Los caminos de la inocencia
El párrafo en cursiva fue publicado como final de otro fragmento. Sin embargo, creo que es necesario para una mejor comprensión de éste.
…Heme aquí, carne atribulada, monte arriba, piedras arriba, Peñas Arriba. Hacia la cumbre, hacia el pezón redondeado y trémulo, hacia el solar mortificado de la nieve, que se derrite; del agua, que se filtra; de la fuente, que brota en la ladera para hacerse río de sangre y eternidad, río de flora esplendorosa, río de fertilidades multiplicadas, río de belleza, río de gacelas atardecidas, río de baños ateridos y venturosos, río de molinos y amaneceres blancos y crecidas y sones y cánticos y transparencias. Flora no afeitada, flora exuberante y floreciente. Río cercano y entrañable, río del alma que arrastra chorros de vida y bardomera hacia un ocaso de mar y corazones lentos, con mareas de vientre y de ternura. Río de sueños y de amor y de espumas evanescentes y populosas. Río de corrientes atropelladas y de truchas escurridizas. Río de barbos y de carrizos, que son barbas de río. Río elemental. Agua sin espasmos de contaminación, agua de abluciones purificadoras, agua de catarsis, borbotón, agua viva, agua constante, agua constantemente viva.
- ¿Te imaginas, Antonio, las épocas en que los ríos llegaban limpios al mar?
- Ya lo creo, Isidro.
- ¿Y los hombres?
- ¿Qué pasa con los hombres?
- ¿Te imaginas las épocas en que llegaban limpios al mar, que es el morir?
- ¿Quieres decir íntegros a la muerte, que es
La última costa?
- Eso digo.
- No lo sé, Isidro ¿Crees que ha habido alguna vez hombres así?
- No sólo que los ha habido, sino que aún arrastran sus pasos por el mundo, a pesar de los obstáculos y las dificultades, a pesar de los fracasos y de las humillaciones, a pesar del oro y del moro, a pesar del hambre y del mal en sus más crueles extremos. Sabato, que lo ha visto, lo dice:
El mundo nada puede contra un hombre que canta en la miseria.
- Es cierto, contra eso nada puede el mundo. Sabato es un sabio.
- Un sabio que ha vivido con dignidad, Antonio, y que está llegando limpio a la Costa de la muerte.
- Donde están los cementerios marinos...
- Donde la belleza se siente amenazada, Antonio. Porque ya no hay nada profético ni sagrado ¿No lo ves? En la sociedad se ha impuesto el mal gusto. Se persigue un hedonismo impaciente que requiere una carnaza continua e insaciable. La pendiente es supina. El declive es total. La belleza es un valor extinguido. La virginidad es incompatible con la decadencia. A la vuelta de cada esquina hay un cipote esperando para violar los pensamientos inocentes, las miradas limpias, las sonrisas luminosas. ¿Cómo hacer un cesto con estas mimbres? Costas y montañas, mares y llanuras, todo es susceptible de violación, de vejación, de perversidad y de aniquilamiento.
-
¡Quantus tremor est futurus!
- Estoy hablando en serio, Antonio
- Ya, pero a lo mejor no es para tanto, hombre
- Ojalá –concedió Isidro sin entusiasmo- De momento hemos llegado a la inflexión. La gente ya sabe que la dirección hacia la felicidad no es la del racionalismo y la máquina. Habrá que plantear de nuevo las cosas. Y compartir y crear y renunciar. Y pegarse más a la humanidad.
- ¿Bailando, por ejemplo?
- Por ejemplo. Bailando con hombres y con lobos. Pegándose a la carne con la dulzura de la miel. Besándola, abrazándola, acariciándola. Hablando y escuchando. Ofreciéndose. Deshojando los pétalos de la inocencia sobre los precipicios del corazón. Compartiendo los latidos y los temblores, los gozos y las sombras. Dando lo que tienes y recibiendo lo que te falta. Implicándose en el crecimiento de los otros para poder crecer uno mismo. Asumiendo ser lo que somos: agua y pan, sal y aire, árboles y pájaros. Gozando la grandeza de la fraternidad y aceptando, con humildad y gratitud, el destino de ser deudos de los mares y de las montañas.
- Eso suena mucho a poesía, Isidro.
- ¿Y qué es la poesía, después de todo, sino la persecución desaforada de la belleza? ¿Y qué es la belleza, sino la persecución desaforada de la felicidad?
Mariano Estrada www.mestrada.net Paisajes Literarios
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Fragmento del libro "Aguablanca, caminos de ida y vuelta"