domingo, 01 de julio de 2007
Arrugas: el optimismo necesario
Arrugas: el optimismo necesario
Hay dos razones por las que he querido escribir estas líneas que, si bien por un extraño nexo, están relacionadas entre sí. Una es la celebración del 50 aniversario del colegio en el que estudié, lo que me ha hecho ver sin tapujos que el tiempo se ha transformado en arrugas. Y otra es que, buceando en mis viejas fotografías, he encontrado una con Adolfo Domínguez, el modisto que se sacó de la manga esta frase “La arruga es bella”, que no sé si a algunos les sirvió temporalmente de consuelo.
Pues bien, quiero que se me vean las arrugas, porque cada surco de mi cara es una profundización en las materias de las que está hecha la vida. A cada hendidura le corresponde una elemental carga de tiempo: un instante, un día, un lustro, un suspiro, la duración global de una amistad, de una pasión, de un matrimonio. Hay arrugas que tardan mucho en hacerse. Las de la risa son rápidas y yo no puedo negar que me he reído. Me he reído mucho, pero he tenido también mis días de llanto y de zozobra. Risas, besos, caricias, soledades, lágrimas, tristezas, preocupaciones, quebrantos, agridulzuras… Sufrimiento y felicidad. Cosas que van dejando sus huellas. Unas que te horadan. Otras que te apagan el brillo de los ojos. El resultado está ahí, como un poema que me ha costado escribir 60 años (En realidad 57, porque la foto tiene ya tres, es decir, le faltan muchas arrugas, muchos gozos y sombras, muchos buenos y muchos malos momentos)
Esta cara que veis, con 57 vueltas de tierra, tiene una riqueza mayor que la que tenía con treinta y dos, por referirme a otra foto que dejo como testimonio ¿Lo crees de verdad, Mariano? ¿Y cual es exactamente el atractivo? ¿Se ve a simple vista o hay que descubrirlo con paciencia y voluntad debido a que queda muy oculto? Porque, claro, tú te refieres a la riqueza que ha ganado, pero ¿y la que ha perdido? ¿O es que estás hablando nuevamente de trascendencias, cuerpos que se ven y no se pueden negar contra espíritus que vuelan invisibles por la noche oscura del alma? ¿Es ahí donde nuevamente nos escondemos? Tu cara, Mariano, tiene lo que todo el mundo ve. En cambio, aquella otra que muestras, tuvo el esplendor de la tersura y de la juventud, tuvo la esperanza cierta de los besos, fue imán irresistible para los ojos de las napeas, de las náyades, de las afroditas, de las nereidas, de las penélopes y, especialmente, de las rosas de carne y sus siempre deseados aromas y fragancias ¿Y ahora qué, quién te mira ya con deseo? ¿En qué consiste entonces esa riqueza que representan los surcos de tu frente, los regatones de tu cara, las arrugas pata negra de gallo de tus ojos? ¿Es bella la arruga, o fue solamente un artilugio de Adolfo Domínguez para vender el lino?
Mi querido aguafiestas: bien sabes que conozco las limitaciones que el tiempo impone a los cuerpos. En cuanto a las pérdidas y ganancias, comprendo y acepto las fugas permanentes de la belleza, acepto la renuncia a su posesión y me conformo con mantener viva la llama, tal vez para transformarla en una nueva belleza. Pero no he renunciado aún a las caricias, ni a las miradas, ni a la admiración, ni a la placidez amorosa, ni al gozo relajado, ni al cariño paciente y sostenido, ni a la capacidad de soñar. Todas las locuras de la juventud y del corazón, que las tuve sin duda, y muchas, van tomando la forma de la serenidad y del sosiego. Y si mis ojos desean a Venus, mi cabeza sabe cómo transformar ese deseo en felicidad sin pasar por la apropiación indebida. Y entonces sigo riendo, aunque lo haga de un modo mucho más apacible. En realidad, la risa no ha faltado nunca de mi cara. Sólo algunas veces, cuando la vida saca sus látigos de piedra y azota duramente mi corazón, un rictus no deseado se me pone delante de la sonrisa, pero no dura cien años porque mi cara no aguanta mucho tiempo largas dosis de seriedad, especialmente si ésta lleva en sus aires la indicación indeseable de la amargura.
Mariano Estrada www.mestrada.net Paisajes Literarios
Blog: http://paisajes.blogcindario.com
Añadir comentario
Es precioso, nuevamente me he quedado sin palabras, sin respiración,con el corazón desbocado, y sin poder reaccionar. Gracias. Besos.
