Cuando yo era niño, pocas personas había en el mundo, si es que había alguna, que fueran más entrañables que mi abuelo. Luego me hice joven y el abuelo pasó a estar más en un segundo plano, pero entonces apareció Victor Manuel con el suyo que, si os acordáis, estaba sentado en el quicio de la puerta. Y no se había apagado aún el cigarro al que se aferraba aquel entrañable picador, cuando Alberto Cortéz vino a rescatar al suyo a Galicia…
Pero todo tiene su fin, como decía una canción d [...]
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