Robles
Más de una vez he hecho públicos mis pervertidos abrazos con los robles y, en general, mi identificación con los árboles. El roble siempre ha ejercido sobre mí una gran atracción, hasta el punto de que, en determinadas ocasiones y circunstancias, me he sentido roble yo mismo. En alguno de mis escritos, incluso, los he llegado a parangonar con las personas (ver texto en cursiva) Después de todo, los robles también son mortales ¿O no? Aunque a algunos les cuesta mucho morir y, si logran escamotear la depredación, el fuego o el esquilmo, cosa realmente difícil, son capaces de hacerse milenarios. Dicen que en el Bosque de Tijeo, en la Velilla de Muelas de los Caballeros (Zamora), los hay hasta de seiscientos años, pero esto no puede asegurarse a simple vista. Es verdad que a muchos de ellos se les ve maduros y talluditos, pero seiscientos años es una pequeña eternidad ¿Qué hace un joven, como yo, abrazándose a unos mortales tan viejos?
…Unos metros después del sorprendente paraguas hospitalario, se insinúa una pequeña pedriza, pero aún los robles mantienen esa tónica de frondosidad y de altos vuelos que exhiben en los entornos del arroyo. Son los robles mimados, como niños de teta y biberón, con protección de padre y de madre, con besos de los miembros de su alargada familia. Tengo hambre, mamá. Pues róete un brazo, hijo, y espera. Cobijo y alimento. Calor, savia, cariño. ¿Cariño de quién? Cariño de la cuna. Cariño de la especie. Regazo maternal, cercanía del agua. Tierra, fertilidad de la madre. Exuberancia, bocados de su boca, chorros de su pecho. Calor nutriente de carne con abrigo. Inviernos con cierta calidez, para aguantar los rigores climatológicos, el frío, la nieve, los tornados. Primaveras fértiles. Rompimientos, tallos, brotes, exultaciones de vitalidad y de alegría. Caldos de lactancia, sopas adolescentes, bocadillos de juventud. Rotundidad, vigor, robustez, alma material de la futura madera ¿Madera o carne? ¿Árbol o niño? Hoja, temblor de corazón. Vitalidad. Yema, pulsación de feto. “¿Qué tiene la primavera, de abril a mayo?” Una llama de leña y calentura, una hoguera de amor y escalofrío, un fuego eterno de luna y clorofila ¡Dios, cómo quema la savia! ¡Dios, y cómo hierve la sangre!...
El bosque de Tijeo (como representante majestuoso de los viejos bosques de Velilla), hasta ahora salvado milagrosamente de cuantos peligros lo han rodeado, debería ser objeto de muchas y serias precauciones. Es demasiado valioso como para que alguien no tenga la tentación de destruirlo.
Un abrazo
Robles de Velilla (Muelas de los Caballeros)
… A partir de aquí, robles centenarios que viven y conviven con las pedrizas. Robles maduros y robustos que, sin ser altos ni bajos, han ganado en anchura y en belleza. Formas caprichosas de los troncos, ramas que viran y reviran y que suben y que bajan. Tallos que se acercan a su origen terrenal y vuelven a ascender a su truncada vocación de eternidad celeste, si es que existe tal cosa. Quiebros súbitos, ramas entrelazadas, nudos caprichosos, matrimonios de acomodación. ¿Interés de clase, privilegios de casta, preceptos endogámicos, alguna buena herencia? No, crecimiento en libertad, naturaleza libre. Belleza derramada que el sol proyecta en el suelo, sobre las piedras, donde se han aposentado los musgos. Musgos cobertores, musgos de verde esplendoroso con la forma exacta de la irregularidad distributiva ¿Irregularidad distributiva? ¿Impuestos a la carta, fraudes de vegetación? ¿Paga más quien menos tiene? Por ahí, por ahí van exactamente los tiros. Sombras del árbol, albergues de humedad y protección avara del agua. Cabellos de las piedras, colchones muelles de ocasionales recesos de las personas ¿Nos tumbamos ahí, Rosiña? De acuerdo Roque, pero las manos quietas ¿eh?