Mariano, precioso tu escrito, y más que eso, real como la vida misma. Desde luego que no estoy de acuerdo con Adolfo Domínguez, hay que ser realista, y la arruga, de bella, nada. Sin embargo, me ha gustado saber que, Mariano, ese personaje de semblante duro, seguro de sí mismo, que creo conocer un poco, aunque no demasiado, también ha tenido días de llanto y de zozobra. ¡Yo pensaba que eso solo les ocurría a los pobres de espíritu, a los dudosos, a los inseguros! Pero mira por dónde, de una forma u otra, todos somos humanos, y existe un órgano en común en todos que sufre, llora o vibra de emoción: el corazoncillo. ¡No podía ser de otra manera, tanto poema bello, no podía salir de alguién que no haya conocido el sufrimiento y el desamor!
Mariano, tú sigue, que vales para todo, - bueno, aquello del descosido -, y eso si que no te lo quita nadie, las arrugas, tampoco , pero todos no pueden decir que eres como el libro de Petete: diviertes, entretienes e ilustras.
Un abrazo.
Mariano, tú sigue, que vales para todo, - bueno, aquello del descosido -, y eso si que no te lo quita nadie, las arrugas, tampoco , pero todos no pueden decir que eres como el libro de Petete: diviertes, entretienes e ilustras.
Un abrazo.
Lo malo de los anónimos es que siempre dejan un rastro para que los persigas. El primer comentario no me cuesta nada reconocerlo. Es de una persona impulsiva, incluso intrépida. Esto la hace ser veraz y primaria.
El segundo es más comedido y meditado, pero el autor ha dejado algunas piedrecitas, no sé si intencionadas del todo, por las que puedo ir a su encuentro, pero también a la confusión o a la duda. Por lo que no voy a entrar al trapo, aunque no me he resistido a la tentación de contestar, a pesar de que había dicho que no contestaría a los anónimos. Y contesto así:
El semblante duro debe darlo la tierra, en este caso la adustez zamorana. Si me conoces algo, aunque no demasiado, sin duda debes saber que me he sentido roble a menudo. Y mi tierra de nacimiento se llama Carballeda, precisamente, y un carballo no es otra cosa que un roble, en la lengua de Cunqueiro. (Sigue...)
El segundo es más comedido y meditado, pero el autor ha dejado algunas piedrecitas, no sé si intencionadas del todo, por las que puedo ir a su encuentro, pero también a la confusión o a la duda. Por lo que no voy a entrar al trapo, aunque no me he resistido a la tentación de contestar, a pesar de que había dicho que no contestaría a los anónimos. Y contesto así:
El semblante duro debe darlo la tierra, en este caso la adustez zamorana. Si me conoces algo, aunque no demasiado, sin duda debes saber que me he sentido roble a menudo. Y mi tierra de nacimiento se llama Carballeda, precisamente, y un carballo no es otra cosa que un roble, en la lengua de Cunqueiro. (Sigue...)
Lo que pasa es que llevo muchos años aquí, en el Mediterráneo y, si realmente me conoces algo, aunque no sea mucho, sabrás también que a veces me he sentido almendro, con su tronco de vieja soledad, con su flor blanca de luna. Junta estos dos árboles y tendrás un híbrido al que yo me quisiera parecer. Roble y almendro, fortaleza y fragilidad. ¡Ahí es nada!
Querido anónimo, si me conoces algo, tienes que saber que motivos para sufrir no me han faltado. Ni me faltan. Que tengo un corazón es obvio, porque me ha herido fuertemente el amor. Y es justamente la poesía la que me ha servido siempre de catarsis, ya que por esa acequia he canalizado la dicha, pero también el sufrimiento.
Me alegra saber que me he humanizado a los ojos de alguien que me conoce un poco, aunque no mucho. Y le quiero decir que escribir poesía es como ir sembrando el ambiente de fotografías de la intimidad ¿Radiografías del espíritu? También le agradezco los elogios. Sin ninguna reserva.
Un abrazo
Querido anónimo, si me conoces algo, tienes que saber que motivos para sufrir no me han faltado. Ni me faltan. Que tengo un corazón es obvio, porque me ha herido fuertemente el amor. Y es justamente la poesía la que me ha servido siempre de catarsis, ya que por esa acequia he canalizado la dicha, pero también el sufrimiento.
Me alegra saber que me he humanizado a los ojos de alguien que me conoce un poco, aunque no mucho. Y le quiero decir que escribir poesía es como ir sembrando el ambiente de fotografías de la intimidad ¿Radiografías del espíritu? También le agradezco los elogios. Sin ninguna reserva.
