítimo gusto:
ANTIGUOS
Bueno, pues parece ser que alguien nos tilda de antiguos, lo que a lo mejor no es exactamente un insulto. Pero se cuida muy mucho de esconderse en un sospechoso anonimato ¿Por qué se esconde usted, don Moderno? ¿Tal vez tiene miedo de que le atropellemos con el lenguaje, por el simple hecho de que arrastramos aún una herencia latina, salpicada incluso de ciertas rémoras griegas?
¿No se ha dado cuenta de que somos unos simples venteros que esperamos a que vuesa merced se digne ser nuestro huésped? Sabemos que es usted el ungido, como Sancho fue el manteado, aunque luego llegara a Gobernador. Pero debe quitarse la careta, don Oculto, porque su actitud no encaja muy bien con nuestro ofrecimiento hospitalario. Debemos decirle que por aquí ha pasado nuestro señor don Quijote, camino de sus descomunales aventuras, después de nombrarnos caballeros de Muelas. Nuestra duda mayor es discernir si son muelas de mandíbula o de molino, no vayamos a volcar la saca en la boca y la sopa en la tolva que conduce a la muela, porque entonces no sería sopa sino grano con destino en el polvo, dicho sea para meternos en harina.
¿Me comprende usted, señor cable que ha despertado de una siesta blanca? Seguramente lleva durmiendo usted muchos años y no se ha enterado aún de que aquí estamos de vuelta de la civilización a la que usted pertenece y que, por medio de un caballo desbocado y con orejeras, le está llevando a la desolación que retrata George Lucas en sus películas, una desolación metálica en la que el hombre no sabe lo que es un árbol ni un río ni un perro porque él mismo no es hombre sino máquina, es decir, robot, es decir, materia inerte, hombre finiquitado, ni siquiera mono para buscar a un Darwin cualquiera que lo ponga en la pole position evolutiva, con Alonso a la cabeza de turco...
Nosotros, amigo, somos un peligro para la modernidad porque proclamamos la rebeldía que procede del pensamiento y del corazón, por eso nos persiguen las huestes del Gran Hermano (el de Orwell, no sea usted tan corto de miras y nos meta en la bazofia de la televisión), porque nos quieren castrar y hacernos planos de razón, de sentimiento, de memoria. Almas en pene. Imbéciles postrados a la salud del poder y del dinero. No quieren que emitamos en la onda de la sensibilidad, quieren que durmamos, como usted, ese sueño largo cuyo despertar está lleno de cables que salen de la pared y uno no sabe para qué son o para que fueron o para qué serán, ya que cuando hicieron la pared, ésta estaba lisa, como la mona de Leonardo da Vinci, el del Código, que era la mujer del mono de Darwin, y ambos eran una pareja de fugitivos del Arca de Noé que comprendieron a tiempo que el Diluvio Universal no era más que un tsunami.
Destapa el kareto, kolegui y dinos: ¿de k kieres k hablemos?
Un saludo
Mariano Estrada www.mestrada.net Paisajes Literarios
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