Vientos de soledad
Por la misma razón que alguien dijo un día que tenía una vaca lechera y otro un tractor amarillo, yo digo que tengo un viejo libro de poesía titulado
Vientos de soledad. Y que alguno de sus poemas, clásicos en la forma, puede salir a la luz sin desdoro. Por lo demás, ninguno de los elementos citados va a imponer su ley en el postmodernismo, que es lo que se lleva ahora, no el tractor ni la vaca. Pero la poesía… La poesía, no. Los micrófonos ¿Qué me dice usted, hombre? Los micrófonos ¿Y qué es el postmodernismo, si se puede saber? Los micrófonos. ¿Ha tomado usted algo, por casualidad? Los micrófonos…
Pues bien, este fin de semana me he echado a la espalda la tarea de volverlos a leer ¿Los micrófonos? No, los poemas. Y de este modo me he encontrado con unos pensamientos que, aun sabiendo que eran míos, veía, casi, como si fueran ajenos. Y es que la distancia que nos separa tiene ya la friolera de 23 años. Claro que 23 años no es nada si se miran desde un relativismo temporal, que es lo que permite que un tío sexagenario con estrambote, como Rod Stewart, se case con una moza de 36 años, incurriendo de paso en un relativismo de altura. Es decir, espacio y tiempo. Ninguna novedad en la frente, por ahora.
Tengo que decir, no obstante, que del libro en cuestión han sido publicados algunos poemas, siendo los más representativos los más ligeros de peso, como salta fácilmente a la vista:
Se me pone el alma o
¿Cómo es el alma? ¿No son títulos que flotan? Los demás han sido sometidos a una primera selección, por la que quedarán separados para la eternidad, que es un absoluto temerario que tampoco tiene cabida en el postmodernismo.
Lo que sí cabe muy bien en este movimiento que nos envuelve, es una de las frases más categóricas que he encontrado en el libro. Pero no en un poema, ya que la poesía está excluida de los ámbitos de la estupidez, sino en el prólogo, que es esa guinda que viene a resultar prescindible en casi todos los libros. Dice así:
Una vez que el hombre se ha decidido a ser animal, ¿qué puede esperar de la vida sino la coz de sus semejantes? Es duro, ¿no? Sobre todo para los animales.
Os dejo un poema de los que han pasado la criba.
Con un abrazo
¿A quién le pediré que me sostenga?
¿A quién le pediré que me sostenga
si tú, que eres amor, me das de lado?
¿Adónde habrá otro hielo más helado?
¿Adónde más silencio en tanta lengua?
¿Por qué he de ser molino sin molienda,
latir de corazón no traspasado?
¿Por qué si soy farol voy apagado
y no ha de haber un rayo que me encienda?
Mi boca es oración, mi cuerpo ofrenda,
¿y no ha de haber puñal mal afilado
ni mano temblorosa que lo hienda?
¿A quién le pediré que me sostenga
si no es a ti, amor, que me has cegado
y me has dejado solo con la venda?
Mariano Estrada, www.mestrada.net Paisajes Literarios
Blog: http://paisajes.blogcindario.com