Un abrazo
Al igual que le ocurre a Mariano, no suelo ni me gusta contestar a los comentarios de los anónimos en sitio alguno, y él, sin embargo, ayer hizo una excepción y contestó al mío. Aunque cierto es que, siempre que no me identifico, en mi mente, - de una forma consciente -, no hay mensaje de doble filo con ánimo de ofender a alguno, sino todo lo contrario. Por tal motivo, aquí, en el ágora, dónde han ocurrido los dimes y diretes, y todo después de haberle escrito ya un correo personal a su dirección electrónica para aclarar los calificativos, me identifico, pues lo único que le profeso es admiración, y en muchas cosas, para mi es un referente.
Y tengo que reconocer que cuando leí su contestación, me alegraron dos cosas. La primera, que dijese que mi contestación era más comedida y meditada, ¡con todo lo que él me conoce, mucho más que yo a él, y que sabe muy bien que soy: impulsivo, nervioso, y que medito muy poco, a veces, lo que digo! Sigue..
Y tengo que reconocer que cuando leí su contestación, me alegraron dos cosas. La primera, que dijese que mi contestación era más comedida y meditada, ¡con todo lo que él me conoce, mucho más que yo a él, y que sabe muy bien que soy: impulsivo, nervioso, y que medito muy poco, a veces, lo que digo! Sigue..
Esa apreciación, o posible cambio en mi, me gustó que lo dijeses precisamente tú, Mariano. La segunda, conocer esa bonita definición que se asigna de roble y almendro y, que la poesía, le ha servido de catarsis, suerte la tuya que has tenido esa acequia para poder canalizar la dicha y el sufrimiento, porque aunque a otros nos falte un medio tan sutil como hermoso, hay que alegrase del bien ajeno.
Un abrazo
José Miguel
Un abrazo
José Miguel
que te puedo decir si desde los 21 empezaron a salir canas, un mechon blanco, asi que vas similando el tiempo y vives asi, como tus palabras, contando cada arruga, viviendola y compartiendola.
gracias,
gracias,
Tu escritos, como siempre preciosos Mariano; pero éste, en especial, me ha gustado tanto... y será tal vez el alma vieja que tango; porque aún me falta para las arrugas. Desde mi bella ciudad blanca, te envío un abrazo muy especial. AB
Hola querido Mariano, esa foto mostrando orgulloso tus arrugas,y que son para enorgullecerse, pero mas lo son que te vayas de juerga, que juegues futbol y que participes de cenas multitudinarias, es lo que me hace entrar en el blog con la intriga de hasta que es lo que contestan tus lectores, como estoy leyendo tanto material que tienes, me he encontrado con una cita de Don JORGE LUIS BORGES,coterraneo mio por parte de madre, y recuerdo en el alma su mas triste expresion: Que no habia sido feliz. Lo mio no fue una irreverencia,y porque todo mi ser simpatizò con Borges lo recordamos diariamente.Los latinos somos tan expresivos , que de tan expresivos a veces nos pasamos . Un beso adriana
Querido José Miguel: queda bien claro que el anónimo sin identificar no era precisamente un enemigo. Muy por el contrario, ha quedado patente que sólo podía tratarse de una buena persona. Me ha gustado tu explicación. Un abrazo.
Hay otro anónimo, cuya reflexión me parece muy correcta. Puede que nos conozcamos, pero no caigo quién es.
Y luego viene un mensaje de Andrea, mi querida amiga peruana (perdón, arequipeña), de 20 años de edad, tal vez 21 ¿Cómo vas a tener una sóla arruga? Además, recuerda que yo conozco la espléndida tersura de tu cara, que he tenido el placer de besar. En Kiev. Recibo con gusto ese abrazo especial que me mandas y que sé perfectamente cómo es. Es dulce, como tú. Un beso.
Finalmente, Adriana, uruguaya de Montevideo, propietaria de un ombú, voy a desvelar aquí que tu perro se llama Borges, para que los posibles lectores puedan entender tu comentario. Me alegra saber que te entretienes leyendo mis escritos y espero q
Hay otro anónimo, cuya reflexión me parece muy correcta. Puede que nos conozcamos, pero no caigo quién es.
Y luego viene un mensaje de Andrea, mi querida amiga peruana (perdón, arequipeña), de 20 años de edad, tal vez 21 ¿Cómo vas a tener una sóla arruga? Además, recuerda que yo conozco la espléndida tersura de tu cara, que he tenido el placer de besar. En Kiev. Recibo con gusto ese abrazo especial que me mandas y que sé perfectamente cómo es. Es dulce, como tú. Un beso.
Finalmente, Adriana, uruguaya de Montevideo, propietaria de un ombú, voy a desvelar aquí que tu perro se llama Borges, para que los posibles lectores puedan entender tu comentario. Me alegra saber que te entretienes leyendo mis escritos y espero q