Manchas y dibujos, cuerpos blanquecinos de troncos desollados, como los rabos de toro, Zamora, tiznes de antiguas quemaduras, protuberancias, resquebrajamientos de rayos y centellas. Oquedades, hendiduras, guaridas de alimañas, nidos de pájaros que aovan bajo el taimado acecho del cuco. El cuco es un mamón. Etimología. Significados. Mamar no es sorber, mamar no es absorber. Mamar, si no hay carne por medio, tiene un sentido metafórico. Chupar del bote ¿Quiere usted decir que el cuco es un "sorbón", un vulgar chupahuevos? Pues no. El cuco mira. El "cucomira". Él, cuco, mira. Son las serpientes las que se meriendan los huevos, algunas. Y los niños, a veces. Y los adultos también, si se trata de huevos de perdiz, que quedan a tres cuartas de la nariz, pasando por alto las aproximaciones. No es verdad, los huevos de perdiz son completamente rastreros, como las culebras y los lagartos, como las escobas y las arrobaderas, como los huevos de las gallinas, tú que sabes dónde ponen. Como los huevos de los mortales que, destinados al polvo, siempre andan rodando por la paja.
Polvo eres y en polvo te convertirás. El cuco toma los nidos en préstamo para que su hembra ponga en ellos los huevos. Pero no paga nunca el alquiler, ahí está su delito. Mamón, vago y "okupa". Profanador, consentidor. Su mujer es adúltera, porque se mete en camas ajenas, pero nada tiene que ver con la "sorbona", que es la que sorbe los huevos en realidad, o sea, la serpiente, la que tiene domicilio en París. Si no acudes a tiempo a la etimología, ¿cómo puedes saber con exactitud que
Alguien voló sobre el nido del cuco?
Robles caídos, mimetizados con los líquenes y las pedrizas. Robles grandes y majestuosos, robles medianos y pequeños, robles de cuerpos formiables y multiformes que, en la cansada pendiente de las laderas se van haciendo minúsculos chaparros, como metáfora invertida de una sociedad estratificada, en la que el bienestar ocupa capas muy bajas y en la cumbre no se puede vivir, porque ese frío de altura que no resisten los robles ¿cómo van a resistirlo las orejas? Los chaparros son pobres de solemnidad y la savia no les da para bufandas.
- Es verdad, Isidro, con respecto a la sociedad de los humanos, este hermoso bosque de robles es una pirámide invertida.
- Invertida y sugerente, Antonio, porque no sólo se trata de su
formal structure (que dice Claudio Rodríguez que dice Richards), sino también de los contenidos con los que yo he podido hacer la referida metáfora. Y Fíjate que, en el bosque, la riqueza se distribuye mejor que en la sociedad de la que nosotros somos partícipes.
- ¿Qué quieres decir exactamente?
- Que los beneficiados son muchos, que la mayoría es acomodada, que los chaparros son pocos.... Y que...
- ¿Y que qué...? ¿Qué pasa?
- Nada, que el camino se ha cansado de acompañarnos, por lo que parece -dijo Isidro, a la vez que hacía un gesto de resignación- ¿Ves aquélla raya del monte, mucho más precisa que la trazada por Cela en
Mazurca para dos muertos?
- Sí, pero espero que sea de otra índole, porque aquella era una fuente de presagios, y los presagios siempre rondan el mal.
- Claro, pero el mal, o el bien, no tienen por qué referirse exclusivamente a la ética. Para nosotros, y en este caso concreto, el bien está representado por el camino, y el mal por las dificultades que va a darnos el monte, que de hecho se llama maleza, en su conjunto.
- Ahí hay un exceso de utilitarismo –sentenció Antonio.
- ¿Y acaso no lo hubo en el mismísimo árbol de la ciencia, no lo hay aún en su concepto? Dios llamó bien a lo que le favorecía y mal a lo que le perjudicaba. Las manzanas las colgaron después, no los exégetas ni los teólogos, sino los meros encantadores de serpientes.
- Manzanas o higos, envidias o deseos, el caso es que la marcha se nos ha puesto difícil, ¿no? ¿Qué hacemos ahora?
- Por lo pronto, mira donde pones los pies, Antonio, porque el camino está completamente encharcado...
Mariano Estrada www.mestrada.net Paisajes Literarios
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Fragmento del libro
Aguablanca, caminos de ida y vuelta